Archivo

Futuro posible / ¿Por qué Alberto Bejarano?

Por Jairo Arias Barragán

28 de junio 2007 , 12:00 a.m.
Todos los días voy y vuelvo por la ciudad. La conozco casi toda. Desde la miseria deprimente de Villa del Sol hasta la exuberancia natural del páramo del Combeima. Por el amor que siento, siempre he creído que Ibagué merece una mejor suerte.

Los problemas de fondo siguen sin resolverse. El desempleo crónico en una ciudad sin oportunidades, la galopante pobreza retratada en cada rostro de hombres, mujeres y niños viviendo en barrios donde escasean los servicios básicos, los miles de desplazados por la violencia que hacen parte dolorosa del paisaje urbano, las calles destrozadas, la energía que se interrumpe y regresa para quemar, como en estos días, todos los teléfonos de la zona industrial, en fin, son tantas las carencias y tan reiterados los males, que llegó la hora de quebrarle el espinazo a la politiquería, a la ignorancia y a la mentira.

Se enoja uno escuchando en este 'debate' político el mismo disco rayado de promesas absurdas. Como siempre, predomina la ambición personal, el futuro enriquecimiento personal, la defensa electorera de grupúsculos políticos que han usufructuado el poder por décadas y nada digno de reconocimiento tienen para presentarle a la ciudad.

Es una lástima que el eslogan del actual alcalde, 'construyendo futuro', se haya quedado en letra muerta. La ciudad sigue peor que antes. Las grandes obras no se ven por ninguna parte. Es un secreto a voces el apoyo de la administración a un precandidato liberal, haciendo uso de todo el aparato oficial. Es la misma historia que se repite de gobierno en gobierno. Aún así hablan de imparcialidad. Ni siquiera se sonrojan porque ya perdieron toda vergüenza.

Es bajo este escenario de 'atraso y frustraciones' que planteo la urgencia de una ruptura en el manejo de lo público. Un cambio de frecuencia en la visión y en la acción. Una alternativa capaz de construir de manera colectiva las condiciones propicias para que Ibagué cambie positivamente.

Desde su articulada 'Visión para cambiar el rumbo', Alberto Bejarano vuelve por los caminos del liderazgo que inauguró después de muchos años de luchas cooperativas. Como dirigente, llevó hasta la cúspide el más ambicioso y renovador proyecto regional, convertido en modelo nacional. Los que conocimos de cerca su gerencia en Cooperamos, damos fe de su honestidad y transparencia a toda prueba. Quien diga que Bejarano debe una explicación por lo que pasó en Cooperamos, está pecando de ignorante y oportunista y desconoce la historia. La debacle cooperativa fue un fenómeno nacional orquestado.

Porque lo considero un hombre excepcional, por su talante moral, por su profundo conocimiento de lo que debe ser el desarrollo, por su sensibilidad social, por su capacidad innata de mirar adelante, porque cree en ese futuro posible, por el ejemplo que recibí de él durante diez años y además porque es el único que tiene como activo en su corazón el amargo sabor de una derrota, me parece que sólo él, podría de verdad, cambiarle el rumbo a Ibagué.

Así cambiaría la historia política de esta ciudad. Y como el mismo Bejarano lo ha dicho: el desarrollo tendría rostro humano, habrían estímulos a la gestión comunitaria, a la inclusión social, a la solidaridad y a la participación. Por fin se haría visible la sociedad civil, habría una clara defensa de lo público y se desencadenarían sinergias para generar empleo. Sé que mostraría su declaración de renta antes de posesionarse como Alcalde y después de culminar su período.

Todos los días voy y vuelvo por la ciudad. La conozco casi toda. Desde la miseria deprimente de Villa del Sol hasta la exuberancia natural del páramo del Combeima. Por el amor que siento, siempre he creído que Ibagué merece una mejor suerte.