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Motivos de una mujer con ancestros gitanos para contar su historia en 'La ciudad jamás contada'

"Para que la gente oiga lo que he vivido y tome conciencia de la tragedia que viven las personas desplazadas que vienen al barrio, sin amigos, ni familia, sin origen".

29 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Eso es lo que motiva a Alba Lucía Gallego a contar su historia. Ella es uno de los habitantes de Bogotá que tendrán la posibilidad de hacer un relato en las páginas de este periódico. Para eso contará con la ayuda de la socióloga María Elvira Molano.

Alba Lucía es de ancestros gitanos con un pasado marcado por el desplazamiento, la exclusión y el desarraigo. Con su historia cuenta la vida de tantas mujeres que, como ella, han tenido que sufrir la llegada a la capital.

Nace en el viejo Caldas en época de la violencia de los años 50. Mientras su madre le enseñaba la tradición al son de las saetas, su padre le daba "zurriago" para que no las cantara, escondiendo así bajo tierra su raíz gallega.

Recuerda que pasaban godos y liberales, bandoleros y chulabitas dejando muerte y terror de lado y lado.

El encuentro de estas dos mujeres encarna muy bien el espíritu de 'La ciudad jamás contada', proyecto de la Dirección de Responsabilidad Social de EL TIEMPO que se suma a la celebración de Bogotá, Capital Mundial del Libro: hoy día para ser ciudadano no basta leer, hay que escribir.

Escribir para participar, escribir para denunciar, escribir para que circulen los lenguajes, escribir para constatar las múltiples formas de contar, escribir para dar cuenta de nuevos temas que no se ciñen a las tradicionales formas de narrar. Otras voces necesitan ser oídas desde la particularidad de sus relatos.

Alba Lucía no tuvo esa posibilidad cuando un periódico quiso escribir su historia. "El niño satánico de Ciudad Bolívar" tituló para referirse a su hijo que sufre de una limitación, palabras que transformaron la vida de esta familia.

El barrio se tornó oscuro y áspero, los vecinos apedrearon la casa, no les vendieron en la tienda, el niño no volvió a la escuela, las mujeres secretiaron en las esquinas y el cura regó agua bendita. Alba Lucía y su familia soñaron con irse a otro barrio, donde nadie los conociera, donde no los estigmatizaran y marginaran.

Ahora ella será la que cuente su historia. Su testimonio no tiene que ver con la verdad letrada, sino con la verdad de quien tiene en su memoria el relato del país menos visible: "El desplazamiento nos dejó sin tierra, las costumbres que nosotros teníamos se perdieron, el canto y el baile los olvidé, los oficios eran distintos, todo lo perdimos, hasta mataron los perros". 

Anécdotas de ciudad

¿El Tibet en la Caracas? Esa es una historia que me gustaría contar. ¿Qué hace un Centro Tibetano de Relajación en plena Caracas? ¿A quiénes se les ocurrió algo así? ¿Quiénes son los protagonistas de ésta paradoja visual? ...María Lucía Márquez.

Fue así, por el poco valor que le dan a la vida las personas, como aquel travesti fue muriendo en uno de los pasillos de aquel pálido y amarillo hospital, frente a la mirada de todos los que esa noche estábamos allí, sin poder hacer algo.

Basta una noche en urgencias de un hospital público, para toparse con otros mundos, otras miradas, otras realidades y muchos relatos, como el que vi esa noche... Diana Carolina Cruz.

MARÍA ELVIRA MOLANO Y MARINA VALENCIA
Especial PARA ELTIEMPO