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CHOQUE DE TRENES

El Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes organizó recientemente un foro para analizar la crisis que actualmente sufre la sociedad colombiana.

25 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

El Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes organizó recientemente un foro para analizar la crisis que actualmente sufre la sociedad colombiana.

Su punto de partida fue que ella es más que un conflicto armado y que su solución requiere más que un proceso de paz. Aunque la urgencia de resolver el conflicto desplaza otras dimensiones del problema, un horizonte más amplio de comprensión de la crisis permitiría considerar, en su origen y desarrollo, los efectos históricos de la formación de nuestras instituciones políticas y económicas, las transformaciones que han experimentado la cultura y la sociedad en las últimas décadas, y el impacto de la globalización.

La crisis que el país ha sufrido en los últimos diez años es resultado de la confluencia de tendencias de desintegración política y social. Las primeras se expresan en la violencia, la cual es manifestación de un Estado aún en proceso de formación, con una limitada capacidad para regular las relaciones sociales, institucionalizar los conflictos, integrar el territorio nacional y distribuir los recursos sociales. En segundo lugar, en la exacerbación del clientelismo y la persistencia de formas tradicionales de relación social, que dificultan el tránsito de un comportamiento guiado por lealtades e inclinaciones personales, a un comportamiento prescrito por normas generales e impersonales.

Por su parte, la crisis de integración social se expresa, en primer lugar, en el proceso de secularización que ha experimentado la sociedad colombiana desde la década de los sesenta, lo cual ha implicado el tránsito de una moral religiosa a una ética civil que aún está por construir. En segundo lugar, en la fragilidad del tejido social y en la degradación de las formas con que los actores sociales asumen el conflicto, la diversidad y el desacuerdo. Y por último, en la imposibilidad de la clase dirigente para elaborar y pactar un proyecto de sociedad lo suficientemente amplio como para articular los diversos intereses sociales.

Esta doble crisis de integración se ha agravado por la confrontación entre dos proyectos de sociedad: el que surge de la Constitución de 1991 y el que surge del modelo económico neoliberal. Mientras el primero fue impulsado por fuerzas progresistas en la Constituyente, el segundo ha sido impulsado por las fuerzas de la globalización y por una nueva elite tecnocrática doméstica. Estos dos proyectos han avanzado paralelamente desde 1991, y ninguno ha logrado el suficiente consenso para imponerse. En la euforia inicial de democratización que causó la Constituyente, la sociedad no se dio cuenta de que entre estos dos proyectos había grandes contradicciones, que desembocaron en los llamadoschoques de trenesi , y en la confrontación entre la Corte Constitucional y las entidades estatales encargadas del manejo de la política económica. Lo que ello revela es la imposibilidad lograr un acuerdo sobre los fundamentos del orden social y los criterios para la distribución de los recursos sociales.

Modernización sin modernidad.

El modelo neoliberal ha propendido por el desarrollo de una lógica de mercado en la asignación de los recursos y por la inserción de la economía en el mercado mundial, todo ello apuntalado por los imperativos del proceso de globalización, que ha implicado una disminución de la soberanía y la autonomía del Estado en favor de los organismos supranacionales de regulación. Sin embargo, dicho modelo agudiza la fragmentación social al introducir mecanismos de mercado en una sociedad como la colombiana, caracterizada por una falta de integración del territorio, lo que a su vez no ha permitido constituir plenamente un mercado nacional, y por fuertes tendencias de exclusión social que no han permitido la plena constitución de los actores sociales como consumidores y ciudadanos.

El modelo económico también ha generado una división de las elites económicas y tiene un carácter excluyente debido, entre otras cosas, a la reducción del gasto público social, de subsidios estatales y a la generación de desempleo.

Estos elementos limitan las posibilidades de las elites para hacer alianzas entre sí y con otros sectores sociales, a fin de construir democráticamente unas nuevas reglas de juego que regulen las relaciones sociales. Lo anterior agrava la vieja división de la clase dirigente, que desde los sesenta se había fragmentado en una elite política y una económica con intereses contrapuestos. Ello, a su vez, indujo una fragmentación de las instituciones del Estado: mientras la elite política se expresa a través del Congreso y de las instituciones no técnicas, la elite económica los hace a través de las instituciones técnicas responsables del diseño de la política económica.

En conclusión, en Colombia, en la década pasada, todos los factores anteriormente mencionados confluyeron para producir un proceso inconcluso de modernización sin modernidad cuya expresión es una actitud ambigua de la sociedad respecto de la democracia, un desfase entre la política, la economía, la ética y la cultura y una relativa y muy parcial integración social, que genera, en sí misma, las condiciones sociales para su propio desmoronamiento. Si los colombianos queremos salir de esta crisis, tendremos que llegar a un consenso sobre un proyecto de sociedad más amplio e incluyente.

- Muchos colombianos están fuera de la integración social moderna (Foto: Jesús Abad)