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FIAR NO ES VENDER

Sólo le fío a mayores de 90 que traigan el abuelo de fiador , es uno de los mensajes con los que Vitaliano Limas decora su minimercado y panadería el Alto del Tabor y orienta el negocio que lo acaba de convertir en el tendero líder de Fenalco.

21 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Sólo le fío a mayores de 90 que traigan el abuelo de fiador , es uno de los mensajes con los que Vitaliano Limas decora su minimercado y panadería el Alto del Tabor y orienta el negocio que lo acaba de convertir en el tendero líder de Fenalco.

El Alto del Tabor, de 60 metros cuadrados, está ubicado en el rincón de Suba, en el noroccidente de Bogotá y el nombre lo tomó el Tendero del santuario construido en homenaje a la Vírgen de Las Mercedes, en el municipio La Uvita, en Boyacá.

Contrario a lo que hacen muchos de sus colegas y competidores, Vitaliano, de 42 años, está seguro de que a los clientes, es preferible regalarles a fiarles.

Nunca fío. Una persona llega por un pan y una bolsa de leche y si no tiene con qué pagar le proporciono eso pero regalado. Lo hago una vez y no lo hago más pero si fío se acumula la deuda y el cliente puede convertirse en enemigo , explica Limas.

Estos conceptos los ha acumulado a lo largo de cuatro años de experiencia en el oficio, con largas y esclavizantes jornadas de trabajo que van desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche.

Antes de abrir las puertas de su negocio, él mismo elabora todos los productos que vende en la panadería y que aprendió a hacer con un curso intensivo en Levapan.

Cuando los clientes llegan buscando leche, pan, queso o chocolisto, el minimercado está impecable y cerca de 300 productos están perfectamente acomodados en una estantería de sólo 10 centímetros de ancho por cuatro metros cuadrados.

Esa habilidad para aprovechar el mínimo espacio al máximo, la obtuvo después de trabajar 22 años como jefe de bodega de Colsubsidio, entidad de donde salió amistosamente por recorte de personal.

Antes de dejar de ser empleado, Limas tenía claro que quería seguir trabajando duro y que su meta era montar un minimercado en el primer piso de su casa.

Para comenzar, invirtió cinco millones de pesos de su liquidación y después de amargas experiencias con los banqueros, decidió que si necesitaba créditos, recurriría a particulares o a recursos propios. Esa es otra de las razones por las que tampoco fía. Uno mismo corre los clientes con fiarles, usted fía y el cliente no vuelve por no pagar , dice.

Esta misma filosofía la siguen al pie de la letra los tres empleados de tiempo completo, sus dos hijos Iván Alonso, de 14 años y Sandra Paola, 12 y su esposa Julia, quienes le ayudan a ratos a atender el negocio.

Para compensar, la falta de fiao , Limas dice que trabaja con precios competitivos, pues según él,b no usco llenarme de plata .

Sin dejar de trabajar, ni dormirse en los laureles, el tendero líder no fía pero confía en que en el futuro podrá montar una cadena de panaderías porque le gusta ver crecer las ventas y mantenerse ocupado.