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Piojos hay hasta en la realeza, no los esconda

Por Carlos F. Fernández, asesor médico de EL TIEMPO

05 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Lea esto sin que nadie lo vea, pero acepte que los piojos existen en todos los estratos y que si no los ha tenido, seguro alguien cercano a usted sí. Como no es para sentir vergüenza, tenga presente los siguientes consejos.

  • Conózcalos. Los piojos son parásitos de 3 milímetros parecidos a las arañas, que se alimentan de sangre que chupan del cuero cabelludo. Viven más o menos un mes, pero las hembras ponen diez liendres (huevos) diarios, a los que mamita los unta de quitina para que se peguen machamente al pelo del afectado. ¡Ah!, la saliva del bichito rasca que da miedo.
  • Aprenda. La infestación por piojos no es peligrosa, pero los síntomas, como el escozor y las lesiones por el rascado permanente, producen dermatitis e infecciones que pueden complicarse. De ahí la necesidad de extraditarlos.
  • Deje la bobada. Como la gente cree que los piojos solo están relacionados con la falta de higiene y la pobreza, oculta el problema. Nada de eso: hasta en Hollywood los hay.
  • Que se pegan, se pegan. Estos inquilinos no saltan ni vuelan, pero se mueven rápido y pasan de una cabeza a otra por contacto directo o si se comparten gorras, peines, bufandas y almohadas de personas empiojadas.
  • Pilas. Así su hijo vaya a Eaton College, al lado de la familia real, revíselo, más si se rasca todo el tiempo. Un piojo no respeta alcurnia. Deje la pereza: hágalo con el pelo mojado, mechón por mechón, bajo una lámpara y con una lupa.
  • Agüita caliente. Todos los objetos que hayan sido usados por una persona infestada deben lavarse con agua hirviendo, por más de diez minutos. Ellos se mueren de hambre después de 48 horas fuera de la cabeza. Mejor dicho: con dejar la gorra en el patio dos días tendría.
  • Délos de baja. Utilice los piojicidas en loción o champú que se consiguen en las droguerías. Consulte con el médico sobre el más adecuado y menos tóxico.
  • Ahora las liendres. Aplique toquecitos de vinagre en el cuero cabelludo para ablandar la quitina. Después, pase el consabido peine fino para sacarlas. No se confíe: repase y métale uña si es necesario. Si alguna insiste en quedarse ahí, no lo dude, arranque ese pelo.
  • No deje así. Esta es una guerra sin cuartel. Así que repita la tareíta a los siete y a los catorce días para eliminar lo que queda.
  • Por último. No use remedios caseros y mucho menos insecticidas (junto con el piojo acabará con su hijo). No lo calvié ni lo aísle. Si hay infección, consulte. Y no le dé pena: yo los tuve.