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EL HUMOR EN LOS TIEMPOS DE URIBE

Horacio Serpa y sus seguidores no fueron los únicos que sufrieron un revés cuando Alvaro Uribe Vélez llegó a la presidencia. Los humoristas políticos también se vieron en aprietos. Preparados para seguir riéndose del bigote, el falsete y los mamolas del ex candidato presidencial, tuvieron que cambiar sobre la marcha y medírsele al reto de satirizar a un presidente que elevó la seriedad al rango de máxima virtud.

25 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Horacio Serpa y sus seguidores no fueron los únicos que sufrieron un revés cuando Alvaro Uribe Vélez llegó a la presidencia. Los humoristas políticos también se vieron en aprietos. Preparados para seguir riéndose del bigote, el falsete y los mamolas del ex candidato presidencial, tuvieron que cambiar sobre la marcha y medírsele al reto de satirizar a un presidente que elevó la seriedad al rango de máxima virtud.

Esa formalidad excesiva es un desafío. Un cambio de gobierno es el momento preciso para afilar el humor y el escepticismo , dice el caricaturista Jairo Barragán, más conocido como Naide . Su colega, Chócolo , Harold Trujillo, lo apoya: El tiempo de Uribe va a ser el de los humoristas, porque la polarización y los problemas se están agudizando. El gobierno va a ser templado porque van a explotar muchos negocios turbios y muchas más bombas. Ahí es donde estamos pendientes, como críticos que somos .

Por ahora, humoristas gráficos se sacan un ojo tratando de lograr la caricatura perfecta de Uribe. Chócolo aún no publica muchos monos del presidente porque no está contento con su dibujo. José María López, Pepón , dice que apenas empieza a sentirse cerca del Uribe que quiere lograr. Se quejan de sus rasgos, tan suaves que son difíciles de llevar al papel. Y encima -agrega Pepón -, nombró un gabinete lleno de mujeres. Ojalá que el ritmo al que las tiene las aleje un poco de la peluquería y muestren un aspecto más caricaturizable . Pero no se da por vencido, habla de las facciones del mandatario con la autoridad de quien lleva horas estudiándolo:.

Al principio, todos nos prendimos del pelo y las gafitas -cuenta-. Ya encontré el óvalo de la cara. Uribe tiene un brillo en los ojos que ahora me queda mejor si hago solo una pepita y las pestañas abajo; no como antes, cuando le hacía párpados... Después de hallar los rasgos, hay que ver cómo sintetizarlos. Ahí comienza la creación del personaje, con todo su mundo alrededor .

Los imitadores también se vieron en aprietos. Crisanto Vargas, Vargas Vil , admite haberle hecho fuerza, alguna vez, al candidato que imitaba mejor. En las elecciones, tenía listo y ensayado su personaje de Horacio Serpa. Con el revés de las encuestas, tuvo que correr a medirse pelucas y a mirarse al espejo buscando cómo sacar de sus rasgos un Alvaro Uribe. La preparación ha tardado tanto que, aunque su personaje aparece en el espacio de La banda francotiradores, de RCN, dice que no le tiene aún la peluca adecuada (provisionalmente se pone la que usó cuando César Gaviria), y el ortodoncista aún no le ha terminado las placas dentales. Ya tengo los ojos! -cuenta- Busqué la óptica de él para que me dieran unos lentes igualitos .

Todos coinciden en que los únicos regalos que el gobierno les dio a los humoristas son el ministro Fernando Londoño Hoyos y el vicepresidente Francisco Santos. Las ministras comparten con Uribe la suavidad de sus rasgos y, hasta en las voces, resultan difíciles de imitar. Así lo explica Alexandra Montoya, encargada de las parodias femeninas en el programa radial La luciérnaga:.

Hay seis mujeres en este gobierno -cuenta Montoya- y, la que me queda más fácil es María Consuelo Araújo, la ministra de Cultura, por su acento costeño. Las otras tienen voces muy neutras. Para prepararlas, me sirvo de todo: desde analizar cómo caminan, cómo mueven la boca y cómo sonríen. Esos detalles son el vestidito para la voz. Con Lina Moreno, la primera dama, no me demoré mucho, me dieron un casete con su voz, lo escuché y en una semana, ya la tenía .

Naide , explica que el personaje no resulta cómico en la parte gráfica y ahí lo que más cuenta es el concepto dado por el caricaturista, lo que el personaje es o hace .

No hay chistes.

La austeridad del Gobierno también llega a los chistes. Pedro González, más conocido como Don Jediondo no tiene presente ninguno sobre Uribe. Pide que lo dejen pensarlo para más tarde, por si se le ocurre alguno. Lo único que me ha sonado a chiste se lo escuché a Guillermo Díaz Salamanca, cuando dijo que en lugar de pacificar el país, Uribe va a paisificar el país .

Por su parte, La Nena Jiménez niega haber oído chiste alguno y no se extraña. Hay que darle tiempo. Con Pastrana, los chistes comenzaron como al año. Porque se debe observar primero qué piensa la gente. Cuando se hace humor, uno se debe al público y si el público odia a un presidente, quiere reírse de él. Mientras este presidente sea bueno y la gente lo quiera, métase en la cabeza que no le van a hacer ningún chiste.

Los humoristas están de acuerdo en que hay que esperar a que la gente se familiarice con la imagen del presidente y sus ministros y, después, con sus caricaturas. Es el lapso que necesitan los humoristas para hacer sus propios ajustes, evitar la tentación de pintarle a Uribe un carriel paisa en lugar de banda presidencial, cosa que ya se usó con Belisario, y encontrar un rasgo que sintetice el estilo de su gobierno.

Estos primeros días han sido tan intensos -concluye Pepón - que me da la sensación de que ha habido más noticias que protagonistas. Lo que puede ser un nuevo desafío de este Gobierno para los caricaturistas: porque habrá que ingeniárselas para dibujar a la red de informantes o a la conmoción interior .

FOTO/Mauricio Moreno EL TIEMPO.

Pepón , con su versión más lograda de Alvaro Uribe, hasta ahora.

FOTO.

1- El presidente Uribe, según Naide .

2- Vargas Vil , en su caracterización de Uribe.