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EL LENTE DE LA HISTORIA

La fotografía se ha convertido en el medio creativo y expresivo de más amplia aceptación en estos primeros años del siglo XXI.

25 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La fotografía se ha convertido en el medio creativo y expresivo de más amplia aceptación en estos primeros años del siglo XXI.

Pero hay muchas maneras de apreciar una fotografía, razón por la cual los conocedores han tendido a diferenciar, sin mucho éxito, la fotografía artística de la fotografía testimonial. Sin mucho éxito, digo, porque existen fotógrafos como Jesús Abad Colorado que, a pesar de hacer registros documentales, han alcanzado tal calidad, tan profundos contenidos y tan aguda expresión en sus registros, que sus obras pueden no solo apreciarse como arte, sino citarse entre las más pertinentes y de más hondos alcances entre las que se producen actualmente en el país.

Abad Colorado ha trabajado sobre diversos temas, pero para efectos de esta nota es un fotógrafo de guerra, o mejor, el fotógrafo del conflicto armado en Colombia. Por su contenido y sus intenciones, sin embargo, su trabajo es fundamentalmente de paz. Su obra tiene la virtud de transmitir el horror de la violencia y el insondable dolor de quienes la padecen, a través de unas imágenes entre patéticas y poéticas, entre conmovedoras y apocalípticas, las cuales transportan al observador a la escena misma de los acontecimientos al tiempo que lo hacen penetrar en territorios o acontecimientos no necesariamente explícitos en las imágenes.

A diferencia de otros artistas cuyas obras también versan sobre la violencia que se vive en Colombia, Abad Colorado trabaja in situ y no desde la seguridad de un apartamento en Bogotá o Nueva York, lo que les aporta a sus registros un componente extra y definitivo para su logro: el coraje. A este respecto cabe recordar la sentencia de Robert Capa (considerado el mejor fotógrafo de la Segunda Guerra Mundial): Si sus trabajos no son suficientemente buenos es porque usted no se ha acercado suficientemente a sus temas .

Su obra informa, pero además inspira y expresa sentimientos personales que la separan de la simplificación y el sensacionalismo que tiende a caracterizar a la reportería gráfica. Se trata de registros directos, sin esteticismos ni eufemismos y en ellos se hace perceptible una recia ética a través del respeto con que se aproxima a las situaciones y la dignidad que les confiere a los protagonistas. Su intuición para adivinar el momento más elocuente y su habilidad para el contraste y los encuadres son admirables, como lo son la ternura y compasión que traslucen sus imágenes, pudiendo afirmarse que su fotografía es el resultado de una operación en la que participan por igual el cerebro, el ojo y el corazón.