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Pilotos sobre las arenas de los desiertos petroleros del Golfo Pérsico

De un día para otro, quedaron en la calle. Cuando la aerolínea colombiana Aces cesó sus operaciones en agosto del 2003, la vida les cambió a cerca de 200 pilotos.

16 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Pero hoy, casi 4 años después, a muchos de ellos la vida les sonríe. Ahora trabajan en los cálidos desiertos petroleros del Golfo Pérsico, donde, tras la crisis aeronáutica provocada por los atentados del 11-S, se está viviendo una expansión sin precedentes.

Y mucho más que eso: tienen el privilegio de operar en aeropuertos que si se hubieran quedado en Colombia difícilmente hubieran conocido; y de pilotear los más modernos aparatos. Entre ellos estará el Airbus 380, el más grande del mundo.

En las aerolíneas de Oriente Medio, hay alrededor de 25 pilotos y copilotos colombianos, 12 de ellos en Qatar Airways.

Hugo Espejo, copiloto de un Airbus 330, es uno de ellos: "Cuando colapsó Aces, todos quedamos cesantes. Como el mercado interno ya estaba copado, tuvimos que empezar a enviar hojas de vida. Descartamos empresas de E.U. y Europa, porque exigen residencia y pasaporte de allí y las licencias no están homologadas. Y las latinoamericanas prefieren a sus nacionales. Así que las enviamos al Golfo Pérsico. Acá estoy desde principios del 2004. Es una de las mejores experiencias de mi vida. Es fascinante".

"Viviendo acá en este mundo árabe uno aprende a entenderlo. No es un nido de terroristas, como se suele pensar en Occidente, sino que son personas muy consagradas. Nunca, en el tema de seguridad, me he sentido intranquilo", responde el capitán Félix Martínez cuando se le pregunta si guarda algún temor por el terrorismo islámico. Martínez es capitán de un A-330.

Para los colombianos llegar a esta aerolínea fue como entrar a las grandes ligas de la aviación. No solo porque maneja altísimos estándares operativos sino por la gran cantidad de destinos que cubre.

Por vivir en un país árabe-musulmán, donde se supone que las mujeres están relegadas, se podría pensar que una mujer copiloto tendría dificultades. Pero no. Adriana Mejía, en un Airbus 320 -como los que tenía Aces-, se ha sentido muy a gusto. "No hay restricciones en el vestir, no hay discriminaciones. El ambiente es de absoluto respeto".

"No hay lugar para nostalgias: El mes pasado estuve en Singapur, Manchester, Osaka, Casablanca, Bangkok y Shanghái. Este mes estaré en Londres, Múnich, Fráncfort, Hong Kong y Manila", dice Espejo.

La única nostalgia es, quizás, la de Adriana. "En Colombia, uno se despierta con el sol en contraste con el verde de las montañas. Acá, con el del sol en la arena del desierto. Eso es otra cosa".

EDUARD SOTO GUERRERO
REDACTOR DE EL TIEMPO