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Al descubierto

El cáncer de ovario tiene síntomas y es posible detectarlo tempranamente, asegura un grupo de expertos en contra de la creencia tradicional.

15 de junio 2007 , 12:00 a.m.

CUANDO ESCRIBÍA el guión de la película Mi vida sin mí (2003), la directora y libretista Isabel Coixet se puso en contacto con la Sociedad del Ovario en Vancouver, Canadá. Para los efectos dramáticos de su obra, necesitaba que la protagonista de su filme padeciera una enfermedad que fuera verosímil en una persona de 23 años y, además, acabara con su vida en un lapso de dos meses. La Sociedad le envió a un experto para que les hablara a ella y a la actriz principal, Sarah Polley, sobre los padecimientos propios del cáncer de ovario. De ese modo, las dos mujeres fueron construyendo a Ann, personaje que después de enterarse de que padece esta enfermedad decide mantenerla en secreto y hace una lista de cosas que quiere realizar con toda la pasión posible antes de morir.

Coixet no se equivocó: hay cánceres que no dan plazos, y el de ovario es uno de ellos. Aunque alrededor del 70% de las veces se presenta en mujeres posmenopáusicas, no es extraño incluso en mujeres menores de 20 años, y aún menos raro es que se diagnostique cuando se ha diseminado con rapidez por varios órganos y tejidos del cuerpo. El cáncer de ovario, aseguraban los expertos, no tiene síntomas; cuando se detecta ya es tarde.

Sin embargo, un grupo de expertos estadounidenses acaba de controvertir esta idea y dar una luz de esperanza para evitar que las mujeres mueran por esta enfermedad. Aunque muy sutiles, el cáncer de ovario sí tiene síntomas. Inflamación en el vientre, dolor pélvico o abdominal, dificultad para comer o sensación rápida de llenura y ganas frecuentes y urgentes de orinar pueden ser señales de su presencia. Cuando estos síntomas se manifiestan casi a diario durante más de dos o tres semanas, y en especial si son extraños en el estado habitual de salud de la mujer, es aconsejable ir al ginecólogo para descartar que no se trate de un tumor en un ovario.

Las nuevas recomendaciones, que serán formalmente anunciadas el próximo 25 de junio, fueron hechas por la Fundación del Cáncer Ginecológico, la Sociedad de Ginecólogos Oncólogos y la Sociedad Estadounidense de Cáncer. "La mayoría de las veces, estos síntomas no serán cáncer de ovario, pero es algo que debe ser considerado", aseguró a The New York Times Bárbara Goff, directora de ginecología oncológica de la Universidad de Washington, en Seattle, cuyos estudios, al igual que el de otros investigadores, demostraron que estos síntomas estaban presentes en mujeres con cáncer de ovario de una manera más frecuente que quienes no lo presentaban.

Los médicos esperan que las recomendaciones hagan a las mujeres y a los doctores más conscientes de los síntomas tempranos. En efecto, cuando el cáncer es encontrado y removido antes de que se disemine fuera del ovario, el 93% de las pacientes tienen una supervivencia de cinco años. Sin embargo, en Estados Unidos sólo el 19% de los casos se encuentran tempranamente y apenas el 45% de las mujeres con la enfermedad sobreviven cinco años tras el diagnóstico. En contraste, entre las mujeres con cáncer de mama, el 89% sobrevive este mismo lapso. Por eso, según los expertos, tres meses sin tomar cartas en el asunto bastan para que el cáncer de ovario haga metástasis.

Más allá de la validez de los nuevos hallazgos, aún existen serias dudas sobre su impacto en la reducción de la mortalidad. "El dolor abdominal o la urgencia para orinar siguen siendo síntomas muy inespecíficos y no es aconsejable presentarlos como sinónimos de cáncer", asegura el ginecólogo-oncólogo Joaquín Luna. De hecho, no es de descartar que las nuevas recomendaciones repercutan en una avalancha de exámenes o de cirugías innecesarios.

Pero la otra cara de la moneda es la reiterada despreocupación de los médicos ante los síntomas de este cáncer, pues muchos los atribuyen al envejecimiento o la menopausia. De hecho, una encuesta con 1.700 mujeres estadounidenses con cáncer de ovario encontró que el 36% habían recibido inicialmente diagnósticos equivocados, como depresión o síndrome de colon irritable, y al 20% les informaron que no tenían nada. En el mismo sentido, Raúl Murillo, subdirector del Instituto Nacional de Cancerología, asegura que efectivamente muchos de los síntomas se camuflan en pasajeras dolencias digestivas, urinarias o reproductivas. "Frente a esta sintomatología bizarra -dice Murillo-, las campañas contra el cáncer de ovario no están orientadas a las pacientes, sino más bien a los médicos para que puedan ofrecer una adecuada orientación de su diagnóstico".

Aún faltan muchos temas por esclarecer sobre este cáncer que mata silenciosamente. Con seguridad, las nuevas recomendaciones encenderán muchas falsas alarmas, pero como aseguró la ginecóloga-oncóloga Bárbara Goff, la idea no es "asustar a la gente, sino armarla con información apropiada".

UN CÁNCER COMPLICADO

Detectar un cáncer de ovario en fase temprana por lo general es un golpe de suerte y el resultado de la consulta por otro motivo.  Los expertos recomiendan diferenciar las situaciones de riesgo de las que no lo son: ni las inflamaciones transitorias durante el periodo menstrual, ni las indigestiones frecuentes, ni los problemas urinarios deben confundirse con el cáncer. Sin embargo, las infecciones urinarias justifican una consulta con el médico, lo cual puede repercutir en una detección oportuna. También es preciso tener cuidado cuando los síntomas aparecen repentinamente y se mantienen durante semanas.

730 muertes al año causa el cáncer de ovario en Colombia, según el Instituto Nacional de Cancerología. Anualmente aparecen 1.878 nuevos casos.