Archivo

Ni un paso atrás

En el país persisten genes de desigualdad, aspereza y corrupción que ofenden la dignidad humana.

notitle
25 de marzo 2016 , 10:30 p.m.

Con la toma de Simacota (Santander) a comienzos de 1965, anunció fuego el Eln fundado por Fabio Vásquez Castaño y otros jóvenes estudiantes y campesinos (varios de ellos fusilados luego por la propia organización), para instalarse así en el fantasma del conflicto nacional que se resiste a terminar.

‘Ni un paso atrás, liberación o muerte’ fue a partir de ese momento la consigna, en realidad adaptada de otra que casi dos siglos antes había pronunciado el líder comunero José Antonio Galán. Con la sonora arenga y una irrupción sólida en el medio universitario durante aquella época del Frente Nacional, ese prorrateo político que alternó en el poder a liberales y conservadores sin espacio real para otras ideologías o disidencias estrictamente democráticas, el Eln sedujo, cómo no, a muchos esperanzados en cambiar el molde de inequidad social que predominaba.

Pronto, sin embargo, desde su constitución esa guerrilla se hizo pétrea, profundamente radical, opuesta no solo al régimen sino a cualquier otra protesta que no coincidiera milimétricamente con la agrupación o sus dirigentes. El ansia militar opacó la reflexión política, mientras la premisa de no dar un paso atrás se asumió como imposibilidad para considerar diálogo, acercamiento o fórmula de paz.

Camilo Torres, quien imanaba pasión multitudinaria y decidió aventurarse en armas, no cayó solo por ineptitud militar, sino por el desdén que pudo haber mostrado el mismo Eln respecto del enorme capital político del sacerdote, el cual, acompañado estratégicamente, hubiera significado un contrapeso de lujo a la repartija liberal-conservadora que pretendía combatirse. ‘La guerrilla por dentro’ es un agudo libro escrito por Jaime Arenas Reyes, quien, desilusionado, desertó del Eln, grupo al que llegó muy joven tras haber sido quizá el más notable líder estudiantil de la historia nacional. El Eln lo mató en 1971. Conviene leerlo a adversarios y simpatizantes para hallar muchas claves.

En el país persisten genes de desigualdad, aspereza y corrupción que ofenden la dignidad humana, de manera que no hay por qué renunciar a cambiarlo. Pero los instrumentos evolucionaron. De allí que no solo la negación a dar un paso atrás sino mover uno adelante en el fin del desangre es lo que se espera del Eln sin más dilaciones, sin más testarudez, sin otros costosos errores. Son 51 años de fatiga para todos.

GONZALO CASTELLANOS V.