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CLARITA GÓMEZ DE MELO

En el día de ayer murió en Bogotá Clarita Gómez de Melo, columnista de este diario y una de las más respetadas psicoanalistas del país. Había nacido en Medellín, la última de los doce hijos del escritor Efe Gómez. Estudio piano, al lado de Teresita Gómez, en el Instituto de Bellas Artes y obtuvo sus títulos de licenciada y doctora en Filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde fue profesora. Además, fundadora y docente de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

24 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

En el día de ayer murió en Bogotá Clarita Gómez de Melo, columnista de este diario y una de las más respetadas psicoanalistas del país. Había nacido en Medellín, la última de los doce hijos del escritor Efe Gómez. Estudio piano, al lado de Teresita Gómez, en el Instituto de Bellas Artes y obtuvo sus títulos de licenciada y doctora en Filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde fue profesora. Además, fundadora y docente de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

Casada con el músico Javier Vásquez Gómez fue flautista del conjunto Pro Música Antigua de Medellín, el primer grupo colombiano dedicado a interpretar sonidos renacentistas y barrocos en instrumentos originales.

Separada de su primer marido, vivió cuatro años en Estocolmo, donde estudio psicoanálisis. Trabajo en la Clínica Psicoanalítica de Peña Retama, de Madrid, fue recibida en la Asociación Psicoanalítica Española y en 1971 regresó a Colombia e inició su trabajo con niños y adolescentes en Cali, donde se radicó con su segundo esposo, Jorge Orlando Melo.

El programa de terapia de grupo para niños con problemas y sus madres, que desarrolló en la Clínica de Familia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, hizo que recibiera una beca británica para estudiar en la Clínica Tavistock, de Londres, donde se especializó en psicoanalisis infantil con Anna Freud y Donald Meltzer.

Al regresar a Colombia reanudó su trabajo como terapeuta infantil, y se destacó por una habilidad casi mágica para relacionarse con los niños. Mantuvo siempre un aire juvenil, extravagante y alegre que la hacía muy cercana a sus jóvenes pacientes. Además, tuvo una gran capacidad para ayudarles a resolver sus problemas y orientarlos en un sentido creativo y vital.

Publicó una selección de cuentos de Efe Gómez, titulado Lo mejor de Efe Gómez, con un extenso prólogo en el que hizo un detallado análisis literario y psicológico de la obra de su padre, y Cantaleta sobre Blanca Nieves y otros textos enanos, con artículos sobre el desarrollo y los problemas de los niños.

Desde el año 2000 inició su columna quincenal Colombia en el diván, en la que trataba, desde una óptica sicoanalítica, con alusiones sus autores favoritos, Shakespeare y Freud, asuntos de educación, violencia y otros temas de actualidad, y en la que subrayó reiteradamente que la educación era la única solución de fondo para Colombia.

Al poco tiempo le fue diagnosticado un cáncer, al cual se enfrentó con ánimo durante casi dos años. Continuó atendiendo sus pacientes hasta hace cinco meses, cuando su enfermedad se agravó, y nunca dejó de escribir su columna, enviada a veces desde la clínica. La última, fue escrita 10 días antes de morir. Dejó inédito un pequeño libro, Educación sin violencia, sobre como educar en un contexto como el colombiano, que será publicado próximamente.

Conservó su humor, su irreverencia, la agudeza crítica y el ingenio y brillantez de su conversación, así como la calidez de su alegría, hasta sus últimos días. De una apasionada dedicación a la amistad y al amor, se ganó el afecto de un innumerable grupo de amigos, así como de su amplia familia, que recordarán siempre sus comentarios y agudezas, pero sobre todo el ejemplo de sencillez, de energía y verdad.