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LA SEGURIDAD, LA IMPUNIDAD Y EL MIEDO

En varios países, las fuerzas de seguridad aplican dos principios que parecen dar muy buenos resultados en términos de hacer caer las tasas de criminalidad y la incidencia de violencia. El primer principio, basado en una teoría que llaman de la ventana rota consiste en combatir no solamente el crimen sino las señales externas que atemorizan a la ciudadanía y que la compelen a encerrarse y no aventurarse por calles o caminos. Esta idea, originalmente fue presentada en un artículo del Atlantic Monthly en 1982 por los profesores James Q. Wilson y George Kelling. Ellos argumentaban que la gente se encierra por el temor al crimen que se suscita cuando el vecindario emite señales amenazantes- ventanas rotas, mala iluminación, graffiti, basura, vagos y borrachos, prostitución, bandas de adolescentes-, y que atacando estos síntomas se reduce el crimen, entre otras cosas, porque la gente empieza a circular por esas vías.

21 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

En varios países, las fuerzas de seguridad aplican dos principios que parecen dar muy buenos resultados en términos de hacer caer las tasas de criminalidad y la incidencia de violencia. El primer principio, basado en una teoría que llaman de la ventana rota consiste en combatir no solamente el crimen sino las señales externas que atemorizan a la ciudadanía y que la compelen a encerrarse y no aventurarse por calles o caminos. Esta idea, originalmente fue presentada en un artículo del Atlantic Monthly en 1982 por los profesores James Q. Wilson y George Kelling. Ellos argumentaban que la gente se encierra por el temor al crimen que se suscita cuando el vecindario emite señales amenazantes- ventanas rotas, mala iluminación, graffiti, basura, vagos y borrachos, prostitución, bandas de adolescentes-, y que atacando estos síntomas se reduce el crimen, entre otras cosas, porque la gente empieza a circular por esas vías.

Esas ideas han dado lugar a que se pusieran en práctica nuevas estrategias de policía que se aplicaron en Nueva York, primero en el sistema del Subway y luego en toda la ciudad, encaminadas a disminuir la vagancia y el pequeño crimen, a desterrar el vandalismo y a recuperar la infraestructura. Esto dio muy buenos resultados, como los ha tenido en Bogotá la estrategia de educación y cultura ciudadana que se basa más o menos en los mismos principios- si los buses no respetan la raya de los semáforos, toda la ciudadanía recibe la señal de que puede hacer impunemente lo que le viene en gana.

La estrategia complementaria consiste en que la policía haga presencia donde están los criminales. No por ser evidente deja esto de ser muy importante. Hasta hace poco no había en las estaciones de policía mapas epidemiológicos del crimen. Ellos indican donde hay la mayor incidencia de delitos y de violencia para dirigir a esos vecindarios la acción de la fuerza pública. En Colombia, gracias a la divulgación que le ha dado el Dr. Rodrigo Guerrero de Cali, esta práctica se aplica en algunas de las ciudades con cierta disciplina.

Sin embargo, las autoridades responsables del orden público en las zonas rurales parecen no haber oído de ninguna de estas cosas. Después de leer el magnífico artículo de Salud Hernández-Mora sobre el comercio humano en el distrito veinte de Bogotá uno se pregunta por que dejan que eso pase en la capital. En el Valle del Cauca todo el mundo sabe como encontrar a Pablo Catatumbo cuando lo necesita, o con quien mandarle la razón, menos las autoridades. Lo mismo debe suceder en Florencia, en Villavo o en el Cauca. Parece que el ejército está exactamente donde no está la guerrilla comentaba una señora en referencia al artículo de Salud. Quizás es hora de que la fuerza pública se haga presente con fuerza precisamente en las áreas de mayor actividad guerrillera y paramilitar, y que cercene de un tajo esos símbolos de la impunidad que son tan evidentes como el del comercio de secuestrados en el distrito veinte de Bogotá.

Es posible que los generales tengan sus propias teorías sobre la falta de valor estratégico de esos símbolos. Pero los símbolos son muy importantes: Si todo el mundo sabe a dónde hay que ir para encontrar a los guerrilleros y las autoridades también saben y no hacen algo, el mensaje es que están de acuerdo o que les da miedo. Por eso es que mientras haya Sanandresitos va a ser imposible acabar con el contrabando en Colombia- su existencia es la evidencia más clara de que la sociedad convive con ese crimen y lo tolera. Lo mismo sucede con el distrito veinte de Bogotá. Si existe a la vista de las autoridades, no hay probabilidad de que erradiquemos el secuestro. En cuanto a que la fuerza pública debe estar donde está la guerrilla y no en los cuarteles, en las embajadas, en las oficinas, o en desfiles, eso sí creo que no admite discusión. Urgentemente se requiere un ejército de campaña y una estrategia para recuperar territorio.