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Maestro Gustavo, quien marcha por la libertad de su hijo, abrazó a los dolientes de diputados

La caminata de 795 kilómetros hizo un alto a las 6 de la tarde de ayer para dar condolencias a los dolientes reunidos en el sur de Cali.

29 de junio 2007 , 12:00 a.m.

"Tómese un día de descanso", le repetían ayer los médicos a Gustavo Moncayo, pero este nariñense sentía que no podía cesar su marcha contra la muerte, como la que alcanzó a los diputados del Valle, en cautiverio.

Su llegada coincidió con la del ex ministro Álvaro Leyva, quien anunció que ayudará a impulsar la entrega de cadáveres de los diputados.

A Moncayo se le habían escapado las lágrimas ante la noticia del jueves. "Hay que llorar porque el dolor es lo único que no nos pueden negar", decía el profesor que camina de tanto esperar a su hijo Pablo Emilio, un suboficial secuestrado por las Farc el 27 de diciembre de 1997.

A su paso sigue su hija Yury Tatiana, quien lo acompaña desde hace 12 días cuando partieron de Sandoná. Y se le han unido familiares de otros secuestrados como Fabiola Monsalve, la mamá del suboficial César Lasso, cautivo desde hace nueve años.

También ha recibido alientos como el de la colonia sandoneña en Cali o el de los niños de un colegio que le cantaron el himno de Colombia.

El senador Antonio Navarro pidió que su marcha hasta Bogotá sea un símbolo.

Moncayo salió solo con unos pesos en el bolsillo, pero no le han faltado comida ni agua. "Con tanta gente entendiendo nuestro dolor no podemos parar".

CALI