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ANIVERSARIO

Si Jaime Garzón estuviera vivo, seguramente ya habría aparecido en algún programa con un carriel terciado haciendo la más divertida y mordaz caracterización del presidente Uribe. Algo se habría inventado para caricaturizar no solo su figura sino sus políticas y lanzaría dardos punzantes de humor contra la estrategia de seguridad y la sólida imagen de autoridad del primer mandatario.

23 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

Si Jaime Garzón estuviera vivo, seguramente ya habría aparecido en algún programa con un carriel terciado haciendo la más divertida y mordaz caracterización del presidente Uribe. Algo se habría inventado para caricaturizar no solo su figura sino sus políticas y lanzaría dardos punzantes de humor contra la estrategia de seguridad y la sólida imagen de autoridad del primer mandatario.

Si Garzón estuviera vivo, nos habríamos reído y conmovido hasta las lágrimas con los eventos trágicos del 7 de Agosto, pues primero habría ideado la manera de poner en ridículo al ex presidente Pastrana y su cuerpo de seguridad, aterrados todos ellos en el Palacio de Nariño, y después se habría convertido en cartonero del Cartucho para denunciar que no hay derecho a que los misiles que se disparan contra los poderosos terminen destruyendo el hogar y la vida de los más desamparados en esta guerra miserable que nos obligan a sufrir.

Si Garzón estuviera vivo, los episodios que ha protagonizado el ministro Londoño Hoyos tendrían un sentido, una manifestación y un alcance bien distintos. Seguramente sus zapatos ya habrían estado en esa silla eléctrica de la mamadera de gallo que era su caja de lustrar y lo habría despachado con unas ironías tan bien elaboradas, que ni el temperamental ministro podría contrarrestar.

Si Garzón estuviera vivo, sería un habitante más de Bojayá, impotente, golpeado, desilusionado. Uno más de esos olvidados que, acosados por la violencia y el terror, no hacen más que decir nosotros también somos Colombia . Pero lo haría con gracia, porque en este país hasta la tragedia se viste de broma.

Si Garzón estuviera vivo, tendríamos motivos para reír en medio de la barbarie, para asombrarnos con nuestro ingenio porque él era el espejo de nuestra astucia, de lo que somos, de lo que hacemos. Pero como lo mataron, no nos queda más remedio que buscar en nuestro recuerdo el Garzón que todos llevamos dentro y reír a carcajadas, para que quienes pretendieron asesinar la alegría en este país sepan que cada muerte es otro fracaso.

mirador33@hotmail.com