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Había una vez... / Manifestaciones no son asunto de la niñez

Por Diana Mireya Pedraza

07 de junio 2007 , 12:00 a.m.
Los niños y niñas son sujetos de derechos.

En las últimas semanas el escenario común de la niñez en las diferentes ciudades del país fue la plaza pública.

También lo fueron la marcha masiva, la obstrucción de vías, la protesta pacífica y la toma de las instalaciones educativas.

Este cúmulo de acciones muestra una niñez que aparentemente exige derechos y protesta por las decisiones del gobierno frente al TLC, las trasferencias, el salario de maestros y la educación.

La voz que se levanta con mayor fuerza es la que invoca el derecho a la libre expresión y a la educación.

Sin embargo, cuando escuchamos el testimonio de los niños y las niñas en las manifestaciones y vemos imágenes en los medios de comunicación en donde la niñez esta rodeada por adultos con pancartas, quienes airosos gritan arengas que se mezclan con el control de la fuerza pública, es que podemos afirmar que las manifestaciones no son asunto de la niñez y que estos no son escenarios propios para ellos, para exigir derechos.

Por el contrario, son puntos de encuentro en donde se vulnera el derecho a ser niños y niñas.

Dentro de los derechos que plantea la Convención de los Derechos de los Niños y las Niñas se encuentra la libertad de expresión y la educación, pero existe también el derecho a ser niño y niña; por tanto las manifestaciones de adultos en donde se involucra a la niñez constituyen el muro invisible de vulneración en un juego en donde a la luz de los derechos de la niñez se buscan garantías para los adultos.

Los escenarios propios de la niñez están alejados de la manipulación y utilización, pues estos se generan a partir del diálogo argumentativo, la libre expresión, la espontaneidad, el respeto y la protección integral; en esa medida los derechos de la niñez no se exigen, se garantizan y el Estado, la familia y la sociedad son los guardianes cotidianos en el cumplimiento de estos. Aquí el derecho a ser niños y niñas prevalece por sobre las necesidades de los adultos.

Exigir una educación de calidad significa tener instalaciones adecuadas, maestros idóneos, proyectos educativos prospectivos y espacios de creación cognitiva y lúdica, entre muchos otros elementos, sin embargo, a simple vista, podríamos decir que estas acciones se acercan a ese ideal de la educación.

Tener derecho a expresar su opinión significa tener la posibilidad de expresar libremente ideas que se comparten con los otros.
Y tener derecho a ser niño y niña significa poder sorprenderse en lo cotidiano, jugar, ser protegido por los padres y poder vivir con las garantías necesarias para desarrollar todo el potencial humano que la niñez tiene.

En este sentido, los derechos de la niñez no se negocian, se garantizan y se deben asumir con todo el rigor y la responsabilidad que la Constitución plantea.

El artículo 31 de la Convención d elos Derechos de los Niños y de las Niñas establece:

1. Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes.

2. Los Estados Partes respetarán y promoverán el derecho del niño a participar plenamente en la vida cultural y artística y propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad, de participar en la vida cultural, artística, recreativa y de esparcimiento.