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Colombia, segundo país del continente con mayor desigualdad, después de Brasil

Esta cifra hará prácitcamente imposible erradicar la pobreza en los próximos ocho años, uno de los compromisos que forman parte de los Objetivos del Milenio.

22 de junio 2007 , 12:00 a.m.

En el año 2000, 180 jefes de Estado acordaron reducir a la mitad los indigentes y hambrientos del mundo como una de estas metas, que deben cumplirse antes del 2015.

La desigualdad en Colombia se refleja en la siguiente cifra: entre 42 millones de habitantes, 8 millones recibe el 61 por ciento de los ingresos y 17 millones el 10 por ciento.

Aunque según datos oficiales, 4 millones y medio de personas dejaron de ser pobres en los últimos años, las cifras de la Misión para la Erradicación de la Pobreza y la Desigualdad revelan que 17 millones viven en la pobreza, 9 millones están en condiciones de miseria extrema en las zonas rurales y 4 millones en las ciudades.

Ejemplo de pobreza, abandono, prostitución, ignorancia y drogadicción es el testimonio de vida de Yoana Méndez, una cartonera de 18 años que cuenta: "Yo no pude tener infancia porque me tocaba de niñera de mis tres hermanos. Mi mami decía que mi papá había muerto, pues él la obligó cuando ella tenía 13 años. Por eso no quería que yo naciera.

"Mi mami reciclaba pero le abrieron los ojos las amigas y empezó a trabajar en discotecas bailando. Por la noche nos bañaba con leche y cilantro para que durmiéramos hasta que ella llegara, pero a veces duraba un día sin volver.

"Yo tenía 7 años cuando mi mami se fue a Villabo y me dejó con mi tía. Ella me puso a estudiar en la Escuela la República de la Argentina, pero hice no más primero, porque volvió mi mamá y no me dejó terminar. Medio aprendí a leer y a escribir.

"Mi primer novio fue a los 14 años, después lo dejé y entré a estudiar quinto. Ahí distinguí al hermano de una amiga que consumía pegante, marihuana, bazuco, y yo decía mentiras para estar con él. Mi mami empezó a tomar, no me ponía atención y me preguntaba cuando ya estaba borracha, entonces yo ni modo de decirle nada.

"Me fui con ese muchacho y a los cuatro meses me terminó. Volví a con mi mami y por ahí distinguí 'ñeros' que echaban vicio. Probé para saber qué era y me quedé en la droga hasta los 16 años. Entonces me sentía tranquila, nada me preocupaba".

El vicio

"Me puse a andar las calles y dejé de estudiar. Un día mi mami me dijo que por un beso cobrara diez mil, que por una caricia 50 mil... Eso no me gustó y me fui de la casa con unas amigas que me daban bazuco, hasta que decidí andar sola. Un señor me ofreció 50 mil mensual si le ayudaba a vender vicio. Mi mami me buscaba, me llevaba para que comiera, me bañara y durmiera; me pegaba para que no saliera y me dejaba con candado, pero yo me escapaba por la ventana.

"Seguí vendiendo hasta que la policía me cogió. Me llevaron al Redentor, una cárcel de menores donde lo orientan a uno. Duré ocho meses y me sirvió, porque aprendí el daño que hace el bazuco y lo bueno del deporte.

"Salí y me encontré con mi novio de antes. Ya iba otra vez a hundirme por andar con él, cuando distinguí a José Díaz, el 'Costeño'. Él trabajaba en el reciclaje. Vivía en una piecita en el centro, a donde mi novio me llevó y lo convidó a robar, pero el 'Costeño' le dijo: 'No, yo ya pasé por eso hace tiempos. Si quiere vaya usted y robe con la china'. Mi novio dijo: 'Es que ella tampoco quiere... Se volvió gallina después de vieja', y se fue solo. Yo llamaba a mi mami y ella por ningún lado me contestaba".

El amor

"Me quedé con el 'Costeño'. Íbamos a bailar y de día, me dejaba en la casa, pero a uno siempre le queda algo como en el pulmón, que le pica y le pica, y le dan ganas de consumir vicio, entonces yo cogía la mitad de la plata para comer y la otra mitad para el vicio.

"Duré tres días sin ir a la pieza, él me regañó y me puso con terapias: a comer zanahoria, panela, cebolla, y me dijo que tenía que acompañarlo en la carreta. Yo le hice mala cara, porque nunca había reciclado y me daba pena. Pero fui a mirar cómo era la vaina, el movimiento, y empecé a trabajar con él, en el carrito de balines. Duramos tres meses reciclando cartón, archivo, plástico, vidrio.

"Cuando supe que estaba embarazada, mi 'Costeño' se puso feliz y rogaba que fuera una niña. Yo ya no pensaba en vicio porque tenía la mente puesta en el trabajo, pero si me quedaba en la casa sola, me acordaba de lo que viví antes y recaía. Él me puso a andar derechito".

La maternidad

"Mi hija Shirley nació hace un año en el Hospital Simón Bolívar y todo lo pagó el Cisben.

"Yo la llevaba a trabajar, la acomodaba en una esquina, le daba su pechito y la dejaba en un coche que me habían regalado mientras yo reciclaba por los lados. Pero cuando el 'Costeño' se fue a Barranquilla con la mamá del otro hijo que tiene, yo estaba vendiendo varitas de incienso y unos policías me quitaron el coche y casi se llevan a la niña, dizque para que cogiera vergüenza y no sacara los hijos a trabajar. Pero, yo ¿con quién la iba a dejar? Por fin el 'Costeño' me llamó y dijo que se venía adonde mí, porque yo era la que más lo quería.

"Ahora vivimos en una casa en la loma, donde no hay inseguridad y es para los tres solitos... Y pronto para los cuatro, porque tengo cinco meses de embarazo".

Más allá de las lamentaciones

Esta historia es similar a la de 10 millones de jóvenes que viven en Colombia entre pobreza e indigencia, según datos de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), y a la de las dos millones quinientos mil personas en Bogotá.

Para María Inés Cuadros, funcionaria de la Ong Save the children: "En el caso de Yoana ha fallado todo menos ella, quizás porque esa capacidad interna suya que asombra, le ha ayudado a superar la adversidad". Pero, cabe resaltar que Yoana recibió apoyo en El Redentor, atención hospitalaria del Cisbén y almuerzos en uno de los 241 comedores comunitarios del gobierno distrital, donde diariamente comen 67.000 personas.

Sin embargo, el Estado debería proporcionarle servicios y un trabajo para vivir dignamente mediante el reciclaje. Pero en Bogotá, la reglamentación de las cooperativas de recicladores generan inseguridad e inestabilidad, mientras en ciudades como Medellín se promueven políticas que, para dignificar este oficio, crean empleos en actividades de recuperación de productos comercializables, disminuyen la contaminación ambiental, reducen las importaciones y aumentan la productividad agrícola reutilizando desechos orgánicos.

Buen ejemplo es la Cooperativa Recuperar, creada en 1983 por el gobierno local, la empresa privada y los basuriegos, que en 1989 pasó a ser propiedad de los trabajadores y actualmente vincula a 1.898 personas que buscan condiciones de vida más dignas a través de este trabajo.

Es claro, entonces, que en casos como el de Yoana se deben hacer valer sus derechos fundamentales para tener acceso a educación, alimentación, salud, etc. Para lograrlo, María Inés Cuadros propone que por lo menos sus hijos se beneficien con las políticas públicas que han implementado los últimos gobiernos de Bogotá, especialmente la actual administración que ha puesto énfasis en aliviar la extrema pobreza.

Como una voz de las zonas rurales más vulnerables, Elías Córdoba, funcionario de 'Plan Internacional' en el Chocó, propone que el Estado solucione el desgreño administrativo y la corrupción en alcaldías y gobernaciones, recupere la seguridad alimentaria y nutricional, y dé prioridad a los derechos de la niñez.

En definitiva, problemas tan complejos requieren soluciones de fondo, como tomar conciencia para unir las voluntades del Estado, de los grandes empresarios y de la ciudadanía, y entre todos erradicar la pobreza de nuestro país.

Objetivos del Milenio

  • Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
  • Lograr la enseñanza primaria universal.
  • Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
  • Reducir la mortalidad infantil.
  • Mejorar la salud materna.
  • Combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades.
  • Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
  • Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

'CAMÁNDULA' (ROSARIO DEL CASTILLO) y
MARÍA CRISTINA ALVARADO
Especial para EL TIEMPO