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Los Rolling Stones, inmortalizados por Gered Mankowitz

El fotógrafo británico recuerda las historias detrás de las imágenes rescatadas por Taschen.

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27 de marzo 2016 , 04:58 p.m.

Aún no había salido el sol sobre Londres aquella madrugada de noviembre de 1966, más fría que las demás. De ello no se habían percatado los Rolling Stones, que pasaron toda la noche en los estudios Olympic, grabando tomas del álbum que llevaría por nombre ‘Between the Buttons’. Probablemente estaban cocinando un ‘Let’s Spend The Night Together’ –imposible un título más literal– o un ‘Ruby Tuesday’.

Al salir a la calle, una brisa los obligó a acorralarse rápidamente en el Rolls-Royce de su mánager, Andrew Loog Oldham. Era él quien siempre les indicaba el siguiente paso. Y en ese momento, era ir a las afueras de la ciudad, a la colina de Primrose Hill, no importaba qué tan insensata fuera la idea. Allá subieron junto con Gered Mankowitz, un fotógrafo de 20 años –que los acompañaba desde hacía poco más de 16 meses–, con su Hasselblad y unos vidrios encerados con vaselina.

Las primeras tomas captaron las ojeras de Bill Wyman, Charlie Watts, Brian Jones, Keith Richards y Mick Jagger, quienes se movían como una sola masa, como hámsteres buscando calor.

Pero de repente empezaron a aflojar. Jones, ‘la piedra dorada’ y a quien muchos veían como el líder creativo, dejó de sabotear y soltó una sonrisa, y esa toma fue la portada de ‘Between the Buttons’. En la siguiente ya todos reían, aunque la expresión de Jagger era particular: se había situado en el centro, con mirada segura. Como un líder.

Esa foto (apodada por Mankowitz como ‘Smiling Buttons’, botones sonrientes) se convirtió en la carátula del libro ‘The Rolling Stones’, de la editorial Taschen, publicado apenas en el 2014 y muy recientemente editado en español, una colección de memorabilia de la banda, bajo la mirada de fotógrafos como Annie Leibovitz, Anton Corbijn, Helmut Newton, Ben Raj, Norman Parkinson, David Bailey, Peter Beard y Mankowitz, quien estuvo con ellos entre 1965 y 1968, años mágicos e hiperproductivos en la carrera de las piedras rodantes.

El libro de Taschen ya se encuentra en tiendas en Colombia, y será una de las novedades de la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Mankowitz, hoy de 69 años, reconstruyó la historia de la sesión de Primrose Hill en conversación telefónica con EL TIEMPO:

“Usualmente, lo que hacían las bandas era que entraban a las 10 p. m. a grabar y finalizaban a las 4 o 5 de la mañana. Yo iba a las sesiones de grabación y a sus reuniones sociales, pero planeamos que esa mañana tomáramos las fotos al final de la grabación. Ellos lucían tristes, cansados ¡así eran fantásticos! Todos se mostraron dispuestos a hacerlo (...). Tuvieron que caminar hasta la cima de la montaña, este es un punto muy alto, al norte de Londres. Estaban de buen ánimo y bien abrigados, Charlie tenía esa chaqueta sensacional de botones blancos. Teníamos unos 20 minutos de la luz que quería. Con ese filtro que hice en casa, quería comunicar algo visual de ese sentimiento de que todos en la sociedad andábamos como flotando, a veces felices, a veces aburridos, yendo con la corriente; yo quería capturar eso”, contó Mankowitz.

“Ya a la media hora estaban verdaderamente furiosos por el frío –recordó–. Fue un rollo de blanco y negro, y otro de color. Increíblemente, la foto original de ‘Between the Buttons’ se perdió en el estudio, pero me quedaron las tomas alternativas”.

En esa sesión, Jones –quien falleció en 1969 en una piscina, con signos de sobredosis–, volcó su lado rebelde. Mankowitz le dijo a Oldham que iban a perder la luz: “Está portándose difícil”. Pero entonces, “en ese momento Andrew demostró lo brillante que era al decirme ‘no te preocupes de nada porque lo que Brian haga solo contribuirá a la imagen de la banda; no importa si sonríe o no, eso son los Stones’. Él me liberó a hacer las fotos que hice y a no sentirme intimidado por Brian”.

Mankowitz llegó a Oldham a través de una amiga común: Marianne Faithfull, a quien retrató en años previos. Y para cuando se vinculó a los Rolling Stones, ya empezaba el festín de titulares.

“Fue justo antes de que (la canción) ‘Satisfaction’ tuviera ese tremendo impacto en la escena musical en Inglaterra; la prensa empezó a emocionarse esa semana, especialmente un diario grande los calificó como ‘animales salvajes que debían estar enjaulados’, así que fue emocionante”.

En esa época se empezó a construir el mito de que los Beatles eran los buenos muchachos y los Rolling Stones, los malos. De ello, Mankowitz piensa que “era una experiencia refrescante y emocionante para la gente que los vería. Me encantaba su música pero veía en su imagen un nivel de ordinariez, de rebelión, de desobediencia, que me parecía atractiva (...). Me dejaron entrar, fueron muy amigables, me aproximé a las sesiones de grabación para capturar algo que veía que era real, que no era una maquinación del negocio del entretenimiento, algo agresivo y confrontacional en un modo teatral; trataban de decir en la imagen ‘sabemos lo que somos, lo que hacemos, lo que queremos y a dónde vamos, y tú no puedes ser parte de nuestra pandilla’. Fue genial, sabía lo importante que era para mí. La primera sesión fue crucial. De ahí salió ‘Out of Our Heads’ ”.

“Era imposible imaginar el impacto comercial que tendrían luego, uno veía algo que era incluso hasta ridículo para el momento”, agregó el fotógrafo.

Actualmente, Mankowitz se dedica a la curaduría de las exhibiciones de sus fotos, pues su trasegar roquero, digno de película, no fue solo con los Stones, sino que también hizo la serie de retratos de Jimi Hendrix en Manson Yard Studios, la más popular en todos los registros visuales del guitarrista. Y también pasaron por su lente Suzi Quatro, Kate Bush, Oasis, Led Zeppelin, Eurythmics, Free, Buddy Miles, George Harrison, Cat Stevens, Wham, Chrissie Hynde, Slade y muchos más.

Sin embargo, quien convenció a Mankowitz de convertirse en fotógrafo fue el actor Peter Sellers (‘Dr. Strangelove’, ‘La pantera rosa’, ‘What’s New Pussycat’), quien en un encuentro fortuito le pidió que le tomara una foto. De ahí saltó a hacer afiches de teatros y luego a la fotografía musical.

La sesión con Hendrix es histórica, especialmente aquella foto en la que el guitarrista expele el humo de un cigarro. Otra saltó a la carátula del disco póstumo ‘The Ultimate Experience’ (en relación con su banda The Jimi Hendrix Experience).

De esa sesión, Mankowitz relató que “Hendrix estaba feliz, era callado, en su vida real no era como el héroe rock que todos vemos, era muy tímido, muy decente, pero carismático al mismo tiempo (...). Jimi confió en mí y me permitió verlo en la cámara de una forma mágica. La gente ve en esa foto al humano que era Hendrix. Las fotos son sencillas, pero el poder está en cómo logras que el sujeto le dé a la cámara ese momento especial. No es algo que se pueda explicar muy bien”.

Sin pensarlo mucho, algo de sicología vivió en el trabajo de Mankowitz, del que dice que solo podía hacerlo bien si no se subía al mismo bus de las drogas de sus sujetos. Eso sí, reconoce que no le fue muy bien con uno en particular: las bandas de ‘heavy metal’.

“Siempre fue difícil con ellas, no me pude relacionar bien con el movimiento. Algo de eso hice, fotografié a Saxon, a Judas Priest, pero no fue mi fuerte. Uriah Heep fue un grupo muy poco placentero con el cual trabajar”.

¿Por qué la fotografía rock de hoy no proyecta el mismo encanto de las fotos históricas? Más allá de lo ‘sobreplaneadas’, para este artista hay una explicación: “Reino Unido estaba respondiendo al optimismo, y había que ver qué venía con estos artistas. Por eso fue un momento tan fantástico. Cuando lo ves, de cierta forma, todo se vino abajo, no necesariamente en lo musical, sino en el optimismo de la vida, es diferente cómo se veía todo al principio frente a cómo se ve al final”.

Hendrix, uno solo

Los famosos retratos de Gered Mankowitz a Jimi Hendrix en Manson Yard Studios han inspirado exhibiciones, ediciones de libros y toda una cultura.

“Jimi había acabado de grabar ‘Hey Joe’, había mucho optimismo en él (...). En 1968 todo se volvió loco”, recuerda el fotógrafo.

CARLOS SOLANO
Cultura y Entretenimiento