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Escorpión / Lo que sueñan los jóvenes

Por Tina Alarcón

25 de junio 2007 , 12:00 a.m.
Se llama Daniel. Lo cierto es que podría también ser Andrés o Carlos y vivir en cualquiera de nuestros pueblos boyacenses. Lo conocí hace tres años, en los días en que tratábamos de consolidar en grupo de Vigías del Patrimonio, aquí en Villa de Leyva. Luego lo perdí de vista y ahora nos hemos vuelto a encontrar. Elemental, Daniel ayuda, de tarde en tarde, en el pequeño mercado familiar donde compro la leche y cigarrillos. Recordándonos, empezamos a conversar o mejor dicho él arrancó preguntándome cosas muy concretas. ¿Tina qué paso con la Casa de la Cultura?

Afortunadamente estaba, más o menos, bien parada y pude contarle algo sobre el largo y culebrero camino que ha recorrido nuestra Casa. Daniel y un grupo de amigos están buscando un espacio para poder desarrollar, en él, algunos de sus sueños y lógicamente ante el abandono en que están sumidas las instalaciones, están pensando en ellas. Mi tema no es la Casa de la Cultura, sino los jóvenes y los niños.

Hay realidades funestas que no se pueden ocultar y una de ellas se desencadena con la desesperanza que lleva a la muchachada a consolidar pandillas y a imaginar delitos en lugar de canalizar tanta creatividad en cosas buenas y productivas. Villa de Leyva no es ajena a esta triste realidad y no es solo en el casco urbano, sino también en algunas veredas donde ciertos niños se dedican a desvalijar casas. La semana pasada llegó a mis manos un artículo de William Ospina que él tituló "La legión del afecto". Cuenta, William, la historia de un grupo de jóvenes crecidos en medio de la violencia, que hoy buscan salidas tratando de concretar sus sueños.

Es cierto que poco oímos hoy hablar de amor, de afecto, de ternura. Las campañas políticas agotan palabras como cambio o transparencia. Incluso la misma 'solidaridad' es algo que suena hueco, sin valor. Esa Legión del Afecto está integrada por muchachos que saben lo que quieren pero que nadie les ha brindado apoyo ni amor. Reproduzco: si la sed de aventura es otro de los nombres de la juventud, por qué no encauzarla hacia el alto propósito de estrechar lazos sociales, al acompañamiento de comunidades que sufren, a la conservación del entorno natural, al conocimiento de este mundo nuestro lleno de diversidad vegetal y animal, a la valoración y protección de los ríos y los manantiales, a la defensa de los bosques y las selvas, al conocimiento y a la reflexión. Nunca se ha visto en nuestros pueblos y nuestras barriadas sin amparo que alguien se acerque a los jóvenes para preguntarles si les gustaría ser músicos o actores, ser el alma de un proyecto creador, ser escritores o pintores, ser expedicionarios o cronistas...

Afortunadamente existe Daniel con sus sueños y proyectos. Estamos en el momento justo para inyectarle a tanta politiquería una buena dosis de afecto. Amor por ellos, amor por nuestros pueblos, amor por estas tierras. Como ven no se trataba, especialmente, de la Casa de la Cultura... pero que bueno fuera que ese espacio derruido pudiera convertirse en el lugar pleno de vida, donde ellos puedan armar parche y ser felices. No creo que sea justo con nadie volver a ver cómo un telar fue a parar en la fogata alegrona en el pasado Festival de Cometas. Y la noche que llega...