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Reflexión / ¿Para qué?

Por: Hernándo Gómez Buendía

12 de junio 2007 , 12:00 a.m.
Desde los tiempos del General Rojas Pinilla, todos o casi todos nuestros gobernantes han soltado guerrilleros presos y han recurrido a maniobras legales para perdonar ciertos delitos en aras de la paz.

Nada de raro tiene pues que Uribe II haga lo mismo, que suelte a Granda y a los 200 presos de las Farc, y que también cocine alguna fórmula para que los parapolíticos no tengan que pagar condenas de verdad.

Y sin embargo hay una diferencia. Los indultos o rebajas de antes se concedían a cambio de deponer las armas, de devolver rehenes o cuando menos de ayudarle a la justicia. Rojas, Lleras Camargo, Barco y Gaviria perdonaron para que el grupo armado se desmovilizara -igual que hizo Uribe I respecto de las AUC-. Turbay, Samper y Pastrana perdonaron para que la insurgencia entregara secuestrados.

Y casi todos los perdones disfrazados o abiertos a los narcos se han hecho a condición de que el favorecido ayude a encarcelar a otros culpables.

En cambio ahora no se ve de qué manera la liberación de Granda y los 200 guerrilleros contribuye a la paz. Ni tampoco se ve de qué manera contribuye a la paz el perdonar a los congresistas presos o a los señores del establecimiento que se untaron de crímenes atroces.

No hay no hay entrega de rehenes, no hay desmovilización, no hay denuncia de cómplices que justifiquen ninguna de las dos movidas. No hay aporte que importe a la verdad, a la justicia o a la reparación, como supone un genuino proceso de paz.

Empecemos por los lados de las Farc. Tras varios años de ires y venires sobre el ansiado intercambio humanitario, el gobierno decide entregar sin recibir, y sin buscar siquiera que su 'gesto' ayude a liberar los secuestrados o facilite el diálogo sobre ellos: las Farc dicen que se trata de "civiles inocentes" o, peor, de "desertores", y que ninguno de los excarcelados puede tomar su vocería.

El caso Granda da pie a una cierta esperanza, porque Francia quizás podría usarlo para obtener la libertad de Ingrid. Pero en efecto, Granda no va a ayudar por dos razones muy simples: porque las Farc no pueden aceptar que "su" vocero sea escogido por el enemigo, y porque Sarkosy le tuvo que pagar a Uribe en el G-8 vale decir, tuvo que actuar en contra de las Farc.

De manera que soltar a los guerrilleros presos no forma parte del libreto de la paz sino parte del libreto de la guerra. Se trata de dejar una constancia para luego intentar el rescate por la fuerza, o por lo menos de dejar sin piso a quienes claman por el intercambio.

Se trata de desprestigiar a las Farc ante el mundo y de aumentar el apoyo exterior para la mano dura. Y se trata de un intento de dividir a las Farc, montándole una disidencia que negocie, aunque sea desde la cárcel.

Sigamos con los parapolíticos. Con la Ley de Justicia y Paz todos sabíamos que habría poca justicia y poca compensación: entre 5 y 8 años en cárceles campestres por otros crímenes atroces, y quizás devolver algunas de la tierras robadas.

Así que nos íbamos a quedar con la verdad: los señores de las AUC admitirían sus desmanes y denunciarían a sus cómplices en el establecimiento.

Y es que, en efecto, el ofrecer perdones o rebajas de pena al delincuente que delate a sus cómplices es un recurso normal de la justicia.

Sin ir muy lejos, es el 'plea bargaining' que los gringos a cada rato emplean con los capos. Sólo que esta versión criolla - y aunque Ripley no lo crea- el beneficio no es para el que denuncia sino para el denunciado, no es para el Mancuso o Báez que delata sino para el congresista, el general o el gerente que pretendía pasar a escondidas.

No hay pues que ser malpensado para pensar mal. La propuesta de rebajar o perdonar a los políticos amigos del gobierno es un simple favor a los amigos. Y la liberación de los presos de las Farc es una audaz jugada de la guerra y es además una cortina de humo para que no se note el favor que sabemos.