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LA ÚLTIMA PESADILLA DE ABU NIDAL

Dos reglas de oro conducían la vida de Abu Nidal: no contestar jamás un teléfono, pues podía ser víctima de un aparato con un explosivo oculto, y no beber nunca eso que le ofrecieran.

25 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Dos reglas de oro conducían la vida de Abu Nidal: no contestar jamás un teléfono, pues podía ser víctima de un aparato con un explosivo oculto, y no beber nunca eso que le ofrecieran.

Abu Nidal sospechaba incluso de que su mujer era agente de la CIA , bromeó alguna vez el ahora presidente palestino, Yasser Arafat.

Esa marcada paranoia lo mantuvo vivo 65 años, tiempo suficiente para dirigir una organización a la que se le atribuyen cerca de 90 atentados, la muerte de 300 personas y heridas de otras 600. Cifras récord que lo convirtieron en el terrorista más buscado del mundo, hasta septiembre del año pasado, cuando un hombre saudí llamado Osama Ben Laden demostró que los límites del horror estaban muy lejos de la audacia de Abu Nidal.

El miércoles pasado, Tahir Jalil Haboush, el jefe del servicio secreto iraquí, le comunicó de manera oficial al mundo que Abu Nidal se había suicidado de un disparo en la boca. La versión indicaba que las autoridades de ese país lo aguardaban en las afueras de su habitación para llevarlo a juicio cuando el hombre tomó la mortal decisión.

Unas fotos amarillentas colocadas en algo parecido a un álbum familiar, donde un cuerpo yace ensangrantado en una cama, fueron las únicas pruebas exhibidas del fin de un hombre que los servicios secretos occidentales y gran parte de los de Oriente Medio quisieron ver alguna vez muerto.

Tiempos muy lejanos a los días felices de su niñez. En 1937 Jaffa, la ciudad donde nació, formaba parte de la Palestina bajo mandato británico. Sabri al Banna -su nombre real- fue el hijo de la octava mujer de las trece de Khalil, un rico hombre de negocios dueño del 10 por ciento de la producción de cítricos Europa.

Yo creó que éramos la única familia en Palestina en tener una piscina privada , contó Mohammed al Banna, un medio hermano, al periodista israelí Yossu Melman, que escribió una biografía titulada El misterio Abu Nidal.

Sabri era hijo de una de las sirvientes de su padre, por lo que a veces fue despreciado por sus medios hermanos. Sin embargo, el pequeño se educó en una escuela primaria católica francesa. Y luego pasó a un instituto musulmán en Jerusalén.

La semilla del odio.

Todo iba más o menos bien hasta que en 1948 el recién creado Estado de Israel expropió todas las posesiones de los Al Banna y los forzó al exilio en un campo de refugiados en Gaza. Con el dinero que pudieron rescatar viajaron a la ciudad de Naplusa, en aquel entonces bajo administración jordana y hoy parte de las ciudades autónomas palestinas. Allí empezó a crecer el odio. Sabri inició estudios de ingeniería, pero pronto los abandonó por ir a buscar trabajo en Arabia Saudí, destino obligado de los numerosos refugiados palestinos de la primera guerra con Israel. Allí se involucró con el partido Baas iraquí, lo que le valió la tortura y la expulsión.

Ya sin mucho caminos, terminó uniéndose con fervor a la causa del líder palestino Yasser Arafat y su movimiento Al Fatah y luego a la Organización para la Liberación Palestina (OLP). Ya no era Sabri al Banna. Ahora era Abu Nidal , el Padre de la lucha , su nombre de combate.

De la mano de Abu Lyad, el número dos de la OLP - a quien luego eliminó (1991)-, fue ascendiendo en la organización al punto de que se convirtió en el representante en Sudán y luego en Irak.

Pero en 1974 sucedió algo que no le gustó. Intelectuales israelíes empezaron a establecer contactos con dirigentes palestinos y Arafat, además de hablar de paz en la ONU en busca de la legitimidad internacional para la lucha de su pueblo, cambió de táctica y restringió los atentados terroristas.

El rompimiento fue inmediato. Su oposición y un intento de asesinato de Arafat terminaron con su expulsión de la OLP y con una condena a muerte.

Desde entonces conformó una tenebrosa organización que no solo se dedicó a atacar a los intereses israelíes en el mundo, sino a asesinar a los palestinos moderados, a atentar contra los países que se aproximaran a las posturas de Arafat o que tuvieran prisioneros de su organización, y a hacerles el trabajo sucio a las naciones que lo acogían. De Irak pasó a Siria. De allí a Libia y luego al sur del Líbano y finalmente a Irak.

Era un sicópata , dijo de él Issam Sartoui, uno de sus más cercanos hombres antes de convertirse en su víctima. Es un fusil en alquiler , dijo de él el periodista británico Patrick Seale. Era un terrorista cobarde y despreciable sin el cual el mundo sería ciertamente mejor , dijo la Casa Blanca. Otros medios de comunicación lo tildaron de megalómano desafiante y cruel, un hombre con un afán de grandeza en lo que lo único que interesaba era pasar a la historia .

Y lo logró. Además de sus múltiples asesinatos, los ataques simultáneos a los aeropuertos de Roma y Viena en 1985, que dejaron a 16 personas muertas, se suma el atentado contra el embajador israelí en Londres, Shlomo Argov.

Este hecho llenó de motivos al primer ministro Menahem Begin, y a su entonces ministro de Defensa Ariel Sharon para iniciar en 1982 su operación Paz en Galilea , para acabar con la OLP, que degeneró en la espantosa guerra del Líbano. Por eso, para algunos expertos palestinos, Abu Nidal fue un hombre que también trabajó para Israel.

Soy el espíritu malo que actúa en la noche y la pesadilla de los servicios secretos , le dijo Abu Nidal, hace años, al semanario alemán Der Spiegel.

Pero parece que la semana pasada la mayor de sus pesadillas y obsesiones, la de su muerte, se le hizo realidad. Y le llegó en la más absoluta soledad en la mitad de una oscura habitación de Bagdad. Pues, consecuente con la paranoia que lo acompañó toda su vida, en los últimos años hizo matar a más de 150 de sus hombres, los mismos que quizás pudieron haberle salvado la vida.

LO MATARON?.

Muchas son las hipótesis que se han tejido respecto a la muerte de Abu Nidal, en caso de no creer la versión del suicidio. Estas son los probables responsables:.

Israel: El Mossad (servicio secreto) habría demostrado su capacidad de operar en Bagdad, una de las ciudades más hostiles del mundo, al eliminar a uno de los enemigos jurados de Israel. El presidente iraquí Saddam Hussein sería el próximo, en opinión de Kennet Timmerman, un experto en Oriente Medio, en declaraciones a The Wall Street Journal.

Oposición iraquí: A la espera de tomarse el poder después de la anunciada intervención de E.U., habría demostrado su capacidad de operar en las narices de Hussein.

Inteligencia iraquí: Algunas versiones palestinas indican que el servicio secreto descubrió negociaciones entre Abu Nidal y Kuwait, enemigo de Irak. Otras, que simplemente el terrorista sabía demasiado del gobierno de Hussein.

Miembros de su grupo: En casi 30 años de terrorismo, Abu Nidal ordenó la muerte de muchos de sus colaboradores. Habría sido una venganza.

Palestinos: Si a alguien hizo daño Abu Nidal fue a los palestinos y a una posible paz con Israel, pues asesinó a muchos cuadros moderados. Esta hipótesis es considerada poco probable.

FOTO/Archivo EL TIEMPO.

Una de las pocas fotos que le tomaron a Abu Nidal es esta, en su cuartel general en el Líbano en 1980. Atrás, un mapa de Palestina histórica.