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Agua con aceite / Crítica Mente

Mauricio Reina, crítico de cine, habla de la película 'Batman vs. Supermán'.

30 de marzo 2016 , 05:38 p.m.

Quien haya crecido leyendo cómics sabe que hay superhéroes que no se mezclan. No hablo de aquellos personajes menores que andan en gavilla exhibiendo sus gracias como un circo, sino de los héroes legendarios que respetan los principios narrativos que los convirtieron en hitos de la cultura popular. La gracia de cada superhéroe radica justamente en su singularidad, con poderes y vulnerabilidades que funcionan en universos muy específicos.

El director Zack Snyder ha intentado romper esos moldes con Batman vs. Supermán, torciéndole el cuello a la mitología de estos dos personajes para ponerlos en un entorno común, donde se genera una confrontación a partir de las suspicacias que cada uno suscita en el otro, mientras el malvado Lex Luthor hace de las suyas.

A pesar de su gran duración, Batman vs. Supermán no logra armar una narración articulada que permita unir de manera persuasiva los universos de los dos personajes. El resultado son dos horas y media de secuencias oscurísimas y grandilocuentes, con una historia farragosa y enrevesada que cada cierto tiempo sale del marasmo con estallidos de pirotecnia cinematográfica dignos de mejores causas.

Entre explosión y explosión Ben Affleck y Henry Cavill hacen pucheros y rabietas, el primero con una barba de dos días que no luce bajo la máscara de Batman y el segundo más inexpresivo que en El hombre de acero, que ya es mucho decir.

Y con ese telón de fondo deambula un elenco secundario en el que sobresalen el flojísimo papel de Jesse Eisenberg como villano y los sarcasmos de Jeremy Irons, que trascienden el personaje de Alfred y se convierten en un comentario velado sobre la magnitud del despropósito.  

Mauricio Reina
Crítico de cine