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Yo-Yo Ma hipnotizó a los asistentes al Teatro Colón en más de dos horas de concierto

El músico nacido en París pero criado en Nueva York demostró, con el recital del jueves en Bogotá, porqué es considerado uno de los grandes genios contemporáneos para interpretar el violonchelo.

15 de junio 2007 , 12:00 a.m.

La fuerte ovación con que el público bogotano recibió la noche del jueves a Yo-Yo Ma, la relación entre las 960 personas que llenaron el auditorio y el violonchelista quedó sellada.

A las 8:08 p.m., con pasitos cortos, el músico salió de entre el telón y con leves gestos de agachar la cabeza, y sonrisa de anime japonés, respondió el saludo de un público ávido por escucharlo.

Junto a él se sentó la pianista inglesa Kathryn Stott, que lo acompañó y secundó en su presentación de Bogotá. Lo demás fue música.

Tres minutos después, el artista abrió el recital con una pieza del compositor austriaco Fran Schubert.

Sonata en la menor para viola y piano es el título de esta obra que fue la apertura no de un concierto ni un recital sino de "un acto de hipnotismo a través de la música", como lo comentó uno de los espectadores durante el intermedio del espectacúlo, que el artista realizó con el instrumento que toca desde los 4 años.

Lo de "acto de hipnotismo" lo confirmaron las dos piezas siguientes: Sonata en re menor, del ruso Dmitri Shostakovich, y Le Grand Tango, del argentino Ástor Piazzolla.

Así, mientras los dedos del artista se movían por el instrumento, las personas -embelesadas con la música que lograba sacarle Yo-Yo Ma a su violonchelo- seguían el ritmo de las piezas.

En ese momento, entre el público, cualquier posición servía para disfrutar el concierto. O sino que lo digan la señora que para evitar el dolor de espalda, recostaba, erguida, su cabeza en una columna, la niña que descansaba la suya sobre el hombro de su mamá, o el hombre que, concentrado, acompañaba el recital de violonchelo y piano echando uno que otro vistazo al programa.

Sobre las 9:09 de la noche llegó el intermedio y los "¡Bravo, Bravo!" y los aplausos de personas de pie no se hicieron esperar.
El romance entre público y artista continuaba.

Relación que siguió con Bodas de Prata & Quatro canto, obra del brasilero Egberto Gismonti y la Sonata en la mayor para violín y piano, del belga nacionalizado francés César Frank. Al final el sabor de boca, -mejor, de oído- no pudo ser mejor. El público abandonó el Teatro Colón con la sensación de haber escuchado más de dos horas de música que tranquiliza y endulza el alma.

Y si el aplauso de bienvenidas fue fuerte, quizás esta palabra se queda corta para describir como, al finalizar, los asistentes despidieron y le agradecieron a Yo-Yo Ma, el violonchelista -mejor, el hipnotizador- y su asistente, la pianista inglesa Stott, por su música. ¡Chapeau!

WÍLMAR CABRERA PINZÓN
Redactor de EL TIEMPO