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Banda de microtráfico enterraba a víctimas en cerros del suroriente

Según las autoridades, 'los Profetas' aterrorizaron durante 10 años al barrio Quindío.

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01 de marzo 2017 , 08:39 p.m.

Con venganzas, muertes selectivas y hasta enterramientos, que las autoridades siguen rastreando, la banda de microtráfico, ‘los Profetas’ aterrorizó durante 10 años al barrio Quindío, ubicado sobre los cerros del suroriente de Bogotá.

Eran bastante sanguinarios; dentro de una casa de ese sector asesinaron personas con armas cortopunzantes. Podían hacerlo con pistolas, pero su fin era hacer sufrir a la víctima y así infundir terror”, informaron en la Seccional de Investigación Criminal (Sijín), que se encargó de acabar con esta banda en un operativo sorpresa realizado la semana pasada.

Los homicidios que perpetraron eran contra quienes osaran competir por el tráfico de estupefacientes en esta zona de la localidad de San Cristóbal, pero también por una lucha de poder dentro de la misma estructura, que durante una década cambió tres veces de jefe criminal: “La olla la estableció en el 2007 un hombre al que le decían ‘Colombia’; a él lo mandó matar otro integrante de la banda, alias Careloco, que controló el negocio ilegal hasta el año pasado, cuando lo asesinó ‘Arveja’, otro más de la banda que quería ganar puntos con alias Pañales, quien iba apoderarse de los expendios. A ellos también los ultimaron para vengar a ‘Careloco’ ”.

La Sijín encontró que los criminales llegaron incluso a matar y enterrar a una de sus víctimas en una casa del sector. Pero también encontraron otro cuerpo sepultado en la zona boscosa vecina. “Estos dos cuerpos se pudieron hallar por información puntual que nos dieron. Puede haber más, y estamos en eso; que nos den más ubicaciones”, informaron.

La comunidad de este sector prefirió optar por el silencio sobre el accionar criminal de la banda, especialmente porque cuatro mujeres de la estructura fueron cobijadas con detención domiciliaria tras el operativo con el que se desmanteló la banda.

Los pocos que hablaron recordaron que en varias ocasiones se podían ver grupos de adictos al basuco que subían a la loma del barrio para conseguir su dosis. “Se veía a veces una romería de habitantes de la calle, aunque nunca se metieron con nosotros. Después del operativo, todo se calmó”, afirmó una residente de la zona.

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No obstante, los expendedores no permitían que los adictos consumieran la droga en la zona, para tratar de mantener un bajo perfil. Para ello tenían un escuadrón de seguridad para defender a sus jíbaros.

“Dependiendo de la importancia de la olla, podían enviar hasta un grupo de cuatro hombres armados que se encargaban de cuidar el expendio de otras bandas y mantener el orden”, señalaron en la Sijín.

Su accionar criminal se expandió por los barrios Morales, Pinares, Altamira, Santa Rita y Juan Rey, de las localidades de San Cristóbal y Ciudad Bolívar, donde establecieron unas 14 ollas satélites. Por este negocio podían obtener ganancias semanales de hasta 40 millones de pesos, de acuerdo con la investigación que realizó la Sijín.

Aunque su fuerte era la venta de marihuana y basuco, llegaron a abastecer de cocaína a los jíbaros que expendían en las discotecas del barrio El Restrepo, también en el sur de la ciudad.

Este imperio criminal cayó la madrugada del jueves pasado, luego de que la Sijín, que contó hasta con apoyo aéreo del helicóptero de la Policía, capturó a 23 integrantes de la banda, 18 de los cuales están en prisión.

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