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TERCERA EDAD, POR LO ALTO:

26 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

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La semana pasada la tercera edad estuvo in, como dicen los muchachos. De ella se habló mucho a raíz de la reforma pensional. Pero, además, en Bogotá, la administración de un edificio, en un equívoco ejercicio de la ley, tenía obligados a dos sexagenarios a subir y bajar escaleras. Desde hacía cuatro años a Edgar Eraso y su esposa, Berenice Guerrero, les estaba prohibido usar el ascensor por un elevado monto de administración que deben. El administrador no se respaldó en las vías legales, sino en las vías empinadas de las escaleras, quizás pensando en que al menos pagaran con sudor. Les estaba cerrando no solo las puertas del elevador, sino de los derechos ciudadanos. Muy bien obró la Corte Constitucional al fallar, en justicia, una tutela a favor de los esposos Eraso, que ya pueden respirar un poco más tranquilos desde el sexto piso.

Por otro lado, la alemana, Angie Hiesl, en una extraña manera de hacer arte, como expresando que a los mayores se los mira hacia arriba, o que ellos siempre tienen su vista puesta sobre nosotros, puso a varios en sillas blancas a seis metros de altura, en fachadas del centro de Bogotá. Ellos realizaron oficios cotidianos y, tranquilos, miraron pasar, no solo el tiempo, sino a los transeúntes. Fue una muestra original, ingeniosa, que hace reflexionar, pues a todos nos espera una silla en un simbólico balcón.