Archivo

Día 6: El profesor Gustavo Moncayo ya tiene ampollas de caminar por libertad de su hijo

Mientras se amarraba los cordones de los zapatos, vivió una suerte de ensoñación provocada por la ansiedad y empezó a verse caminando solo por una carretera larga y solitaria. Y así lo hizo.

23 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Ahora, cuando el ruido de las bocinas de los vehículos lo ensordecen de tanto pitar para saludarlo, y en los pueblos del sur del Cauca es recibido como un héroe nacional, un artista o un santo, el hombre no puede creer que la caminata que emprendió hace seis días para lograr la liberación de su hijo le haya generado tantos amigos, tantos abrazos y tantas bendiciones.

Ni los precipios sin fin de la Cordillera Occidental, ni el semidesértico valle del río Patía lo amedrentaron. Por eso a punto de entrar al valle del río Cauca ya es llamado 'El caminante de la paz' por miles de colombianos que no se cansan de gritarle: "Profe... Usted es un berraco!".

Sus pies son una sola ampolla, pero él dice que más se le ampolla el alma cada vez que ve el puesto de su hijo vacío en la mesa del comedor, "a la espera de su nuevo nacimiento que ya ha durado bastante", comenta.

Pablo Emilio Moncayo, el hijo mayor y único varón de 'El caminante de la paz', es cabo del Ejército y fue secuestrado hace 9 años por la Farc cuando atacaron el cerro de Patascoy. De los plagiados de entonces es el único que no ha saboreado la libertad.

Su familia sufre desde el 21 de diciembre de 1997 cuando la guerrilla atacó esa base militar, asesinó a 10 militares y tomó como rehenes a 18 uniformados. En junio del 2002, Pablo Emilio no estuvo entre los 16 militares liberados.

Pero Gustavo Moncayo no se ha quedado quieto. Ha protestado, se ha encadenado y desde hace un par de meses empezó a trabajar en la idea de hacer algo por la liberación de su hijo.

"Mi papá pensaba ir y crucificarse en Bogotá", cuenta Yuri Tatiana, una de las tres hijas de Moncayo y la única que lo acompaña en el recorrido.

Cuando le contó el propósito a su familia, su hija Nora Elena alcanzó a decirle que estaba loco y que buscara ayuda siquiátrica.

Otro día les dijo que se iba caminando hasta Bogotá y recogiendo firmas para que el Gobierno y las Farc se decidan por el intercambio humanitario. La propuesta tampoco les sonó, pero ya no había quien lo detuviera. Con dolor dejó a su perro, a su gato y sus matas, y ahora su esposa e hijas ven en los medios cómo avanza en su propósito de recorrer 795 kilómetros.

El jueves, bajo un sol abrasador de 39 grados centígrados, centenares de patianos salieron a su encuentro. "Taponaron la vía entre Pasto y Popayán, me pidieron autógrafos y se tomaron fotos conmigo, muchos me acompañaron casi 10 kilómetros", cuenta Moncayo.

Algunos viajeros se bajaban de los vehículos y lo bendecían. Bendiciones que necesita bastante porque los médicos del Hospital de El Bordo le sugirieron no caminar más.

Pero él no se rinde. En su recorrido no les ha faltado alimento, "hemos comido de todo y en cantidades. Creo que a Bogotá vamos a llegar rodando", dice en medio de risas.

El viernes, sus paisanos de Sandoná organizaron dos marchas para apoyarlo desde la distancia, con la esperanza de que el sacrificio de su coterráneo no sea en vano.

Ahora Moncayo confía en que las fuerzas le alcancen para llegar a la capital, en unos 20 días.

"No me voy a rendir, voy por Pablo".

Relevos por las vías del Valle
CALI

Los familiares de los 12 ex diputados del Valle, también en manos de las Farc desde hace cinco años, preparan una estrategia para acompañar al profesor Moncayo.

Lo primero que harán es una invitación para que toda la gente salga a acompañar a este padre que como medida desesperada decidió caminar 795 kilómetros, les dijo a las familias de los plagiados la gestora de Paz del Valle, Angela Giraldo.

Pero además, los familiares de los secuestrados, que esperan la llegada del profesor a este departamento, preparan una guía de acompañamiento, en un sistema de relevos.

Cada familia tendrá puntos específicos donde esperará al docente y caminará con él hasta encontrar otro punto de encuentro con otro familiar.

"Es una medida desesperada que estamos respaldando para conseguir que haya compromiso con el intercambio humanitario e invitando a toda la población para que salgamos a apoyarlo", dijo Giraldo.

Moncayo partió de su casa en Sandoná, viajó hasta Pasto y de allí inició su recorrido hacia Bogotá adónde espera llegar en 20 días.