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El inmóvil auto

¿Móvil? Por lo menos en Bogotá cualquier 'bichuraco' se mueve más que los autodenominados autos.

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28 de marzo 2016 , 07:48 p.m.

El lápiz, aquel invento que tanto contribuyó al desarrollo de la humanidad, está muy seguramente condenado a desaparecer; así como el tajalápiz, que lo revivía y asesinaba a la vez. Junto con ellos desaparecerá el borrador, que rehacía deshaciendo, todo un mago del destruir para recrear. Murió hace rato la máquina de escribir, que había eliminado las tildes en las mayúsculas y que hoy reviven gracias al computador, a pesar de que mueren otras, por orden de la Academia, como las de sólo, éste, ésa y otras tantas más. Mas eso no es motivo de preocupación, ¿por qué habría de serlo? También se extinguieron las plumas y los tinteros, y los teléfonos fijos están en coma inducido por culpa de los celulares, que funcionan tan mal que están acabando con la comunicación voz a voz y la dejan toda ella en manos del WhatsApp, con sus consecuentes errores gramaticales y ortográficos.

Ya en muchas funerarias se vela a los bombillos, aquellos amarillos con los que aprendimos a leer, pero reviven las velas en estos tiempos de apagones no anunciados, aquellas velas bajo cuya luz se escribieron las grandes obras filosóficas, literarias y científicas durante varios siglos. Se vaticina la muerte del periodismo impreso, pero no la del papel; pues, por culpa del papeleo, seguirán siendo derribados miles de árboles con sus hojas todas. La era digital da para que el uso del papel desaparezca, con excepción del papel higiénico, que a su manera es digital.

Están por morir los billetes a manos del dinero plástico, agonizan las chequeras y sucumben los relojes de pulsera por culpa también de los celulares. Vaya uno a saber por qué murieron los pañuelos y no las corbatas. Cosas trágicas del destino. Todo esto lo traigo a cuento debido a que no entiendo por qué el carro o vil automóvil no ha desaparecido de la faz de la Tierra. Me pregunto, ¿móvil? ¡Por favor! Por lo menos en Bogotá cualquier ‘bichuraco’ se mueve más que los autodenominados autos.

Para terminar, sugiero que de hoy en adelante los taxis lleven una calcomanía que especifique qué emisora están oyendo. Prefiero caminar a soportarme una emisora cristiana, o los gritos de ¡Candela! Y ni hablar de ¡te escucho mucho, Radio Uno, la de uno! 

Mauricio Pombo