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Bogotá es una ciudad condenada al ruido que se debate entre normas laxas y acciones poco efectivas

Eso hace que no sean los asesinatos, los accidentes de tránsito ni las riñas callejeras los motivos por los cuales la gente llama los fines de semana a la línea 112 de la Policía, en Bogotá.

17 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Las quejas que reciben los operadores, en su mayoría, son por algo más sencillo, pero muy perturbador: el ruido.

Los oficiales reconocen que no dan abasto desde el jueves, cuando comienzan las llamadas de personas desesperadas porque no pueden conciliar el sueño por el vecino que armó una rumba o el bar que tiene la música a todo volumen.

Hoy, en las noches, Bogotá es custodiada por cerca de 3.000 patrulleros que se "desgastan" tratando de controlar un asunto que "tiene que ver más con la cultura ciudadana que con la propia Policía", aclara el comandante de esa institución en Bogotá, el coronel Rodolfo Palomino.

Las estadísticas se dispararon

"A mi juicio, el tema del ruido radica en una indisciplina social. Nuestros agentes se la pasan de sitio en sitio, pidiendo que le bajen al volumen, cuando deberían estar en otros asuntos más propios de su labor", agrega Palomino.

Sin embargo, el alto oficial sabe que el problema del ruido no es un asunto cualquiera en Bogotá. La capital del país puede alcanzar, en algunas ocasiones, los niveles de Buenos Aires, la más ruidosa en toda América Latina y la cuarta en el escalafón mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las cifras de la Personería Distrital reflejan que los reclamos ante las alcaldías locales en Bogotá se dispararon entre los años 2005 y 2006, al pasar de 423 a 620.

Eso sin contar con las 917 peticiones que se elevaron en ese par de años ante la propia Secretaría de Ambiente de la Alcaldía Mayor. A corte de mayo, en ese despacho ya se habían radicado 180 quejas.

Los sitios más ruidosos en la capital están claramente identificados. Por localidades, Kennedy está a la cabeza, seguido de Chapinero y Engativá, por los problemas generados por el ruido de los aviones al despegar y aterrizar en Eldorado.

Incluso, ya se conocen los sitios exactos donde en ocasiones el ruido puede sobrepasar los 90 decibeles, cuando lo permitido en una zona comercial es de 70: está la Zona Rosa, el Parque de la 93, las calles 51 y 53, la Pepe Sierra, y la avenida Primero de Mayo.

Es más: se sabe que el problema del ruido en la ciudad, en un 60 por ciento, es causado por los rumbeaderos, y en 40 por ciento, por las industrias y las fábricas.

Alcaldía, con un balance pobre

Pero la realidad hoy es que de poco o nada han valido estos diagnósticos, porque los organismos de control en Bogotá critican la labor del alcalde Luis Eduardo Garzón para hacerle frente a este problema que trastorna la salud y que en otras ciudades del mundo está en los primeros lugares de preocupación de los gobiernos.

Marcelino Sánchez, personero delegado para el Medio Ambiente y el Desarrollo Urbano, cuenta que ya le han tenido que dar dos ultimátum a la Alcaldía, en el último año, por la poca efectividad de sus acciones.

"Los planes que se han puesto en marcha no se compadecen con la realidad y vemos que se acerca el fin del (gobierno del) alcalde Garzón sin resultados en esta materia", advierte Sánchez.

Su colega en la Contraloría Distrital, José Corredor -director de Recursos Naturales y Medio Ambiente- también pone el dedo en la llaga. "Las acciones no han sido efectivas, el problema se salió de control y es claro que tiende a empeorar", dice.

En últimas, agrega Corredor, la Alcaldía ha sido reconocida por sus avances en educación y salud, pero por dejar muy a la deriva el tema del medio ambiente.

Por ejemplo, el llamado plan de mejoramiento frente al ruido contemplaba poner en marcha, en septiembre del 2006, una agresiva campaña de comunicación contra el ruido, pero no se cumplió, según la Personería.

Y a esos pobres resultados se suma la laxitud de las normas: un policía no puede hacer nada más que llamarle la atención al vecino ruidoso, y en el caso de los sitios de rumba, un proceso de cierre puede demorar hasta dos años, por toda clase de trampas legales por parte de los dueños de los establecimientos ante los estrados judiciales.

Frente al panorama, la secretaria de Ambiente del Distrito, Martha Liliana Perdomo, dice que "lamenta" las duras críticas de la Personería y la Contraloría. "Es posible que hayamos tenido fallas, pero venimos haciendo esfuerzos", comentó.

Agregó que se avanza en la elaboración de los mapas digitales de ruido, para poder determinar a ciencia cierta los sitios donde se viola la norma para poder actuar, y destacó el papel de los sonómetros (con los que se mide el nivel del ruido), pese a que 11 de ellos están en ajuste.

La Secretaría de Ambiente informó que este año ha hecho 404 "actuaciones" para reducir los niveles de ruido, debido a derechos de petición de la gente.

La funcionaria prometió que próximamente se pondrá en marcha, por fin, la campaña en los medios de comunicación para sensibilizar a los ciudadanos sobre la importancia de reducir el ruido.

Habrá una campaña de expectativa y, de entrada, se avecina algo que se ha denominado el Primer Paro Nacional del Pito.

YESID LANCHEROS
REDACTOR DE EL TIEMPO
yeslan@eltiempo.com.co