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ANTE UN NUEVO DESAFÍO

Antes que nada, aclaremos el concepto salvar nuestro planeta . No es necesario salvar la Tierra. Lo que sí debemos salvar y lo que hasta ahora venimos destruyendo notoriamente es la Tierra tal como la conocemos, con su frágil balance de clima, aire, agua y biomasa. En definitiva, lo que se trata aquí es de que nos salvemos nosotros y aunque todavía estamos a tiempo, no será nada fácil.

25 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Antes que nada, aclaremos el concepto "salvar nuestro planeta". No es necesario salvar la Tierra. Lo que sí debemos salvar y lo que hasta ahora venimos destruyendo notoriamente es la Tierra tal como la conocemos, con su frágil balance de clima, aire, agua y biomasa. En definitiva, lo que se trata aquí es de que nos salvemos nosotros y aunque todavía estamos a tiempo, no será nada fácil.

La última vez que los principales líderes del mundo se reunieron para hablar del deterioro del medio ambiente fue en la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de Janeiro. La próxima semana, 10 años después de aquel encuentro, se reunirán en Johannesburgo presidentes y primeros ministros en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible para analizar de nuevo la situación del planeta y estudiar medidas para el futuro. Las cosas no han cambiado mucho desde entonces: el aire está igualmente contaminado en numerosos lugares, los océanos siguen en peligro, y la mayoría de los tratados pensados para hacer algo al respecto no han sido todavía ratificados o implementados.

Sin embargo, ahora somos un poco más astutos que en Río. Si algo aprendimos de los comienzos en falso, es que ya no podemos ver contemplar la tarea de limpiar el mundo como un juego en el que se enfrentan el progreso industrial y la salud del planeta. De hecho, puede que nos salve el desarrollo planificado, bien ejecutado y sostenido antes de que sea demasiado tarde.

Mientras los representantes de cada país van llegando a Johannesburgo, TIME se hace una idea de como podría ser el nuevo siglo, el siglo ecológico. En este informe especial, analizamos varios caminos hacia un futuro más saludable, con industrias, arquitectura, transportes y hasta maneras ecológicas de preservar la vida salvaje. Todas estas alternativas ya han sido exploradas, pero su implementación no ha sido nunca tan apremiante como ahora. Lo que da nueva credibilidad a estos esfuerzos es la esperanza del desarrollo sostenible, un concepto que puede ser difícil de implementar pero muy fácil de entender.

De los recursos de este pequeño planeta dependen 6.100 millones de personas. Y nos estamos dando cuenta de que no hacemos más que retirar fondos de una cuenta con un saldo limitado. Las cosechas, los animales y la demás biomateria que extraemos de la tierra cada año supera en un 20 por ciento aproximadamente la capacidad de reciclaje del planeta. Este despilfarro es catastrófico: tardamos 14,4 meses en recuperar lo que usamos durante 12 meses.

El desarrollo sostenible procura revertir esa tendencia, ampliar la base de recursos y adecuar nuestro uso para que podamos vivir de intereses biológicos sin gastar el capital. "El viejo movimiento ecológico tiene la reputación de ser elitista", dice Mark Malloch Brown, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). "En la actualidad la clave está en poner a la gente primero y al medio ambiente después, pero también recordar que cuando se agotan los recursos se están destruyendo personas". Teniendo esto en cuenta, los representantes de cada país tendrán que abordar una serie de temas difíciles que afectan tanto a la gente como al medio ambiente. Entre ellos:.

Población y salud.

Aunque aumente el número de habitantes en la Tierra, especialmente en los países en desarrollo de Asia, la buena noticia es que está descendiendo la tasa de crecimiento. La población mundial aumentó un 48 por ciento entre 1975 y 2000, frente a un 64 por ciento entre 1950 y 1975. Se espera que continúe la desaceleración gradual, y que a mediados de siglo la población se estabilice en los 11.000 millones. El desarrollo económico y los programas de planificación familiar contribuyeron a reducir la avalancha de personas, aunque en algunos lugares el crecimiento demográfico disminuye por una serie acontecimientos trágicos.

En las regiones más pobres del planeta, en particular en Africa, las enfermedades infecciosas como el sida, la malaria, el cólera y la tuberculosis afectan a la población a escala malthusiana. La degradación de las tierras cultivables expulsa a la gente hacia las ciudades, donde el hacinamiento y la contaminación son caldos de cultivo ideales para las enfermedades. Se espera que hacia el 2020 mueran de sida al menos 68 millones de personas, incluyendo 55 millones en el Africa Subsahariana. Aunque cualquier factor que disminuya las presiones del exceso de población puede ayudar al medio ambiente, la situación sería mucho menos trágica si las naciones ricas ayudaran al mundo en desarrollo a reducir su crecimiento demográfico y disminuir la propagación de enfermedades.

Los esfuerzos para difundir el acceso a la planificación familiar y el cuidado de la salud han resultado efectivos. Aunque las mujeres de los países más pobres siguen siendo las que tienen más hijos, su fertilidad colectiva es un 50 por ciento más baja que en 1969 y se espera que continúe esta tendencia hasta el 2050. Entre los programas dedicados a las mujeres, algunos ofrecen educación básica y capacitación laboral. Las madres que reciben educación no sólo tienen una herramienta básica para salir de la pobreza, sino que a menudo deciden tener menos bebés.

El desarrollo rápido requerirá un buen sistema de salud para los jóvenes, ya que hay más de 1.000 millones de personas que tienen entre 15 y 24 años. Si se implementan programas para mantener a este segmento de la población en buen estado de salud, podría llegar a ser la generación más productiva de la historia. Thoraya Obaid, directora ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas, señala: "Es una oportunidad para desarrollar la economía y prepararnos para el futuro".

Alimentos.

Aunque sea difícil de imaginar para los occidentales habituados a la abundancia de comida, cerca de un tercio del mundo corre riesgo de morir de hambre: 2.000 millones de personas no tienen un acceso garantizado a una comida nutritiva, y 800 millones de ellos incluyendo 300 millones de niños sufren de malnutrición crónica.

Las políticas agrícolas implementadas en la actualidad definen la noción misma de crecimiento sostenido. Sólo 15 cultivos industriales para la venta inmediata como maíz, trigo y arroz proporcionan el 90 por ciento del alimento mundial, pero plantar y volver a plantar lo mismo agota los recursos del terreno y los vuelve más vulnerables a las pestes. Las técnicas agrícolas agresivas de cosecha y siembra y el uso excesivo de pesticidas degrada la tierra aún más.

Resolver el problema es difícil, en gran medida por el agrio debate sobre la manera en que debe hacerse. Los devotos de la biotecnología dicen que la solución es modificar genéticamente los granos para mejorar su crecimiento y contenido vitamínico. A los ambientalistas les preocupa que estos genes puedan causar engendros del tipo Franskenstein. Sin embargo, ambos bandos podrían hacer contribuciones útiles.

Las mejoras en la rotación e irrigación de los campos de cultivo pueden proteger a la tierra del agotamiento y la erosión. Los métodos tradicionales para los injertos de plantas pueden producir híbridos más robustos y resistentes a las pestes. Pero el mundo necesita tomar medidas urgentes, y la ingeniería genética debe hacer su aporte siempre y cuando produzca siembras adecuadas. La creación de estos híbridos depende cada vez menos de las grandes firmas de biotecnología y cada vez más de grupos locales que conocen mejor que nadie las necesidades de los consumidores locales.

La Organización Nacional de Investigación de Agricultura de Uganda ha desarrollado variedades de maíz más resistentes a las enfermedades y capaces de prosperar en terrenos pobres en nitrógeno. Los agrónomos de Kenia están desarrollando una variedad de patata dulce que repele los virus. También se están preparando tipos de sorgo y yuca resistentes a sequías, que resisten a las enfermedades y tienen un alto contenido vitamínico. Este tipo de cosecha, poco habitual en Occidente, es fundamental en otras partes del mundo.

La clave, según explica el economista Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, no consiste en que Occidente dicte políticas alimentarias, sino que contribuya al desarrollo de infraestructuras de bio-tecnología en los países en desarrollo para que puedan producir lo que más necesitan. "No podemos pensar que nuestras tecnologías van a salvar la vida al pueblo de Malawi", dice. "Necesitan sus propias variedades mejoradas de sorgo y mijo, no nuestras variedades genéticas mejoradas de trigo y soja".

Agua.

Para ser un mundo cubierto de agua en un 70 por ciento, todo se está secando. Sólo un 2,5 por ciento del agua es dulce, y sólo una fracción de ella es accesible. Pero cada uno de nosotros necesitamos al día unos 50 litros de agua para beber, bañarnos, cocinar y otras necesidades básicas. En la actualidad, 1.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable limpia y más de 2.400 millones no tienen un sistema sanitario adecuado. "A menos que tomemos medidas inmediatas y decisivas", dice el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, "hacia el 2025 dos tercios de la población mundial podrá estar viviendo en países con una grave carestía de agua".

La solución es usar el agua con inteligencia. La agricultura consume unos dos tercios del agua potable consumida. Por este motivo, se ha preparado para la reunión cumbre una propuesta que aboga por "más cosechas por gota". Para desarrollar este proyecto es preciso crear técnicas de riego más eficientes, plantar variedades que toleren sequías, excesos de sal y escasez de agua, e implementar un mejor seguimiento de las condiciones de crecimiento, tales como niveles de humedad del terreno. También ayudaría mejorar los sistemas de distribución de agua, reduciendo la cantidad que se pierde hasta que llega al usuario.

Un programa que está cobrando más y más adeptos se llama WASH (siglas en inglés de Agua, Sanidad e Higiene para Todos). Este esfuerzo global se propone suministrar servicios de agua y educación sanitaria a quienes carezcan de ellos antes del 2015. La ONU, los gobiernos de 28 países y muchas organizaciones no gubernamentales ya lo han suscrito.

Energía y clima.

En Estados Unidos, la gente piensa que la electrificación de las zonas rurales es un viejo legado del antiguo New Deal, allá por los años 30. En muchos lugares del mundo aún no ha ocurrido. Alrededor de 2.500 millones de personas no tienen acceso a los servicios energéticos modernos, y se espera que la demanda de energía de las economías en desarrollo crezca un 2,5 por ciento por año.

Pero si se satisfacen esas demandas quemando combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas, se liberará más y más dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera. Y eso, según nos cuentan los científicos, acelera el recalentamiento global, lo que podría ocasionar que suba el nivel del mar, las tormentas sean más violentas, y se produzcan graves sequías y otras perturbaciones climáticas.

La preocupación más importante a corto plazo es el alto grado de contaminación que provoca el consumo de madera y combustibles fósiles en muchos lugares. Un nuevo informe del Programa del Medioambiente de la ONU advierte sobre los efectos de una nube que se extiende por todo el sur de Asia. La llamada "nube asiática marrón", con un espesor de unos 3 kilómetros, puede ser la causante de cientos de miles de muertes al año provocadas por enfermedades respiratorias.

La mejor manera de satisfacer las demandas de energía del mundo es desarrollando recursos más baratos y limpios. Un grupo de propuestas anteriores a Johannesburgo abogan por la eliminación de los sistemas tributarios y presupuestarios que favorecen el uso de petróleo, sustituyéndolos con políticas que incentivan el uso de energía alternativa. En la India ha habido un rápido incremento en el uso de la energía eólica porque el Gobierno les simplificó a los empresarios el acceso a la tecnología necesaria y luego exigió a la red de energía eléctrica del país que comprara la electricidad producida por el viento.

Otras tecnologías pueden hacer sus pequeños milagros. Ya hay en funcionamiento microplantas de energía hidroeléctrica en muchas naciones, entre ellas Kenia, Sri Lanka y Nepal. Los sistemas desvían agua de arroyos y ríos y la utilizan para impulsar turbinas sin necesidad de diques complejos ni embalses. Cada planta puede producir hasta 200 kilowatios suficiente para que tengan suministro eléctrico entre 200 y 500 hogares y negocios y durar 20 años. Una planta de Kenia fue construida para los 200 habitantes de un pueblo, y todos ellos tienen acciones en la cooperativa que vende la energía.

La Sociedad para la Energía de la Aldea Global, en la que participa el Banco Mundial, el PNUD y varios organismos filantrópicos quiere, en un plazo de 10 años, suministrar energía a 300 millones de personas, escuelas, hospitales y clínicas de 50.000 comunidades en todo el mundo. La clave será encontrar la energía más adecuada para los usuarios. Por ejemplo, los paneles solares que convierten la luz del sol en electricidad pueden ser de bajo costo para zonas remotas, mientras que incrementar el tendido de la red eléctrica tal vez sea mejor en las ciudades del Tercer Mundo.

Biodiversidad.

Se sabe que hay más de 11.000 especies de animales y plantas en peligro de extinción, se espera que en los próximos 30 años desaparezca un tercio de todos los arrecifes de coral, y cada año se talan alrededor de 36 millones de acres de bosques. En su nuevo libro The Future of Life (El futuro de la vida), el biólogo de Harvard Edward O. Wilson dice que si no cambiamos nuestras tendencias actuales a finales de este siglo, podrían desaparecer la mitad de las especies.

El daño que se está produciendo no es meramente estético. Muchas especies proporcionan a los seres humanos tanto alimentos como medicinas. Es más, una vez que se produce un daño en en cada fragmento del ecosistema se altera el equilibrio existente, resultando afectadas zonas que no se pretendía dañar. Los ambientalistas vienen diciendo esto durante décadas, y ahora muchos comienzan a estudiar seriamente el asunto. Están logrando moderar el absolutismo ecológico con un realismo desarrollista.

La Iniciativa de Ecuador, un organismo mixto público-privado, difunde ejemplos de desarrollo sostenido en el círculo ecuatorial. Entre los proyectos citados hay uno que procura recuperar la población ictícola marina en Fiji y otro que incentiva la apicultura como fuente suplementaria de ingresos para la Kenia rural. El Global Conservation Trust (Fondo para la Conservación Mundial) quiere reunir 260 millones de dólares para conservar material genético de plantas que se utilizará luego en programas de agricultura locales. "Cuando se mira al desarrollo sostenible con una perspectiva ambiental, todos los probemas son globales", dice Malloch Brown, de las Naciones Unidas. "Pero desde el punto de vista del desarrollo, la lucha está sólo en el frente local, y nada más".

Si ése es el mensaje que los ambientalistas y la industria quieren dar, al parecer están haciendo un buen trabajo. Cada vez más organizaciones locales actúan independientemente de lo que decidan los cuerpos políticos mundiales. El gobernador de California Gray Davis firmó el mes pasado una ley que obliga a la industria automotriz a reducir las emisiones de carbono de sus modelos hacia el 2009. Muchos países también están tomando medidas. Chile incentiva el uso sostenible de agua y electricidad; Japón ofrece incentivos financieros a consumidores que compren automóviles que respeten la ecología; y las pequeñas Islas Mauricio promueve el uso de células solares y sanciona el uso de plásticos y productos desechables.

Ahora las empresas también están prestando atención al cuidado del medio ambiente. El Centro para el Liderazgo Ambiental en los Negocios, con sede en Washington, está trabajando con gigantes de la industria automotriz y del petróleo, entre ellos Ford, Chevron, Texaco y Shell, para idear normas que incorporen la conservación de la biodiversidad a la exploración del petróleo y el gas. Y el centro ha ayudado a la cadena de cafeterías Starbucks a desarrollar un régimen de compras que premie a los productores del café cuyos métodos de elaboración perjudiquen menos al medioambiente. Nitin Desai, secretario general de la cumbre de Johannesburgo, explica: "Esperamos que las colaboraciones entre gobiernos, empresas, organizaciones filantrópicas y no gubernamentales aumentará la credibilidad del compromiso para el desarrollo sostenible".

Qué ocurrirá con todo esto? En 1992 las importantes medidas globales de la cumbre de Río parecían dar respuesta a lo que entonces aquejaba al mundo. En 2002 esa enfermedad es, en muchos sentidos, peor. Pero mientras el objetivo de Río era atacar la enfermedad de la degradación ambiental, el de Johannesburgo parece ser más sutil y tal vez más acertado: tratar al paciente poco a poco, hasta que el planeta esté totalmente curado.