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Hay fiebre de polígrafo: cada vez más empresas exigen esta prueba para contratar empleados

Como el pasado judicial, se está volviendo una exigencia 'conectarse' al aparato para acceder a un puesto. También se utiliza cada 3 ó 6 meses para pruebas de 'mantenimiento' a empleados.

03 de junio 2007 , 12:00 a.m.

Es tal el boom del polígrafo que, cada mes, por lo menos 300 empresas en el país hacen estas pruebas, sin contar las que se hacen en las Fuerzas Militares y los organismos de seguridad. Entre los sectores que más piden el servicio están construcción, aerolíneas y comercio, tanto nacionales como multinacionales, aparte del de seguridad y financiero.

Tampoco es extraño que, cuando hay un robo, lo primero que se busque sea una 'máquina de la verdad' para intentar desenmascarar al responsable.

"Cada rato nos llaman petroleras para que les prestemos a nuestros poligrafistas, pero esa no es nuestra tarea", dice una fuente del DAS.

Detrás del instrumento -cuya efectividad aún no termina de convencer a muchos- hay un negocio millonario: por persona sentada, una compañía (hay unas 40 en el país que prestan el servicio) pueden cobrar 200.000 pesos y, si se la contrata para un caso específico, por ejemplo un robo, la suma puede llegar hasta 600.000 pesos por sesión.

Diplomas y referencias falsas

Hace siete años, los poligrafistas en el país -muchos preparados en México y en E.U.- se contaban con los dedos y la mayoría estaba en organismos de seguridad del Estado.

Hoy son más 200 y manejan un centenar de equipos importados especialmente desde E.U. Incluso, ya se agremiaron en una asociación y en una sociedad.

En Bogotá ya hay una escuela. El curso dura 320 horas -tiempo que exige la Superintendencia de Vigilancia- y puede costar unos 12 millones de pesos. Los estudiantes deben tener mínimo una carrera profesional. Acuden especialmente psicólogos y últimamente abogados, debido a que el nuevo Sistema Penal Acu-satorio abre la puerta a que un juez puede aceptar este tipo de prueba en un proceso.

Carlos Bochel, presidente de la Sociedad de Poligrafistas, asegura que la principal preocupación de sus clientes es la infiltración de la delincuencia común, de grupos armados y del narcotráfico.

Alexandra Arias, presidenta de la Asociación, dice que es común descubrir, a través de la prueba, el uso de diplomas falsos, suplantación de identidad y referencias mentirosas. La decisión de contratar o no y hasta de entablar una denuncia queda en manos de los clientes.

"Las pruebas no garantizan que los empleados que no las pasen vayan a tomar el camino equivocado, pero sí dan una pauta", dice Arias.

Pero aún con su 'máquina de la verdad' los poligrafistas tienen terrenos vedados: no pueden hacer preguntas sobre sexualidad, religión o política.

El polígrafo no es infalible

En la comunidad científica no hay consenso sobre la confiabilidad del polígrafo, aunque los que manipulan el instrumento dicen que es del 98 por ciento. El aparato determina alteraciones mínimas del sistema nervioso autónomo, que se activa en condiciones de tensión o de tranquilidad, de manera involuntaria. A ese sistema pertenecen los movimientos oculares, la sudoración, la apertura de poros de la piel, los cambios de la respiración y la frecuencia cardíaca, entre otros.

Sin embargo, se sabe que algunas personas han burlado las preguntas del polígrafo con técnicas como la relajación. Se ha determinado, también, que una persona con delirio no se puede hacer la prueba, debido a que cree en lo que dice aunque no sea real. Y no faltan los que después de perderla piden un segundo chance porque, dicen, "estaban nerviosos".

Legalmente, nadie, ni siquiera los empleados públicos, está obligado a realizarse la prueba.

Así es la prueba en el polígrafo

  • Cualquier movimiento. Cuando se sienta el interrogado, hay un sensor que detecta cualquier movimiento. Uno continuo puede ayudar a detectar que no dice la verdad.
  • Respiración y corazón. Se les ponen tres bandas en el cuerpo. Una de ellas se le ajusta en el tórax y otra en el abdomen. Sirven para identificar los movimientos respiratorios (cuando hay engaño, posiblemente hay una aceleración). La tercera, que va en el brazo, analiza la presión sanguínea.
  • Sudor y sangre. Se adapta un sensor infrarrojo en el dedo pulgar que mide los cambios en el volumen de la sangre. A su vez, se incorpora otro sensor galvanómetro en la falange del dedo anular y otro en el índice, los cuales miden cambios mínimos en la conducción eléctrica de la piel de la persona.
  • Salen 3 gráficas. Todo va conectado a un polígrafo, el cual transmite la información a una computadora. De cada prueba salen tres gráficas que son analizadas por el poligrafista.

$ 28.000 millones en robos internos

El comercio -uno de los renglones que más utiliza el polígrafo- tiene pérdidas millonarias por robos que se cometen internamente. En 11 cadenas de supermercados se pueden perder al año 28.600 millones de pesos por esta causa (el 17 por ciento del total), según la Fenalco.

"El polígrafo me parece útil, pues hoy los empresarios debe ser más rigurosos para hacer investigaciones y saber el perfil de sus empleados", dice Guillermo Botero, presidente de Fenalco.

Entre las aerolíneas, la utilización del instrumento es exigido a las empresas que proveen el personal que está en el aeropuerto y que tiene contacto con maletas y cargas.

Básicamente, lo que les interesa con la prueba es descubrir si alguno de ellos tuvo contacto con narcóticos.

"En la prueba se pregunta si consumen droga, pues está demostrado que estas personas pueden ingresar al tráfico -explica Ana María Rubio, vicepresidente de Talento Humano de Aero República-. Sí nos ha servido, porque se encuentra dónde está la ruptura del comportamiento".

'Muchos nervios'

Es frecuente que a los funcionarios judiciales les hagan la prueba del polígrafo para ingresar al cargo.

Y por lo menos una vez al año, dependiendo de sus funciones, lo repiten.

En el DAS, pasar el examen es requisito para aspirar a cualquier plaza. Ya se han realizado 2.210 pruebas y por sus resultados hay 529 investigaciones internas. Se realizan con mayor frecuencia entre los funcionarios que manejan áreas sensibles o están en zonas donde existe mayor riesgo de infiltración de un grupo armado ilegal.

EL TIEMPO habló con uno de los funcionarios que han estado frente al polígrafo.

Él contó su experiencia bajo la condición de que se mantuviera la reserva de su nombre y la del organismo para el que trabaja.

"Desde que uno va llegando hay muchos nervios, no por ocultar algo, sino por el hecho de tener que responderle a una máquina. Uno empieza como a sudar frío", dice.

Antes de sentarse frente al polígrafo pasan por una entrevista que dura en promedio unas dos horas. No es extraño que algunas de esas pruebas las hagan extranjeros, usualmente estadounidenses o británicos

"Es como una charla. Empiezan con preguntas sobre la familia, si uno es casado, los hijos, sobre la fidelidad, cómo vive, sobre la infancia, sobre lo que dirían de uno los maestros del colegio. Luego pasan a las más fuertes. Si ha consumido drogas, alcohol, si ha tenido vínculos con narcotraficantes, con grupos terroristas, si se ha beneficiado de ellos...".

Luego, dice, llega el momento de la verdad, cuando las respuestas tienen que ser simples 'sí' o 'no', sin explicaciones de ningún tipo y cuando cada suspiro es registrado por el implacable aparato.

Un caso

Clara es una boyacense de 43 años que ha levantado a sus dos hijos a punta de 'ordeñar' una greca en elegantes oficinas del norte de Bogotá.

Hace un tiempo, cuando quiso cambiar de puesto y servir tintos en otra oficina, presentó su hoja de vida y 15 días después llegó a la entrevista.

Durante dos horas parecía ratón de laboratorio: sensores en los dedos que le medían hasta el pestañeo; bandas apretadas en el cuerpo y, al lado, un monitor que dibujaba ondas que se movían cada vez que hablaba.

"¿Ha robado?" "¿Ha recibido propuestas para vender información?" "¿Tiene vínculos con delincuentes?", fueron algunas de las preguntas que le hizo el poligrafista de turno, quien no le quitó los ojos a cada uno de sus movimientos, después de 'romper el hielo' en una charla informal.

"No estaba nerviosa, porque el que nada debe, nada teme", dice Clara, quien pasó la prueba de ingreso y ya se acostumbró a las de rutina.

Pasado judicial, hasta para la universidad

La 'estrella' de las pruebas de seguridad sigue siendo el pasado judicial.

Para el DAS se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza la alta de demanda de solicitudes para obtener ese documento, que cada vez se pide para más trámites.

Lo exigen para renovar contratos, para ascensos y para tener permiso para blindar carros. Y son varias las universidades que incluyen entre los requisitos para matricularse en especializaciones que se adjunte pasado judicial vigente.

Las empleados de compañías de vigilancia privada y taxistas afiliados son de los primeros en llegar a las filas frente a las oficinas del DAS en todo el país.

Hace cinco años, se atendían en la sede de Bogotá unas 1.700 personas diarias.

Hoy la cifra llega a las 4 mil. "El 70 por ciento de las solicitudes es para hojas de vida que apenas entran a competir -dice un vocero del DAS-. Si no fuera por eso, se atendería unas mil personas cada día".

De ellas, unas 5 no solo no logran el certificado sino que son capturadas, casi todas por demandas de alimentos.

ANDRÉS GARIBELLO
REDACTOR DE EL TIEMPO