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LA AMARGURA DE LA PIÑA

El perfume de la piña que corría por las calles de Lebrija ya no es el mismo.

23 de agosto 2002 , 12:00 a.m.

El perfume de la piña que corría por las calles de Lebrija ya no es el mismo.

"Antes, el camión pasaba repleto y dejaba en el aire ese aroma dulce. Hoy, eso se ha desvanecido. Los químicos le han quitado el sabor al producto", se queja Isabel Delgado, de 42 años, que vende en su caseta parte de las 223 mil toneladas de piña producidas anualmente en Santander, extraídas de las 9.240 hectáreas sembradas.

El olfato de la mujer, que ha vivido toda su vida entre las piñas que vende en la entrada de su municipio, no está equivocado. Unas gotas de un químico, llamado Etrhel, con las que los campesinos buscan adelantar el cultivo y atacar las plagas, le están amargando el futuro a este fruto, que se convirtió para el departamento en un símbolo similar al de las hormigas culonas.

Angel María Daza, un viejo cultivador, exclama que no puede aguantar dos años para cortar la cosecha. Aferrado a su tarro de Etrhel, un regulador fisiológico producido por una multinacional, que se vende en las tiendas a 43 mil pesos, Daza asegura: "Hermano, lo que sucede es que la gran mayoría de trabajadores no sabe echarle las gotas al cogollo de la fruta, pues lo hacen antes de tiempo. Por eso, la piña sale blanca, ácida, y con el tamaño alterado. La que producimos con mi hermano Julio sí sale buena, porque nosotros manejamos la sustancia con propiedad".

Daza, que tiene en su finca 4 mil hectáreas sembradas de piña, responde que el líquido también le sirve para evitar que la mosca, que apareció como una nube negra en 1993, deje entre 60 y 120 huevos en el fruto y produzca daños irreparables.

El año pasado, el área cultivada en el departamento, una de las mayores del país, se redujo 7,4 por ciento (de 270 mil pasó a 230 mil hectáreas), por problemas fitosanitarios, la mayoría de ellos relacionados con esa plaga. Hernando Pinzón Coronel, directivo de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), en Lebrija, reconoce: "El sabor se perdió, pero los consumidores deben saber que los campesinos se previenen de una debacle económica y de las bacterias dañinas".

Falta asesoría.

El raro aroma también lo percibe Horacio Cadena, de 61 años, quien sembró piña en Ocaña (Norte de Santander), antes de dedicarse al cultivo de tomates. El siente que la reina de la fruta de Santander ya no sabe igual.

"Habría que pedir la ayuda de agrónomos profesionales, pues los campesinos deben recibir asesoría antes de regar el Ethrel. A pesar de todo, el filamento interno sigue siendo muy particular, lo que la hace diferente de la producida en Antioquia y en otras regiones del país. Sí, el sabor se está perdiendo", dice.

Jorge Herrera Estela, vendedor en la Central de Abastos (Centroabastos), asegura que los picadores ya están reclamando piña de mayor calidad, pues la que está saliendo de Lebrija, principalmente, no satisface el paladar de los consumidores.

Hoy, según un reporte de la Secretaría de Agricultura Departamental, las hectáreas no están ubicadas exclusivamente en Lebrija, sino que se han repartido en municipios como Rionegro, la Mesa de los Santos, Girón y Socorro.

Según Luis Martín Uribe, coordinador de Desarrollo Tecnológico y Evaluación Sectorial, de esa Secretaría, una de las soluciones para despejar esta amargura es que el Estado contemple las peticiones de asesoría técnica de los cultivadores para que no pierdan competitividad y comiencen a exportar.

Mientras esa ayuda llega, Edilma Amaya seguirá esperando el perfume de la piña de antaño y su jugo dulce.

FOTO: ANGEL MARIA DAZA, un viejo cultivador, dice que la mayoría de sus compañeros no sabe utilizar las gotas de Etrhel. Por eso, dice, la piña está saliendo amarga. FOTO:dgar Vargas