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Las mujeres que nos habitan

Le presentamos un libro que le ayuda a aprender a convivir con los arquetipos que llevamos dentro.

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08 de marzo 2017 , 10:32 a.m.

Se sabe que las mujeres experimentamos distintas facetas durante nuestro ciclo menstrual. Se sabe que las hormonas influyen en nuestro comportamiento, no solo física sino emocionalmente. Y se sabe, además, que solemos estar en sincronía con el ciclo lunar. La terapeuta holística y guía espiritual Karina Flandorffer recoge estas teorías en su primer libro: Brujas, vírgenes, madres y putas. Las amo a todas (disponible online), en el que plantea que atravesamos un período donde la energía femenina es predominante y por eso urge recuperar nuestra esencia.

Que una mujer se reconozca en los arquetipos de bruja, virgen, madre y puta; que aprenda a descubrirlos, reconocerlos, aceptarlos y amarlos; que reconecte con su ser y sus ciclos naturales, su sexualidad, sus deseos y sus formas de amar. Esa es, en síntesis, la conclusión de Flandorffer en esta propuesta editorial: "Es importante que las mujeres dejen de resonar desde lo masculino (la racionalidad y la competitividad); que no se conviertan en madres patriarcales, vírgenes abandonadas, brujas mutiladas o putas reprimidas. Que entiendan que estas fases –de siete días cada una, aproximadamente– tienen su lado positivo y negativo, y que corresponden a un ciclo con su propia energía, características y aprendizajes".

Exploramos con Flandorffer a esas mujeres que ella asegura que nos habitan:

LA BRUJA SABIA

Esta es la primera fase y arranca con el comienzo del ciclo menstrual. Cada 28 días, la mujer tiene la necesidad no solo de limpiar su cuerpo a través del sangrado, sino también sus emociones negativas, rabias y miedos. En sánscrito, bruja es una mujer sabia. Nada que ver con la malévola y fea de tantas leyendas antiguas. Sobresale por su sensibilidad, intuición y sexualidad, entendida como energía creadora. Frente a las decisiones de la vida, esta mujer no se resiste sino que fluye. Su consigna: ‘Lo voy a cortar, lo voy a sanar y lo voy a liberar’. Ella se siente capaz de sumergirse en su propia vida para ver lo que necesita sanar. En esta etapa es cuando se alcanza un nivel de conciencia superior; se medita, se reflexiona y se liberan pensamientos y emociones limitantes. Se hace un corte y se cierran ciclos. La tarea es respetar y amar este ciclo lunar. Olvídese de rechazar el sangrado o de sentirse sucia o molesta. Tampoco caiga en la manipulación, la represión o el juicio.

LA VIRGEN EMPODERADA

Esta es la fase de la mujer inocente, independiente, extrovertida, confiada, empoderada y con la energía para afrontar cualquier desafío. No le interesa hacerse cargo de nadie, salvo de sus propias metas y objetivos. Es analítica y se asemeja a una arquera que está concentrada en apuntar al blanco. Físicamente está radiante, se siente y se ve más joven, indomable y liviana. Muestra especial fascinación por colores que le recuerdan la primavera, como el rosado, el verde y el azul. Está en el momento de la preovulación (del fin del sangrado al comienzo de la ovulación). En su modo negativo es trabajólica, no acepta ayuda de nadie, se dedica a producir y proveer y se olvida de sus otras fases al obsesionarse por alcanzar metas cada vez más altas. No le es fácil entregarse a una relación sentimental y mucho menos 'amarrarse' a un compromiso o tener hijos; si los tiene, no cumple este papel a cabalidad. Es una mujer estancada en su etapa de niña-adolescente, incapaz de crecer o hacerse cargo de alguien. Le intimida ser madre. La mujer virgen suele buscar como pareja una figura paterna que haga las veces de papá o un hombre igual a ella, que se comporte como adolescente y solo quiera divertirse sin compromiso alguno.

La madre amorosa y la puta valorada... / Ilustración: MiguelYein.

LA MADRE AMOROSA

Es el símbolo de la fertilidad y la protección. En su sentido positivo, la mujer madre siempre da lo mejor de sí a los demás, cuida y protege, pero sin sobrepasar los límites. Tiene una energía amorosa dispuesta a servir y ayudar al bienestar común. En su fase negativa, racionaliza excesivamente. Según Flandorffer, juega en el paradigma de la falsa liberación femenina; se aleja de su intuición, es más competitiva, separa, pelea y se convierte en egoísta, autoritaria, seca, posesiva, insegura y machista. Cae en el error de no permitirles a los suyos (hijos, padres, hermanos, pareja, empleados, jefe) crecer ni evolucionar como ellos quieren, sino como ella lo desea. En el lado oscuro de esta etapa se tiende a convertirse en la madre del novio, amigo, esposo, hermanos y padres, asumiendo cargas que no le corresponden. La recomendación es escapar de este comportamiento.

LA PUTA VALORADA

De la etapa de la madre, en la que la mujer pone la mayor parte de su energía al servicio de los demás, se pasa a esta fase, cuando aparece el síndrome premenstrual. La energía creadora se potencializa para emprender un viaje a lo más íntimo de la conciencia. Aumenta el deseo de verse más atractiva y afloran con naturalidad la sensualidad y la sexualidad. Este es el último ciclo y se manifiesta en todas las mujeres, sin excepción. "Todas somos putas (en el sentido de mujer salvaje, libre de miedos, paradigmas castrantes y creencias absurdas). Ser puta en este caso es asumir públicamente que nos gusta el sexo y que disfrutamos del placer sin miedo, sin reglas (...) elegimos a conciencia con quién compartirlo y gozarlo". Al tomar conciencia de su magnetismo, esta mujer lo aprovecha para seducir y conquistar a su pareja. Físicamente se nota en el deseo de arreglarse y verse más atractiva; se quiere llamar la atención y causar admiración. Cuando predomina el lado negativo, la mujer se vuelve intolerante, se obsesiona con su cuerpo y aumenta su necesidad de competir con las demás. Además, la atemoriza la soledad. Quien se queda en esta fase cae en un círculo vicioso en el que solo atraerá a hombres que buscan sexo.

Karina Flandorffer insiste en que todas las mujeres deben convivir con los arquetipos internos que las gobiernan. Es hora de conectarnos con la bruja, la virgen, la madre y la puta que viven en nosotras.

FLOR NADYNE MILLÁN M.

REDACCIÓN CARRUSEL

@NadyneMillan