Archivo

El aguardiente, cuesta abajo

La FLA es importante para que la generación de recursos fiscales fortalezca el departamento.

notitle
30 de marzo 2016 , 11:00 p.m.

“Yo soy tu perro, Señor, pero, ¿cuyo perro eres tú?” (F. González, 1941, ‘El maestro de escuela’)

La Fábrica de Licores de Antioquia (FLA) es la mayor empresa industrial de Colombia en este renglón, tanto en producción de botellas como en generación de utilidades. Sin embargo, a pesar de su extraordinario desempeño hasta 2014, los privatizadores de siempre han salido a poner en cuestión la propia existencia de la FLA debido a la caída en ventas e ingresos en 2015, por las inadecuadas políticas de distribución.

En 2014, la FLA, con el 54 por ciento del mercado de licores nacionales, tuvo unas ventas récord de 1,07 billones de pesos, de los cuales aportó al departamento 800.000 millones de pesos, entre “impuestos al consumo, el IVA y las utilidades” (elcolombiano.com, dic. 26-2014).

Si comparamos las transferencias de la FLA al departamento en 2006 de 0,4 billones de pesos, con las de 2014 de 0,8 billones, después de ocho años, éstas se doblaron a la casi increíble tasa del 9 por ciento anual, a pesar de la competencia de los licores extranjeros, facilitada por la revaluación del peso frente al dólar, el contrabando de licores financiado con dólares non sanctos aún más baratos, así como por la destilación clandestina.

Se argumenta que la exigencia de eliminar el arancel del 20 por ciento a los licores estadounidenses en 2016, incluida en el TLC de Colombia con EE. UU., al igual que el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 (artículo 191), del gobierno de Santos, que adecúa la comercialización de alcoholes y licores en consonancia con los TLC vigentes, incluido el de la Unión Europea, pone en peligro el futuro de las licoreras departamentales.

Según el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, el objetivo del 191 es buscar, con aumentos en los impuestos a los licores nacionales y disminuciones en los extranjeros, la “igualdad en el tratamiento a los licores nacionales e importados y que no haya discriminación” (caracol.com.co, sep. 28-2015). ¿Igualdad? Esto es como poner a dormir al león con el carnero.

Sin embargo, el arancel del 20 por ciento a los licores extranjeros sólo fue nominal, pues en realidad, la fuerte revaluación del peso desde el 2003 hasta mediados del 2014 puso el arancel efectivo en términos negativos; es decir, era un incentivo para importar, no para prohibir. Y si la FLA pudo enfrentar la competencia en ese escenario adverso, lo puede hacer en el escenario actual.

Precisamente, la alta devaluación del peso frente al dólar, desde mediados del 2014 hasta el presente, se ha convertido en un arancel efectivo protector de los licores nacionales, que explica el apuro de los ‘lobistas’ de los licores extranjeros de que se reglamente el monopolio de licores lo más rápidamente posible para beneficiar a los importadores. Los expertos dicen cualquier cosa por la plata.

Igualmente, se aduce por parte de los privatizadores que el aguardiente, el licor insignia no solo de la FLA sino de Colombia, está siendo desplazado, en tendencia de largo plazo, por los licores largos, cocteles, vino y cerveza. Sin embargo, en el caso de la FLA, la caída en las ventas de aguardiente se ha más que compensado con el aumento en la producción de ron, componente importante en los tragos largos, mezclados.

El entonces gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria (2004-2007), propuso privatizar la FLA para acabar con el “estado cantinero”, porque “lo nuestro (la acción del gobierno), sin fanatismos dogmáticos, es la salud, la educación (…), etc., pero no (…) la producción de licores”. El licor no es saludable, pero son necesarias campañas públicas contra su consumo, no buenas intenciones. Si hasta Noé se emborrachó.

La FLA no es una ‘cantina’ cualquiera. Los licores no son solo un asunto fiscal, de que no importa si se producen en Colombia o en el extranjero con tal de que el Gobierno recolecte los impuestos. Sin embargo, la manufactura de licor crea valor agregado nacional con trabajo y materias primas nacionales, lo cual no sucede con los licores extranjeros.

Se le olvida al exgobernador que la especificidad histórica colombiana llevó al monopolio de licores en manos de los entes locales departamentales, y que en el caso de Antioquia, la FLA es de vital importancia para que la generación de recursos fiscales fortalezca el desarrollo del departamento y la creación de empleo regional y nacional.

Con el argumento de la globalización y los TLC, la conclusión sería que los estados nacionales y sus entes territoriales deberían privatizar todo: licoreras, comunicaciones, energía, empresas de servicios públicos, etc.

Estoy de acuerdo. Se debería firmar un último TLC… con Marte, para importar sin aranceles, presidentes ni ministros nacionalistas, y exportar hacia allá a nuestra clase dirigente. Vendiéndola por lo que cree que vale, Colombia sería un país de altos ingresos.

Guillermo Maya