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REALEZA SAUDÍ, EN LA MIRA

La millonaria demanda interpuesta la semana pasada por familiares de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre contra bancos, miembros del gobierno y hasta tres príncipes de la familia real en Arabia Saudí, ha puesto contra la pared la delicada relación entre Washington y un aliado que se supone crucial en la lucha contra el terrorismo.

23 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

La millonaria demanda interpuesta la semana pasada por familiares de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre contra bancos, miembros del gobierno y hasta tres príncipes de la familia real en Arabia Saudí, ha puesto contra la pared la delicada relación entre Washington y un aliado que se supone crucial en la lucha contra el terrorismo.

El asunto empeora con la noticia divulgada por el diario londinense Financial Times, que informó que entre 100 mil y 200 mil millones de petrodólares saudíes han sido retirados del sistema financiero estadounidense como consecuencia del progresivo empeoramiento de las relaciones entre los dos países.

Y que además, la prensa saudí está impulsando a los jóvenes a que busquen alternativas de educación diferentes a las universidades de E.U.

Los más de 600 familiares han pedido que se condene a los saudíes con el pago de más de un millón de millones de dólares (100 trillones de dólares) por haber financiado las células terroristas de Al Qaeda que fueron responsables de los ataques contra Washington y Nueva York.

Aunque la demanda, planteada en más de 250 folios, no alega que los príncipes saudíes y los otros mencionados fueron los autores materiales de los atentados de hecho muchos han sido amenazados directamente por Osama Ben Laden desde que fue expulsado de su país en 1991 , sí sostiene que los acusados aportaron fondos a instituciones que luego financiaron dichas acciones.

En lista de los señalados figuran el príncipe Turki al-Faisal, ex director de los servicios de inteligencia saudíes; el príncipe Sultán, ministro de Defensa y hermano del Rey Fahd; y el príncipe Mohammed al Faisal al Saud.

Sultán, de 78 años, ambicioso y con experiencia de gobierno, es el que más cerca está del trono. En caso de morir el príncipe Abdalá, que hoy ejerce el poder en remplazo del enfermo Rey Fahd, él debería asumir las riendas del poder.

En la denuncia también se mencionan prestigiosas instituciones financieras del país como la Corporación de Bancos e Inversiones al-Rajhi, y el Banco de Crédito y Comercio Internacional. Según los afectados, los príncipes y estos bancos aportaron fondos o sirvieron como canales para aportarlos a ocho organizaciones de caridad incluidas recientemente por el departamento del Tesoro de E.U. en una lista de promotores del terrorismo .

Según E.U., por ejemplo, la Organización Internacional Islámica de Alivio, donó más de 60 millones de dólares a los talibanes. Dicen también poseer pruebas de que la Fundación Islámica Al-Haramain tiene nexos financieros con el grupo de Ben Laden.

Las pruebas, muchas de ellas todavía no reveladas al público, consisten en extractos y movimientos bancarios entre los acusados y estos grupos.

Incierto por el momento el curso que tomará dicha demanda ante las cortes de E.U., los expertos sostienen que emulará a la que se interpuso al gobierno de Libia por el atentado terrorista en 1988 en Lockerbie (Escocia) contra una avión de la aerolínea Pan Am. Por este caso, el gobierno libio acordó pagar en principio 27 mil millones de dólares a las familias de las víctimas de la tragedia.

El dilema.

El caso saudí, sin embargo, es mucho más complejo. Esta nación árabe no solo se ha convertido en el vocero de la región en la complicada crisis entre palestinos e israelíes sino que es imprescindible si E.U. quiere llevar a cabo el tan especulado ataque contra Irak.

De allí, que la administración Bush esté manejando el asunto con guante de seda y probablemente tome distancia de la demanda.

Tan estratégica resulta para E.U. esta alianza con Arabia Saudí que muchos piensan que Washington podría estar usando la demanda como una manera de ablandar a los árabes y alinearlos en pro de sus intereses en la región.

Los desencuentros.

La historia reciente de los desencuentros entre Estados Unidos y Arabia Saudí se remonta al 11 de septiembre del 2001, cuando se comprobó que de los 19 secuestradores aéreos que causaron las tragedias, 15 eran árabes.

También tienen divergencias por el problema de Oriente Medio. El príncipe heredero Abdula Ben Aziz, según The Economist, advirtió a Bush, privadamente, el año pasado que las intereses de los dos países podrían chocar a no ser que E.U. tuviera más en cuenta la opinión árabe en el tema de Palestina.

De hecho, al príncipe propuso un plan de paz para la región que estipulaba que los árabes normalizarían sus relaciones con Israel a cambio de la retirada hebrea a las fronteras de 1967. Aunque la propuesta fue acogida por el gobierno de Estados Unidos sólo se ha cumplido uno de los ocho puntos- acabar con el asedio sobre Arafat y Riad está molesta porque Washington es demasiado favorable a Israel.

Los roces, según ha trascendido, han llevado a que el Departamento de Defensa haya sacado sus equipos y tropas de la base aérea del príncipe Sultan (ver nota central) en Arabia Saudí, hacia Qatar.

Y el punto culminante y quizás definitivo, es la negativa del gobierno saudí a que E.U. utilice las bases de su país para un ataque contra Irak.

El día en que se reunieron el presidente Bush y el príncipe Abdula en Texas, The New York Times publicó una amenaza de usar el petróleo como un arma contra E.U. Era una fuente anónima de la realeza saudí y decía: Es un error pensar que nuestra gente no hará lo que sea necesario para sobrevivir. Y si eso significa movernos a la derecha de Ben Laden, así será; o a la izquierda de Gaddafi, también, o volar a Bagdad y abrazar a Saddam como un hermano, eso haremos .

FOTO.

LAS RELACIONES entre los gobiernos de George W. Bush y Abdullah Ben Aziz han sufrido un progresivo empeodramiento, entre otras razones, por las demandas millonarias interpuestas contra miembros de la familia real saudí.

Archivo / EL TIEMPO