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LA CULPA ES DE NICARAGUA

A menos de un mes de que la Organización de Estados Americanos (OEA) entregue el informe final sobre 3.000 fusiles y 5 millones de balas que supuestamente le vendió la policía nicaraguense a la panameña, pero que terminaron en manos de las autodefensas colombianas, el gobierno de Panamá persiste en que su similar de Nicaragua tiene toda la responsabilidad en este caso.

21 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

A menos de un mes de que la Organización de Estados Americanos (OEA) entregue el informe final sobre 3.000 fusiles y 5 millones de balas que supuestamente le vendió la policía nicaraguense a la panameña, pero que terminaron en manos de las autodefensas colombianas, el gobierno de Panamá persiste en que su similar de Nicaragua tiene toda la responsabilidad en este caso.

Esa es la principal conclusión del informe entregado la semana pasada por los servicios de inteligencia de Panamá a Morris Busby, encargado de coordinar la investigación en la OEA.

...si la Policía de Nicaragua hubiera cumplido con los compromisos de la Convención Interamericana contra la Fabricación y el Tráfico Ilícito de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y otros materiales relacionados, se hubiera podido evitar la comisión del ilícito , dice el informe panameño.

Según esa convención- ratificada por Panamá y Nicaragua en 1999- , antes de enviar un arsenal, el país exportador debe asegurarse de que la nación que hace la importación ha otorgado las licencias o autorizaciones. Esto, según el informe panameño, nunca pasó.

Tal y como lo reveló EL TIEMPO en abril pasado, el 5 de noviembre del 2001, el barco panameño Otterloo desembarcó en el puerto de Turbo (Antioquia) 14 contenedores con 3.000 fusiles AK- 47 y 5 millones de balas calibre 7,62 milímetros.

El arsenal había sido vendido, aparentemente, por la Policía de Nicaragua a su homóloga panameña.

Posteriormente, las investigaciones encontraron que, en efecto, la Policía nicaraguense comercializó el material, pero que para su adquisición el supuesto intermediario entre los dos países, la empresa Girsa, utilizó documentación y firmas falsas de autoridades panameñas.

Después de zarpar de Nicaragua con las armas, el Otterloo fondeó y descargó en Turbo sus contenedores, supuestamente repletos de pelotas de juguete.

Días después, el material bélico llegó a manos de las Autodefensas, como lo reconoció a EL TIEMPO su líder Carlos Castaño. Es el mejor gol que he hecho , dijo.

Más irregularidades.

El informe que las autoridades panameñas le entregaron a Busby, que fue embajador de Estados Unidos en Colombia entre 1991 y 1994, asegura que la Policía de Panamá se enteró del tráfico de las armas el pasado 30 de enero.

Ese día, el Servicio Marítimo Nacional de Panamá se comunicó con la Policía para consultarlos sobre una información enviada por el Ejército de Nicaragua, relacionada con el embarque de armas en el barco Otterloo , que tenía dos manifiestos de aduanas: uno para Colombia y otro para Panamá.

Los investigadores panameños analizaron los documentos con que la Policía de Nicaragua soportó la venta de las armas y hallaron que la orden de compra era falsa y que la numeración correspondía a una adquisición hecha a una empresa que vende repuestos automotrices en ese país.

Además, según el informe panameño, en los documentos nicaraguenses no se refleja con exactitud cual era el convenio o contrato sobre las exportaciones realizadas por la Policía de Nicaragua .

Agrega el documento que Girsa- que siempre adujo ser representante de la Policía panameña y de la industria militar israelí inició el negocio en 1999 y que en los dos años que duraron las gestiones se presentaron varias fallas.

Por ejemplo, Girsa nunca presentó documentos de autorización de Israel para cambiar un lote de armas (pistolas Jericó y subametralladoras Uzi) por los fusiles y la munición. Además, solo presentó al final de la transacción el original de la supuesta orden de compra de la Policía panameña.

A los funcionarios de inteligencia panameña les llamó la atención que para cumplir con el contrato, la Policía de Nicaragua cambió un lote de fusiles con series por otro sin marcar del Ejército. La intención de Girsa era obtener armas más difíciles de rastrear , asegura el informe.

Efectivamente, hasta ahora ninguno de los tres países tiene rastro alguno de esas armas. Tampoco hay detenidos, pero los organismos de inteligencia colombianos están tras la pista de tres funcionarios de aduanas que serían cómplices del tráfico.

Muy pronto haremos unas capturas acá en Colombia , dijo un oficial que participa en el caso.

Por su parte, Nicaragua siempre ha afirmado que toda la transacción fue legal. Incluso, funcionarios policiales de ese país han llamado mentirosos a sus homólogos panameños.

FOTO.

Carlos Castaño, el líder de las autodefensas, reconoció una reciente entrevista con EL TIEMPO que había recibido el lote de armas que llegaron a Turbo.

Jaime García / EL TIEMPO