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Bar underground / 'Socorro', el más alternativo

Un sitio que es único, sui generis, cuyas mesas parecen de una antigua pollería, pero que brilla por su música.

14 de junio 2007 , 12:00 a.m.

En ¡¡¡Socorro!!! solo hay cuatro mesas. Cada una tiene dos sillas altas, en cuerina negra. Allí, bajo la luz de las lamparas a manera de faroles rojos, se acomodan las personas que llegan a este resturante ochentero convertido en bar . Los demás están de pie. Caminan, Saltan. Bailan.

En ¡¡¡Socorro!!! solo hay una barra, el resto es espacio. Una pared de espejos en cuadrículas que deforman la imagen de cualquiera antes del primer trago y un rincón con el "muerto" para el Dj de turno que pincha rock, pop y electrónica.

"Aquí no hablamos de géneros, pues la música se siente por sí sola, más allá de las etiquetas", dice Rodrigo, uno de los tres encargados del ritmo y sonido en el lugar.

Así es ¡¡¡Socorro!!!. Eso para hablar solo del primer nivel de este lugar que manda la parada underground, en el centro de Bogotá, enfrente de la Plaza de Toros La Santamaría.

Porque escaleras abajo, adentro, cuando la temperatura por los tragos, la ginebra tónica de ocho mil, la cerveza -solo venden Águila- de tres mil, el whisky: Vat 69 de seis mil, Sello Rojo de ocho y el bourbon Jack Daniels de diez mil, aceleran el ritmo de la noche, entonces es momento para bajar a una especie de sótano o segundo nivel.

Más oscuro, más under, más bajo, esta el espacio-tarima por donde desfilan baterías, bajos, guitarras, teclados y amplificadores de la nueva sangre del rock bogotano.

Así, una noche, se puede oír a Yacuzzi, otra a Superninja, y una más a Los McGregors, Qykymark, Beatzarros, o Tumbacatre. Gracias a un cover de diez mil pesos, que incluye una cerveza, desde las 9:30 de la noche a 3 de la mañana.

"Con la música y los conciertos se trata de mantener la escena local", casi que grita Paula, una de las barwoman del lugar, detrás de la barra, mientras una chica de medias arcoriris baila sola en el centro del lugar. Así es Socorro, una veces se llena y ni siquiera el sudor cabe. Otras, el espacio se hace grande. Apenas para pedir otra ginebra tónica y esperar... esperar a que las guitarras le roben un acorde a la noche y el grito del vocalista se desgarre pidiendo socorro para el rock desde ¡¡¡Socorro!!!

Wilmar Cabrera
Redactor de EL TIEMPO

¿Dónde?
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