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Crisis ambiental en ciudades premiadas

Esta se debe, fundamentalmente, al aumento de carros y motos.

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27 de marzo 2016 , 09:26 p.m.

Medellín y Ciudad de México han sido reconocidas por sus avances en movilidad sostenible: ampliaciones de metro, puesta en marcha de tranvías, corredores de buses, modernización de flotas de transporte público, sistemas de bicicletas públicas, demarcación de ciclorrutas, peatonalización de calles centrales, recuperación de espacios públicos, entre otros, hacen parte del portafolio de nuevas ofertas de ambas ciudades.

En la misma semana que se anunció que Medellín ganó el prestigioso premio Lee Kuan Yew, reconocido como el Nobel del urbanismo, el índice de calidad del aire del Valle de Aburrá alcanzó niveles de alerta roja y forzó medidas urgentes. Mientras tanto, en Ciudad de México, la mala calidad del aire llegó a niveles de emergencia, dejando de ser “la región más transparente del aire”.

Esto merece una explicación. En Ciudad de México, algunos despistados le han echado la culpa al nuevo reglamento de tránsito, que limitó las velocidades máximas de circulación, lo cual es claramente equivocado. En Medellín, señalan al territorio encerrado por montañas, la poca velocidad de los vientos, los incendios forestales, las arenas del Sahara y a la falta de lluvias. Culpa del Niño.

Creo que están apuntando en la dirección equivocada. La crisis ambiental se debe, fundamentalmente, al aumento de carros y motos. Las ciudades premiadas han hecho cosas increíbles en oferta de modos sostenibles, con innovaciones como el Cable Aéreo de Transporte Público y Ecobici, pioneras en la región. Pero las administraciones han hecho muy poco para el control de la demanda de uso de vehículos motorizados, e incluso han promovido su uso.

Número de Autos en el Valle de México 1980-2013 (Fuente: INEGI, Vehículos de motor registrados en circulación)

Fuente: Medellín Cómo Vamos, Movilidad y Espacio Público

Medellín muestra orgullosa grandes inversiones viales como el puente de la 4 sur (el puente más grande del país), el puente de la Madre Laura, la subterranización de la avenida Regional para dar paso a los Parques del Río, el puente de la Transversal Superior con la Loma del Tesoro, el puente de la 77 sur; por nombrar algunos proyectos para descongestionar. Ciudad de México construyó muchos kilómetros de segundos pisos para agilizar el tráfico. Lo único que logró fue llevar la congestión a otro nivel.

Esto es como ponerla una vela a Dios y otra al diablo. No alcanza. No es suficiente con aumentar la oferta de transporte público y generar nuevos espacios para caminar e ir en bicicleta. Es necesario incorporar medidas de gestión de la demanda y actuar sobre el uso del suelo. El crecimiento del parque automotor en Ciudad de México y Medellín no tiene techo.

En la capital mexicana, el crecimiento del número de carros está asociado al crecimiento económico (como en casi todas partes) y a varias políticas públicas equivocadas como la eliminación de la tenencia (impuesto de propiedad vehicular), bajo costo de los combustibles, promoción de la compra de vehículos nuevos (que no son sujetos a la restricción ‘no circula’, independientemente de su impacto ambiental). La situación se agrava por el retraso en la entrada de combustibles más limpios, por favorecer a la industria petrolera (hasta hace muy poco monopolio de Pemex).

En el caso de Medellín, el crecimiento de motocicletas ahonda la crisis. Por un lado, parecen convenientes, de bajo costo y asequibles para familias de todos los estratos; por otro, son muy peligrosas y altamente contaminantes. Los usuarios de motos son las principales víctimas de muertes en incidentes de tráfico en Colombia. En 2014, en Medellín murieron 290 conductores y pasajeros de motocicleta (en Bogotá fueron 179).

Es genial que las ciudades reciban reconocimiento por sus logros en movilidad y desarrollo sostenible, pero es necesario que establezcan medidas para la gestión de la demanda y desarrollo urbano compacto. Ciudad de México, Medellín, Bogotá o Santiago (o cualquier otra ciudad) deben considerar mayor gestión de estacionamiento, cobros por congestión e incluso mayores impuestos a los combustibles fósiles, si además de premios quieren aire más limpio. Y no se trata simplemente de introducción de tecnologías limpias (que también ayudan), porque los vehículos eléctricos no reducen la congestión ni la accidentalidad.

DARÍO HIDALGO