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¡No me metan en más grupos de Whatsapp! / Análisis del editor

28 de marzo 2016 , 06:09 p.m.

Nadie puede decir que Whatsapp no es una herramienta genial y útil. Además disruptiva. Más de 900 millones de personas la usan a diario y se intercambian más de ¡30.000 millones de chats! dentro de los cuales circulan alrededor de 800 millones de fotos y 250 millones de mensajes de voz. A diario, repito.

Ahora bien, como todo en la vida, el potencial de una tecnología se ve minado por el uso que le damos. Y en este caso, la deformidad proviene en forma de ‘grupos de chat’.

Porque una cosa distinta es conectarse unos segundos para intercambiar mensajes importantes y/o útiles con amigos, compañeros de trabajo, familiares, etc., a través de la plataforma. Incluso las nuevas opciones de envío de archivos de oficina le brindó a Whatsapp un mayor cariz de productividad.

Y otra es la de tener que sufrir la incontrolable marea de mensajes de un grupo de personas, con sus opiniones, demonios, ‘fantástico’ humor, miradas de la vida, posiciones políticas y de fe, entre otras, que estoy seguro ustedes entienden perfectamente, pues ninguno nos salvamos de ello.

El chat de la familia, con sus chistes, oraciones, cadenas de rumores y falsas noticias, con pelea entre tíos y cobros de deudas; el chat de la oficina, el cual extiende el ambiente (bueno o malo) del trabajo al bolsillo, las 24 horas del día; el grupo de amigotes del colegio o la universidad, cuyos mensajes, fotos y videos ‘non sanctos’ saltan preciso en medio de una reunión de trabajo; y el peor de todos: el grupo de chat de papás del colegio, una horda sindical de peleas y chismes que un día se organiza para llevar a la hoguera al profesor exigente, y al otro cubren la pereza de los retoños buscándoles las tareas.

Claro, existe el bloqueo y el silencio, dirán algunos. Pero sería ideal que campeara la urbanidad, antes que la represión, desgastante. Que cada quien haga con su Whatsapp un candelero, es cierto. Pero respetémonos las velas.

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Preocupa la situación de la ETB. El negocio de las telecomunicaciones exige un músculo financiero, de inversión constante en soporte, mercadeo, posventa, planeación técnica, instalación, servicio. Y lo que se escucha, del plan de recortes presupuestales y de personal anunciados y ya efectivo, van en contravía de ello, con un efecto inmediato en el desempeño operativo. Los números de crecimiento en ventas, nuevos clientes, etc., serán los únicos jueces de la gestión actual de la compañía.

JOSÉ CARLOS GARCÍA R.
Editor Tecnósfera
@Josecarlostecno en Twitter