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El toque femenino

Arquitectos y urbanistas buscan que casas y calles reflejen igualdad de género.

29 de junio 2007 , 12:00 a.m.

A FINALES DEL AÑO PASADO, la Alcaldía de Fuenlabrada, a 20 kilómetros de Madrid, España, decidió aplicar la equidad de género en las señales de tránsito. Las autoridades locales se dieron cuenta de que ese tipo de íconos parecía indicar que la ciudad sólo era habitada por hombres y por eso resolvieron introducir algunos cambios. Así, en semáforos peatonales, cebras y otros lugares donde era necesario representar personas, comenzaron a aparecer figuritas con faldas. Igualdad también en seguridad vial fue el nombre del programa que, al equiparar la proporción de íconos femeninos y masculinos, pretendía que toda la ciudadanía advirtiera que la forma de transmitir información podía contribuir a crear conciencia sobre la igualdad entre los sexos.

Y es que una simple mirada a calles, construcciones y viviendas basta para darse cuenta de que éstas no han sido tradicionalmente amistosas con las faldas. Si un proyecto incluye rampas es pensando en los minusválidos y no en las madres que empujan los cochecitos de sus bebés. Así mismo, las distancias entre el hogar y los centros hospitalarios y comerciales suelen ser grandes, situación que dificulta más la vida de las mujeres que la de los hombres, porque  por lo general son ellos los que se apoderan del carro y no son los responsables de hacer el mercado o llevar los niños al médico.

En el interior de las casas el fenómeno se repite. A "la reina del hogar" los arquitectos les diseñaban cocinas encerradas y mal iluminadas; el estudio era pensado para el señor de la casa, y la empleada doméstica tenía que resignarse a dormir en un cuarto oscuro y estrecho, más parecido una celda de prisión o de convento.

Sin embargo, en las últimas décadas el urbanismo y la arquitectura se han replanteado y comienzan a pensar desde la perspectiva de género; algunos cambios comienzan a manifestarse: casas con espacios menos jerarquizados y proyectos urbanísticos que incluyen jardines infantiles, parques y centros médicos y comerciales en una misma zona.

La seguridad  no está excluida de esta nueva forma de ver la ciudad, pues ellas tienen una mayor percepción de riesgo que los hombres. Por ejemplo, un sondeo hecho en Canadá revela que cerca del 60% de las mujeres le tienen miedo a caminar solas por la noche en su barrio, sensación que sólo comparte el 17% de los hombres. La solución no ha sido aumentar el número de policías, sino evitar que las áreas comunes sean oscuras y llenas de recovecos, y cuidar muy bien los espacios públicos, pues de esta forma disminuyen los actos de vandalismo.

Ciudad amiga

El conjunto de estas ideas se resume en el concepto friendly cities o ciudades amistosas, que comenzó a cristalizarse más allá de los planos hacia la última década del siglo pasado. Por ejemplo, en 1990 Monika Melchior y Heike Töpper ganaron un concurso en el que sólo podían participar arquitectas y cuyo fin era la construcción de 28 unidades residenciales en la ciudad alemana de Bergkamen. La mirada femenina se reflejó en que las habitaciones de los apartamentos eran de las mismas dimensiones, tenían paredes flexibles y los garajes contaban con amplios depósitos para guardar bicicletas y chécheres.

Un caso similar fue el barrio Schellerbroek, terminado en 1992 en la ciudad holandesa de Zwolle. Prácticamente planificado por mujeres, incluyó espacios residenciales, laborales y para la recreación en la misma área, con facilidades de parqueo y casas que pudieran conectarse a habitaciones de alquiler para ser utilizadas como espacios de trabajo. En resumen, hizo posible el sueño de muchas mujeres de trabajar en la casa pero sin convertirla en oficina.

Otro proyecto de este corte terminó de construirse en 1997 en el norte de Viena, Austria, donde la Alcaldía convocó a arquitectas feministas para el diseño de un conjunto de 350 apartamentos que respondiera a las necesidades de las mujeres. La arquitecta Franziska Ullman, ganadora del concurso, puso la lavandería colectiva en la azotea de los edificios, lo que no sólo facilitaba el secado de la ropa sino que se convertía en punto de encuentro; diseñó escaleras amplias y bien iluminadas para mayor comodidad y para que los vecinos encontraran espacios para conversar, y en los apartamentos dio especial atención a la cocina, que convirtió en corazón de la vida  doméstica.

Colombia hace sus primeros pinitos en este campo. "En nuestro medio seguimos todavía muy apegados a esquemas que presuponen la existencia del servicio doméstico y por lo tanto a la segregación de estas áreas respecto a las demás -sostiene el arquitecto Pablo Gamboa-. Con la moda de los lofts esto parece empezar a cambiar, pero falta mucho".

Sin embargo, los cambios no necesariamente responden a razones de género y por regla general hay cierta resistencia al discurso feminista que hay tras el concepto de "ciudades amistosas para las mujeres". "No veo que, en términos de espacio, por ser hombre o por ser mujer se tengan mayores o menores impedimentos o necesidades", dice la arquitecta Martha Dedia, una de las curadoras de la exposición Arquitectura realizada por mujeres, presentada en 2004. Efectivamente, aunque no faltan los que consideran que ver la ciudad desde aquella perspectiva es un exceso de discriminación positiva, lo cierto es que la tendencia contribuye para que la gente piense en las necesidades de desarrollar ciudades acogedoras para todos.   

SOLO PARA MUJERES

Taxis rosas. En varias ciudades del Reino Unido, así como en Dubai (Emiratos Árabes) y México D.F. existen o están en camino de instalarse compañías de taxis con vehículos conducidos solo por mujeres y exclusivos para mujeres. Las Pink Ladies, como se llama la empresa pionera, creada en el Reino Unido en 2005, busca que ellas se sientan más seguras al desplazarse por las ciudades.

En el metro. Para evitar a los acosadores que sacan provecho de los apretujones que tienen lugar en las horas pico, desde el año 2005 el metro de Tokio, Japón, cuenta con vagones con distintivos rosados para uso exclusivo de mujeres. El servicio funciona en las principales vías hasta las 9.30 a.m.

 Horarios. El concepto de ciudades amistosas con las mujeres se ha extendido más allá de la arquitectura y el urbanismo. Uno de los temas centrales ha sido el manejo del tiempo. Como los horarios laborales difícilmente encajan con las responsabilidades familiares, entre las ideas propuestas figuran la flexibilización de las horas de trabajo para ellas.