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"Congreso admirable"

El naufragio de la ley sobre derechos a las parejas gays y la inclusión de un mico en contra de la Procuraduría, dejan mal parado al Congreso.

22 de junio 2007 , 12:00 a.m.

MUY MAL LIBRADO sale el Congreso de la legislatura que termina y, sobre todo, herido en un ala por la crisis de legitimidad derivada del escándalo de la parapolítica, que hoy tiene a 16 congresistas presos, a 10 más investigados por la Corte Suprema, a cinco que ya rindieron versión libre y a tres que renunciaron a sus curules. Un historial lamentable que dio hasta para que algunos plantearan la posibilidad de llamar al Congreso a calificar servicios.

La legislatura, que estuvo marcada por los debates sobre la influencia paramilitar en la política y cuyos tremores no sólo alteraron el desempeño y ritmo de trabajo de los congresistas sino que se sintieron en el despacho del propio Presidente de la República, dejó muy mal sabor. Un mal sabor acentuado por el despelote de las bancadas, en especial la del Partido de La U; el ausentismo en plenarias y comisiones; el pobre desempeño del ministro del Interior, Carlos Holguín, que con frecuencia olvida que es el ministro de la política y no el jefe del Partido Conservador; el cambio de puestos por votos, y cierta indiferencia del Gobierno que, a última hora, dejó huérfanos unos proyectos. 

No obstante, en la Casa de Nariño cantaron victoria por haber sacado, entre otros, el proyecto de las transferencias, el de Agro Ingreso Seguro, la ratificación del TLC, la Ley de Desarrollo Rural y el Plan Nacional de Desarrollo al que a última hora y con la bendición del alto gobierno le colgaron artículos polémicos y onerosos para el fisco, la reforma a la Ley 80 y el Estatuto de la Infancia y la Adolescencia. Todo esto lo quiso celebrar el Gobierno el martes pasado con un coctel para los congresistas, que acabó aguado porque en medio de los brindis iniciales en Palacio, en el Capitolio naufragaban dos importantes proyectos.

Los hundidos

Un proyecto vital se hundió en el Senado: la ley que reconocía derechos patrimoniales y se seguridad social a las parejas de homosexuales. Como la votación fue tan apretada -34 votos en contra y 29 a favor- el agua sucia la recibió el Partido de La U, pues seis de sus senadores, decisivos para sacar adelante la iniciativa, se voltearon y a última hora  votaron por el "no". Una muestra más de que el partido de Gobierno de partido no tiene sino el nombre y de que la ley de bancadas no está funcionando. 

El Gobierno tampoco se salvó de recibir palo en cabeza del ministro Holguín que hizo poco o nada para impulsar la iniciativa con la cual se había comprometido el Presidente durante su campaña por la reelección y quien en otra más de sus desafortunadas declaraciones dijo: "Ese era un proyecto sin trascendencia y, sinceramente, sin importancia". No pocos lo acusaron de hacerle el juego a los conservadores que no apoyaban la iniciativa.

La controvertida decisión también provocó insultos entre los senadores Armando Benedetti y David Name que casi se van a las manos, pero sobre todo el rechazo enérgico de organizaciones sociales que, como Colombia Diversa,  llevaban más de cinco años  jalonando el proyecto. "Que lo hubieran hecho en cualquiera de los cuatro debates que surtió el proyecto vaya y venga, pero que con una artimaña lo hayan hecho en la votación de la conciliación no tiene presentación", dijo Marcela Sánchez, directora de la mencionada ONG.

Pero el proyecto que desató la ira de la opinión contra el Congreso fue el del Código de Ética del Congresista, en el cual una comisión multipartidista metió un mico de grandes proporciones. El mico le quita facultades a la Procuraduría para investigar y sancionar disciplinariamente a los congresistas, y las traslada a las comisiones de Ética de Senado y Cámara.  

Los representantes Guillermo Rivera, del Partido Liberal, y Germán Varón, de Cambio Radical, prendieron las alarmas. Resultaba escandaloso que, en forma subrepticia, algunos congresistas hubieran metido un artículo que los beneficiaba en forma directa pues los convertía en juez y parte al mismo tiempo. El miércoles, Rivera y Varón enviaron una carta al Presidente en la que le pedían objetar el polémico artículo, considerado inconstitucional por el Procurador General, Edgardo Maya.

El jueves, el Presidente anunció que objetará el artículo del mico y a renglón seguido y para responder a voces que estaban subiendo el tono y proponían revocar el Congreso, dijo: "Uno no puede hoy, cuando estamos apuntando a tener tasas de crecimiento de inversión sostenidas del 29, del 26, del 28%, crearle inestabilidad al Congreso, no puede estar hablando de saltos al vacío, no puede estar hablando de Asambleas Constituyentes".

Y parece contradictorio que mientras en varias regiones del país crecen las denuncias de candidatos por amenazas y prácticas como el trasteo de votos,  también haya fracasado el proyecto para proteger el sistema electoral y con el cual se comprometió Uribe después de que estalló el escándalo la parapolítica. Resulta preocupante que el Presidente se haya desentendido del tema y lo dejara en manos del ministro Holguín, que demostró poco liderazgo para sacar adelante la iniciativa. 

La presidenta del Congreso, Dilian Francisca Toro, se lamentó porque la imagen del Congreso se vio afectada, pero insistió en que se trata de actuaciones individuales de algunos congresistas que no pueden "echar al traste con la prolífica labor del Congreso, que entregó proyectos e hizo debates de control político fundamentales para la consolidación de la democracia y el fortalecimiento de la institucionalidad". Una declaración retórica más que no logra borrar el inmenso desprestigio del Congreso.