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Punto de Vista / Despolitizacion del proceso electoral

Por Hugo Velásquez Jaramillo

27 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Definidas las candidaturas a la gobernación del departamento del Meta y a la alcaldía de Villavicencio, hay circunstancias que parecen marcar por igual todas las alternativas, por lo menos respecto de aquellas consideradas con mayor opción de poder.

Existen similitudes, pero nada las diferencia. Así, es común la existencia de rasgos comunes como la prolongación de lazos familiares que vuelven a situarnos en el espectro de los mismos círculos autocráticos; la trayectoria pública de sus protagonistas es mínima y solo les viene por vía de sus mentores, pero no está marcada por la presencia mas o menos activa propia de la militancia en cualquier causa política.

El idioma de la política es indiscutiblemente la discusión de temas, pero los candidatos del Meta procuran no abordar ninguno de los asuntos más importantes de la región y por lo general carecen de una agenda detallada frete a las cuestiones más sensibles como la corrupción y la contratación, la inversión de las regalías, el desplazamiento y el rezago del sector rural, la calidad de la educación y hasta del paramilitarismo y su incidencia en los problemas del departamento.

La indefinición política los traslada al ruego de las firmas, y de paso se hace añicos el sistema de partidos que Colombia implementa desde la reforma política del año 2004, enfatizando nuevamente el personalismo que habrá de extender las empresas personales para de esta manera reciclar el poder en el futuro.

Llama la atención el eclecticismo de las campañas proselitistas y la composición de sus entornos, pues a ellas llegan gentes de todas las procedencias partidistas y así las candidaturas reflejan una amalgama inocua porque no expresan ideología ni proyecto serio de gobierno, reduciéndose a la simple expectativa para todos, de poder -más tarde- acceder a las ventajas del gobierno, mientras que las reuniones políticas que se hacen se reducen a la simple presencia de la farándula.

Es también común denominador de las campañas la ostentación del poder económico que deslumbra a los candidatos a alcaldías, concejos y asamblea, que detrás de la ilusión de una financiación se alinean con el uno o con el otro, saltando los principios de bancada y de los partidos, para incidir así en el desmoronamiento de las colectividades organizadas (Partido Liberal, Partido Conservador y Polo Democrático Alternativo).

Un nuevo componente surge en la tradicional interferencia electoral, que ya no solo se reproduce de arriba abajo sino horizontalmente cuando empiezan los alcaldes de los municipios opulentos del departamento a extender su poder para incidir en la composición del poder en otros municipios vecinos y corporaciones en la más peligrosa construcción de nichos de poder político, lejos de los partidos organizados, que puede desvertebrar cualquier posibilidad futura de construcción de región.