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BOMBONERAO BARRIZAL

No nos referimos desde luego al estadio de fútbol del conocido Boca de Argentina. Se trata del también famoso estadio del barrio popular de Villavicencio, la insignia más representativa de la miseria futbolística del departamento, a pesar del esfuerzo de muchos de sus dirigentes.

20 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

No nos referimos desde luego al estadio de fútbol del conocido Boca de Argentina. Se trata del también famoso estadio del barrio popular de Villavicencio, la insignia más representativa de la miseria futbolística del departamento, a pesar del esfuerzo de muchos de sus dirigentes.

Preocupados e indignados quedamos los padres de familia que acudimos a acompañar a nuestros hijos al campeonato infantil de fútbol intercolegiado, organizado por el ente municipal. No hay derecho ni explicación racional ni deportiva, someter a los niños a las insólitas y vergonzosas condiciones de un terreno donde las piedras y el fango dejan en la piel de los infantes como las huellas de los condenados a trabajos forzados en las peores épocas.

Ni los pequeños que viven cerca y juegan allí diariamente, ni quienes los visitan deportivamente merecen tal suerte. Tampoco es aceptable la disculpa de que sus habitantes no quieren mejorar con grama y duchas el lugar, para que no desaparezca su status de popular y así poder continuar utilizándolo sin restricciones de ninguna especie.

No. A la gente, por humilde que sea debe enseñársele a nunca renunciar a dejar la pobreza. Exaltamos la actitud ejecutiva del alcalde Omar López, quien al enterarse de la situación ordenó en forma inmediata iniciar los procedimientos necesarios para dotar de las condiciones mínimas y gramado al escenario.

En Brasil pululan las canchas pequeñas y recubiertas por un sintético poco costoso, generando así incentivo y juego diario que se extiende hasta altas horas de la noche. Es la mejor receta contra el ocio improductivo, la droga, la delincuencia, etc.

Esa tarea que debe realizar el sector público, también concita a la reflexión en los colegios privados, algunos de ellos de tanta trascendencia regional, pero que en muchos años no han querido realizar el sacrificio ni el deber de dotar su institución al menos con una buena cancha de fútbol. Buen interrogante para las asociaciones de padres de familia.

*Abogado e ingeniero industrial