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Colombia está más interesada en la investigación de lo que estaba en la década pasada

Las cifras lo dicen. Hay 11 veces más grupos registrados de los que había en 1991, y ocho veces más jóvenes formándose como investigadores que en 1995.

01 de junio 2007 , 12:00 a.m.

También hay 11 veces más becarios, pagados por Colciencias, haciendo maestrías y doctorados que hace cuatro años.

Las líneas de análisis también se ampliaron. Se siguen investigando enfermedades tropicales, pero también las raras como la Cadasil, tipo de demencia descrito en 1997, que tiene su grupo más grande de pacientes en Francia.

Así mismo, se piensa en cómo conservar las lenguas aborígenes y criollas, y a la vez cómo el mundo puede aprovechar mejor la energía solar, o cómo debe prevenir los desastres que causan los rayos que se dan en las lluvias.

Pero aunque hay más colombianos capacitándose para hacer investigación, los que entienden del tema aseguran que faltan muchos. El país tiene 277 investigadores por cada millón de habitantes, mientras que Chile duplica esa cifra. "Y la población es la mitad de Colombia", anota el ex director de Colciencias Felipe García.

En Latinoamérica, los únicos que están por debajo son Ecuador, Perú, Bolivia, Uruguay y Paraguay. "Y ni punto de comparación con Brasil o México", agrega García.

A este déficit de científicos habría que sumarle el tema de 'la rosca': investigadores que se unen para defender sus intereses y para que los pocos recursos disponibles no salgan de su círculo.

Eso dejó entrever, el año pasado, Hugo Vega, director del proyecto de investigación de la Universidad Nacional sobre el síndrome de Roberts, una extraña enfermedad que produce enanismo y, a veces, labio y paladar hendidos.

En su momento se dijo que las amenazas que lo sacaron del país, junto con siete estudiantes, provenían de las autodefensas. La hipótesis suponía que los 'paras' la habían emprendido contra Vega, miembro del primer equipo colombiano que logró clonar un gen humano, por el papel que podría desempeñar en la identificación de cadáveres enterrados en fosas comunes.

"Desde hace 15 años, otros tres grupo de la universidad hacen ese tipo de estudios. Los únicos que no nos dedicábamos a eso éramos nosotros. Yo no soy activista político, por eso creo que el beneficiado con esto puede ser un colega...", denunció el científico.

Investigadores que estudian en el exterior señalaron que colegas que viven aquí les han contado que hay privilegiados y que las palancas políticas sirven para acceder a los recursos. "Eso no es cierto. Al ser limitados los recursos, se seleccionan los mejores proyectos por convocatoria", aseguró en su momento el entonces viceministro de Educación Superior, Javier Botero.

"Lo que sucede es que hay grupos que históricamente han hecho asimétrica la investigación creando polos en Bogotá y, desde hace unos años, en Antioquia, Valle y la Costa Atlántica. No es posible tener equidad; siempre habrá élites científicas", opinó García.

Esa aristocracia del saber está en las universidades, la mayoría públicas, porque son las instituciones que más investigan (85 por ciento del total). El 15 por ciento restante corresponde a centros creados con presupuesto privado y del Gobierno, y -en un pequeño porcentaje- a iniciativas empresariales.

ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
Editora Responsabilidad Social EL TIEMPO