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El papa Francisco insta a Venezuela a buscar el diálogo

El pontífice criticó también el rechazo a refugiados y pidió por víctimas de ataques.

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27 de marzo 2016 , 09:10 p.m.

El actual rechazo de Europa a los inmigrantes y refugiados, el diálogo y la unidad en Venezuela y un recuerdo de las víctimas del terrorismo fueron los temas centrales del papa Francisco durante su discurso en el tradicional mensaje de Pascua.

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, donde el 13 de marzo del 2013 fue presentado como papa, Francisco comenzó sus palabras condenando el “rechazo de quien podría ofrecer hospitalidad y ayuda” a los inmigrantes y refugiados que huyen de la guerra, especialmente de Oriente Próximo, Asia y África, y pidió “diálogo y colaboración” en Venezuela para que se trabaje por el bien común y se promueva “la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco”.

Pese al miedo por los más recientes atentados y amenazas en Europa, decenas de miles de fieles asistieron a la bendición urbi et orbi (a la ciudad de Roma y al mundo) del domingo de Pascua, en la que el sumo pontífice tampoco se olvidó de otro gran tema de la actualidad, al expresar su cercanía a “las víctimas del terrorismo, esa forma ciega y brutal de violencia”.

Antes del habitual recorrido que hace entre los feligreses, el Papa volvió a enfatizar las “difíciles condiciones en las que vive” el pueblo venezolano e instó a “trabajar en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos”, tanto los ciudadanos como “los que tienen en sus manos el destino del país”.

Para Francisco, tres premisas, la cultura del encuentro, la justicia y el respeto, son las únicas que pueden asegurar en el país bolivariano el bienestar espiritual y material de los ciudadanos.

También expresó su deseo de que “en la próxima Cumbre Mundial Humanitaria (que se celebrará el 26 y el 27 de mayo en Turquía) se ponga en el centro al ser humano, con su dignidad, y se desarrollen políticas capaces de asistir y proteger a las víctimas de conflictos y otras situaciones de emergencia, especialmente a los más vulnerables y los que son perseguidos por motivos étnicos y religiosos”.

Y se refirió también a las crónicas diarias, “repletas de informes sobre delitos brutales, que a menudo se cometen en el ámbito doméstico”, como también “de conflictos armados a gran escala que someten a poblaciones enteras a pruebas indecibles”. Entre ellos pidió por Siria, “un país desgarrado por un largo conflicto, con su triste rastro de destrucción, muerte, desprecio por el derecho humanitario y la desintegración de la convivencia civil”.

En un mensaje más bien sombrío, encomendó al “poder del Señor resucitado” las conversaciones en curso “para que, con la buena voluntad y la cooperación de todos, se puedan recoger frutos de paz y emprender la construcción de una sociedad fraterna, respetuosa de la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos”.

Instó también a que se ablande “la dureza de nuestro corazón” para que se pueda promover “un intercambio fecundo entre pueblos y culturas en la cuenca del Mediterráneo y en Oriente Próximo, en particular en Irak, Yemen y Libia”. Y que se “fomente la convivencia entre israelíes y palestinos en Tierra Santa, así como la disponibilidad paciente y el compromiso cotidiano de trabajar en la construcción de los cimientos de una paz justa y duradera a través de negociaciones directas y sinceras”. Bergoglio pidió la paz para Ucrania y en Burundi, Mozambique, la República Democrática del Congo y en el Sudán del Sur, “lacerados por tensiones políticas y sociales”.

Al finalizar su mensaje de Semana Santa, utilizó unas palabras dirigidas a “los ancianos abrumados, que en la soledad sienten perder vigor” y a “los jóvenes, a quienes parece faltarles el futuro”.

En este Año Santo de Jubileo de la Misericordia, no hubo una presencia masiva de fieles durante las fiestas pascuales. No obstante la popularidad del papa Francisco, ciertas estimaciones indican que hubo en Roma 20.000 visitantes menos que el año pasado durante la Pascua.

AFP
Ciudad del Vaticano