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Y DE LA REACTIVACIÓN QUÉ

Hace unos meses, los pronósticos indicaban que la economía colombiana crecería este año entre 1,5 y 2,0 por ciento, cifra a todas luces insuficiente para hablar de que se ha entrado en una senda de recuperación que permita recuperar tasas de antes de la crisis iniciada en 1998, pero que el país necesita urgentemente. Ahora, nos atrevemos a pensar que esos cálculos son demasiados optimistas.

21 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Hace unos meses, los pronósticos indicaban que la economía colombiana crecería este año entre 1,5 y 2,0 por ciento, cifra a todas luces insuficiente para hablar de que se ha entrado en una senda de recuperación que permita recuperar tasas de antes de la crisis iniciada en 1998, pero que el país necesita urgentemente. Ahora, nos atrevemos a pensar que esos cálculos son demasiados optimistas.

En los meses de abril y mayo pasados la economía mostró señales de alguna mejoría en particular en la industria, el comercio y la construcción. Y cuando paradójicamente el triunfo arrollador de Uribe parecía ser un multiplicador de esa tendencia todo parece indicar que se revirtió a partir de junio y aunque hay explicaciones válidas procedentes del exterior no todo es un asunto exógeno.

Los colombianos y su sector productivo están siendo amenazados con que serán objeto de todo tipo de cargas tributarias dentro de las cuales el 1,2 por ciento sobre los patrimonios es solo una, aumento de tarifas de servicios públicos varias veces por encima de la tasa de inflación, incremento de la sobretasa a la gasolina y eliminación del subsidio al combustible, nuevos peajes y aumento de cotizaciones de todo tipo, entre otras. Esto no es sano para alcanzar un mejor clima de las negocios en un economía ya afectada por la incertidumbre del terrorismo y el acaso guerrillero.

Pero lo más paradójico es que quienes están haciendo pregón de la crisis, solo están hablando de una cara de la moneda: cómo obtener recursos para financiar el Estado, lo cual no está en discusión y que en muchos casos lo hemos destacado, si no se mira la otra parte: las fuentes reales que deben generar esos dineros. La paradoja está en que en el fondo están planteando una transferencia de recursos del mercado, que se supone defienden, a una economía administrada por el Estado.

Nadie en el país está hablando de la reactivación de la economía como primera fuente de crecimiento de la riqueza y por ese camino de la generación de empleo y la demanda. Si eso se diera, el Estado podría obtener mayor ingresos porque el tamaño de la economía sería más grande. Lo otro es seguir en el modelo de adoptar reformar tributarias con un efecto fiscal de muy corto plazo y luego volver una caída en los recaudos porque la economía no responde. En otras palabras, la solución no está solo atacar el necesario frente fiscal, sino buscar que la economía sea más próspera.

Que bueno sería que así como se sabe casi con exactitud de las millonadas que se necesitan para atender los distintos frentes también se estuviera hablando en forma simultánea de lo que se espera en materia de crecimiento económico, así solo fuera para generar una esperanza similar a la de los monjes que predican que para alcanzar el paraíso hay que sufrir y aguantar en este mundo.