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MOMENTO PARA LA REFLEXIÓN

La guerra - escribió Wallace Stevens- es el fracaso periódico de la política. Si pensamos la política como el arte de vivir en comunidad, de lograr acuerdos básicos entre seres y grupos diversos para habitar un mismo lugar en una misma época, entenderemos la justicia de esta afirmación. Sólo cuando la posibilidad de pactos y de acuerdos desaparece, cuando el lenguaje ya no sirve para establecer puentes entre expectativas distintas, la guerra se convierte en el camino de un mundo que ha perdido la cohesión.

06 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La guerra - escribió Wallace Stevens- es el fracaso periódico de la política. Si pensamos la política como el arte de vivir en comunidad, de lograr acuerdos básicos entre seres y grupos diversos para habitar un mismo lugar en una misma época, entenderemos la justicia de esta afirmación. Sólo cuando la posibilidad de pactos y de acuerdos desaparece, cuando el lenguaje ya no sirve para establecer puentes entre expectativas distintas, la guerra se convierte en el camino de un mundo que ha perdido la cohesión.

La guerra no suele ser la causa sino la consecuencia de un orden social determinado, es el choque de unos intereses que no encuentran convergencia ni afinidad alguna. Cuando hay conflictos entre naciones, es imperioso y provechoso buscar puentes de diálogo y puntos de acuerdo, pero ello es aún más urgente cuando se trata de conflictos civiles entre miembros de una misma comunidad nacional. Es necesario, entonces que la política recupere su sentido.

Parte del caldo de cultivo de esta guerra es una tradición de injusticia, de desigualdad, de falta de oportunidades y de pérdida creciente de legitimidad por parte del Estado, pues en efecto, solo cuando el Estado se debilita, cuando pierde el apoyo entusiasta de las mayorías, cuando el ejercito legítimo pierde el monopolio de la fuerza, empiezan a crecer los ejércitos privados, la ley cede su trono a la fuerza arbitraria, y el terror sin argumentos quiere hacerse dueño de todo. Ello no legitima a los que creen mejorar el mundo mediante los recursos del secuestro, de los atentados, de los asaltos, de sembrar la zozobra con amenazas continuas, pero sí ayuda a entender porqué esos grupos fuera de la ley se fortalecen y se proclaman redentores de la sociedad, cuando en realidad la están formando en una pedagogía del resentimiento y de la crueldad.

Los peores males del país son la indiferencia frente al conflicto, la ignorancia de sus causas y la insensibilidad frente a sus consecuencias, y ello exige lenguajes que modifiquen actitudes y que generen alternativas y soluciones.

A ese lenguaje hoy, como su amigo que soy, comedida y respetuosamente lo conmino Sr. Gobernador, a ese lenguaje de soluciones, a ese lenguaje de proyección, a ese lenguaje de no revanchismo. Solo así usted podrá recuperar el tiempo perdido que no en vano el Dios del cielo se lo devolverá; por eso y aunque no me honré en su oportunidad de votar por usted y porque hoy estoy convencido que usted es magnánimo, coherente, pertinente y consecuente es que hoy acepté el designio de ser testigo fedatario de la protocolización de la sentencia del Consejo de Estado para que con ella reinicie, cuando sea del caso, el camino que aunque abruptamente suspendido estamos convencidos que aquí usted vino para ascender en conciencia y para trascender en la áspera brega. Boyacá entera no espera que Usted regrese como Sor Teresa de Calcuta, pero sí espera que Usted sea superior a sus detractores, pues ponerse de igual a igual es perder el liderazgo anhelado que por doquier sus coterráneos echan de menos.

* (Apartes del discurso pronunciado por el Notario Segundo de Tunja con motivo de la protocolización del regreso de Miguel A. Bermúdez a la Gobernación de Boyacá).