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Adiós al hombre que le arrebató 80.000 niños y jóvenes a la indigencia

Javier de Nicoló tejió una red de hogares para resocializar a jóvenes para los que fue un padre.

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26 de marzo 2016 , 06:39 p.m.

Tres días para velarlo y uno para despedirlo. Ninguno para olvidarlo, porque la huella que dejó en más de 80.000 jóvenes de todo el país y sus familias es indeleble. El padre Javier de Nicoló, fallecido el martes a los 88 años, dedicó décadas a los pequeños que los callejones y la droga casi devoran. Y tuvo éxito muchas veces.

(Lea un perfil sobre la vida del padre Nicoló)

Por eso el negro será este domingo un color casi ausente en la Catedral Primada, donde se harán las exequias, a pesar del luto. Quienes lo quieren, le piden a la gente vestir de colores o de blanco, porque su vida y su legado son una fiesta.

Llegó a Colombia desde Bari, en Italia, a sabiendas de la pobreza, de la desprotección estatal y del conflicto armado que también le tocó vivir, pero durante la Segunda Guerra Mundial. Es más, vino por todo eso.

Arribó como misionero a Buenaventura en 1948, a los 20 años, en el año del ‘bogotazo’. Ya en la capital del país vio a los niños pulular por las calles, pidiendo comida o dinero, y en 1970 se convirtió en el director del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idiprón) para combatir, desde el Distrito, los males que se roban el futuro del país.

(Además: Las vidas que salvó de la calle despiden al padre Javier de Nicoló)

Así lo conoció Juan Carlos Ospina. Era 1991 y tenía 9 años cuando entró por primera vez a la fundación Servicio Juvenil. Evadió su casa por la violencia intrafamiliar y pasó 7 meses saliendo con malas amistades que lo introdujeron al mundo de las drogas, hasta que nunca más volvió a su casa.

Se me acercó un amigo y me dijo que había un hogar donde me podían ayudar. Así llegué al patio de la 12, donde me recibió ‘Majito’, un padre que les daba la acogida a los niños”, dice.

Pero no se quedó a vivir ahí inmediatamente. Él iba ocasionalmente, hasta que se le volvió hábito. Eso sí, prefería la calle en las noches y mandarse solo como un adulto y luego, en el día, jugar como niño en el patio.

“La primera vez que me ofrecieron irme a vivir con ellos, dije que no. Me insistieron como 3 meses hasta que me convencieron y me quedé a vivir en el hogar Liberia”, recuerda. Fue su decisión, su primer paso para dejar atrás el vicio, educarse y rehabilitarse. “Al principio, uno no veía al padre Nicoló, era un proceso. Antes, nos enseñaron de autoestima y a recuperar valores”, advierte.

Para alejarlos de la calle y del vicio, la fundación los sacaba de la ciudad. Así, Juan Carlos vivió en Cali (Valle) y ahí aprendió a nadar. En Buenaventura conoció el mar. En Acandí (Chocó) la vida era un paraíso. Casi termina su bachillerato en Vichada, pero volvió a Bogotá: la guerrilla amenazó con reclutar a los jóvenes y, sin dudar, Nicoló se los llevó.

En Acandí, cuando cumplió 11 años, conoció a Nicoló. “Hijitos, hijitos míos”, les dijo a él y a otros cien niños, cuando entró. Juan Carlos quería tirársele encima, darle un abrazo... las gracias. Portarse tan bien, que no le quedara duda de que sí podía salir adelante. “Esa es la forma de retribuirlo”, afirma.

“Un día nos pidieron limpiar el cuarto del padre Nicoló y yo me pedí hacerlo –relata Ospina–. Me esmeré tanto que él me dijo: ‘Vas a ser administrador, vas a ser grande’. Y ahora entiendo que el hablaba de administrar mi propia vida, de dejar un legado, eso fue lo que me enseñó”.

La titánica tarea de sacar a los niños de la calle

No se trata solo de pequeños desamparados los que ayudó Nicoló, sino de unos con adicciones al cigarrillo, al alcohol y a estupefacientes que se consiguen a bajo precio en el mercado negro.

Según el último censo de la Secretaría de Integración Social, el 93,8 % de los que habitan en la calle consumen algún tipo de sustancia psicoactiva. Un diagnóstico preocupante, si se considera que de las 9.614 personas censadas, el 39,75 % tiene entre 6 y 26 años de edad.

El experto en habitabilidad de calle, Carlos Marín Cala, psicólogo y magíster en Ciencias Políticas, planteó el impacto de la obra de Nicoló desde la perspectiva criminal. Según él, Bogotá sintió con menor fuerza el fenómeno de las pandillas de delincuencia organizada en comparación con Medellín y Cali, porque desde el Idiprón les arrebató miles de niños y adolescentes a la violencia y la drogadicción.

Asegura que todo eso cambió con las últimas administraciones, al punto que hoy hay entre 300 y 400 menores de edad por las calles de la capital.

La tarea de Nicoló era titánica y lo sigue siendo ahora para quienes tienen las riendas del Idiprón, entidad de la que salió obligado a los 80 años de edad, cuando el fallo de una demanda controversial lo sacó del cargo por sobrepasar la edad para pensionarse.

“Fue una torpeza sacar al padre Nicoló como lo hizo la administración de Samuel Moreno. Se frenó un proceso de 40 años que había impactado de forma positiva a los pequeños de la calle”, dijo el experto.

Fue de los primeros en hacerle frente al problema de las drogas, cada vez más populares, más fáciles de producir y de adquirir, en la puerta de los colegios.

Se resistió a creer, como lo hicieron algunas familias y muchos hogares de paso estatales y privados, que eran caso perdido.

Y de la mano con la comunidad salesiana creó una red de hogares por todo el país que les permitió a muchos renacer en vida. Solo en Bogotá, 1.000 jóvenes resocializados continuarán la labor del padre.

Si alguien conoció al padre Nicoló fue Angélica María Aponte Correa, terapeuta experta en resolución de conflictos. Por más de 20 años estuvo a su lado:

“Cuando era capellán de la cárcel de menores, los sacaba a darles una vuelta por el parque de La Rebeca. Lo creían loco, pero era un sabio. Les daba lo mejor a los niños que recogía para que no regresaran a ese mundo. En Semana Santa les lavaba los pies. Les hacía fiestas y los protegía”.

(Lea: Luto por muerte del padre que ayudó a los niños y jóvenes de la calle)

Ahora lo que les roba el sueño a Ospina y a quienes buscan continuar con su legado es el apoyo del Distrito.

“El alcalde Enrique Peñalosa ya trabajó con el padre Nicoló en su primer gobierno. Él lo conoce y ojalá siga la obra. Pero ahora hay una cantidad de recortes y da miedo que esto no progrese. Uno sí le pide al Alcalde que no deje decaer esta institución que le ha dado tanto a Colombia”.

Las exequias

A las 9 a. m. llevarán el cuerpo de la iglesia del Carmen hacia la Catedral Primada. Ahí, a las 10 a. m. se harán las exequias. El sepelio es en el cementerio Central, con globos y colores.

Javier de Nicoló: toda una vida dedicada a los niños
De Italia a Colombia

1928: el 29 de abril nace en Bari (Italia) Javier de Nicoló.

1948: llega como salesiano en misión a Buenaventura y sigue hacia Cundinamarca. Luego inicia una cruzada por los niños en todo el país.

Director del Idiprón

1970: tras darse a conocer como el ‘papá’ de los niños, es nombrado director del Instituto para la Protección de la Niñez (Idiprón).

2008: es retirado del cargo por tener 80 años de edad.

80.000 beneficiados

2009: se dedica de lleno a la Fundación Servicio Juvenil donde sigue su lucha para darle oportunidades a jóvenes y niños. Son más de 80.000 beneficiados con sus programas.

Falleció ‘papá’ Nicoló

2016: a inicios de marzo ingresa a la clínica y, tras permanecer varios días hospitalizado, el 22 de marzo a las 11 de la noche, el ‘papá’ de los niños, Javier de Nicoló, fallece.

Así está la situación de la indigencia en Bogotá

Más de 9.600 habitantes de calle deambulan por la ciudad, según el VI censo, hecho en el 2011 por la Secretaría de Integración Social.

Esto quiere decir que por cada 10.000 habitantes de Bogotá, 12,87 tienen en los andenes su hogar.

El fenómeno ha crecido exponencialmente desde 1997, cuando se hizo el primer censo y solo se contabilizaron 4.515 de ellos. La capital está en mora de hacer uno nuevo, en vista de que la administración anterior no lo adelantó.

El 23,29 % de ellos llegó a la calle entre los 6 y los 17 años de edad, y el 16,46 % lo hizo entre los 18 y los 26 años. Más del 50 % alcanzó a cursar bachillerato y el 88,9 % son hombres.

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