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Comercio, para recuperación y crecimiento

En estos momentos de difícil situación económica global, el comercio ofrece una herramienta imprescindible para la recuperación y el crecimiento sostenible.

18 de abril 2012 , 06:54 p.m.

Es por ello acertado que México haya convocado a los ministros de comercio del G-20 para consensuar medidas encaminadas a que un comercio más abierto ayude a la creación de empleo, al desarrollo y a la reducción de la pobreza.

El comercio redunda en una mayor eficiencia económica, en mayores posibilidades de elección para los consumidores y promueve la transferencia de tecnología, las mejores prácticas y la innovación.  La experiencia de países como México, China, Camboya, Perú  o Corea, que participarán en esta reunión, son ejemplos vivos de ello.

Pese a los argumentos económicos en favor de la apertura, el actual discurso político sobre el comercio es, en muchas partes del mundo, inquietante. Frente a las dificultades a las que se enfrentan las economías de muchos países, se escuchan soluciones llamando a erigir más obstáculos al comercio.  Los gobiernos se han resistido en gran medida a esas presiones pero hay señales preocupantes de que algunos pueden estar decantándose por políticas de cierre de mercados. No se pueden negar las dificultades por las que atraviesan muchas empresas y trabajadores como resultado de la crisis. A estos no se les puede abandonar a su suerte. Pero necesitamos un debate abierto y honesto sobre si el proteccionismo es el mejor modo de protegerse. O si gran parte de la repuesta se encuentra en políticas domésticas sociales, de formación, de competitividad o de innovación.  La historia nos muestra ampliamente que el proteccionismo no protege el empleo, sino que lo destruye.

En realidad el comercio nunca había ligado de manera tan estrecha los países. Si antes las mercancías se fabricaban en México, Mauricio o Malasia, ahora se "fabrican en el mundo".  Con la expansión de las cadenas de valor mundiales, la mayoría de los productos son el resultado de insumos provenientes de muchos países. Los productos cruzan las fronteras muchas veces en las diversas fases del montaje.  Hoy, más del 50 por ciento de las importaciones de manufacturas son componentes que sirven de insumo para productos finales.  En Asia, esa cifra es superior al 70 por ciento.

Las miles de empresas que participan en esas cadenas de valor mundiales saben que, para seguir manteniendo una ventaja competitiva en los mercados mundiales, es fundamental que tengan acceso a componentes importados a precios competitivos.  Los gobiernos son conscientes de que las políticas comerciales que alientan a las empresas, en particular a las pequeñas y medianas empresas, a participar en las cadenas de valor mundiales permiten atraer con más facilidad a los inversores extranjeros que quieran construir instalaciones de producción locales.

Cerrarse al comercio entraña graves consecuencias para la economía mundial, aun más graves en un momento en que el comercio se está desacelerando.  El pasado año el comercio creció sólo un 5 por ciento, menos que la tasa histórica de crecimiento medio a largo plazo del 6 por ciento y muy por debajo del 14 por ciento registrado en 2010 cuando el mundo salió de la recesión.  Los economistas de la OMC prevén que este año se vuelva a desacelerar el crecimiento del comercio, que será sólo del 3,7 por ciento.  Esta previsión refleja la ralentización de la economía mundial en 2012, debido en gran parte a la crisis de la deuda soberana que ha sacudido a Europa.  Dadas las dificultades económicas que se avecinan, cualquier restricción voluntaria del comercio sería contraproducente.

Crear las condiciones óptimas para el funcionamiento de cadenas de producción y suministro mundialmente integradas es una prioridad importante para muchos gobiernos de la OMC.  Con el estancamiento de la Ronda de Doha, los gobiernos están tratando de identificar cuestiones específicas de las negociaciones en las que sea posible llegar a acuerdos y están examinando formas de negociación para alcanzarlos.  Un ámbito de las negociaciones en el que parece haber avances prometedores es la reducción de las formalidades administrativas en las aduanas y el aumento de la transparencia y la previsibilidad en las fronteras gracias a la mejora de las normas de la OMC sobre la facilitación del comercio.  Otro tema es abrir el comercio de los servicios de transporte, logística e información. También se discute de la ayuda necesaria para que los países más pobres puedan integrarse en estas cadenas de producción   globales. Así como medidas para favorecer un comercio agrícola más justo.

Estos temas se examinarán -y se debatirán- en la reunión del G-20 que se celebrará en Puerto Vallarta esta semana.  Es normal y saludable que los gobiernos discrepen sobre las cuestiones comerciales, pero en estos debates no debemos perder de vista que el objetivo que todos perseguimos es la generación de crecimiento y de puestos de trabajo.  No es una cuestión que afecte solamente a los países en desarrollo o a los países desarrollados: la creación de empleo es un imperativo para todos los países.

No cabe duda de que la política comercial por sí misma no basta para crear un entorno propicio a la generación de empleo.  Sin embargo, en nuestro mundo globalizado también sabemos que la apertura de la economía crea oportunidades mientras que con los obstáculos al comercio se consigue normalmente lo contrario.

Pascal Lamy

Director-General Organización Mundial de Comercio