Archivo

El fervoroso ritual de los cargueros

En 460 años, en la capital del Cauca nunca se han dejado de hacer procesiones de Semana Santa.

25 de marzo 2016 , 08:42 p.m.

El sonido de los bombos se hace más fuerte a medida que la procesión del Señor de la Veracruz se acerca a la plaza Francisco José de Caldas, en el centro de Popayán. Lejos se ven imágenes de santos cargadas a hombro.

En 460 años, en la capital del Cauca nunca se han dejado de hacer procesiones de Semana Santa. Ni siquiera después del terremoto de 1983, que dejó a la ciudad parcialmente destruida. La importancia de la celebración le valió que en el 2009 sus desfiles religiosos fueran declarados Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

En las calles del centro histórico, el regidor, que se identifica por su frac, encabeza cada paso para cerciorarse de que no haya obstáculos. Cada imagen –dice Jhon Ruiz, miembro de la Ruta del Maíz– pertenece a una parroquia de la ciudad y recibe el nombre de paso. “En la época colonial, la procesión era solamente de tres pasos; ahora llega incluso a 20”, explica Carlos Burbano, policía de Turismo de Popayán.

Los pasos los llevan ocho cargadores, hombres que llevan la tradición por generaciones. Los reciben de los pichoneros. Oswaldo Parada es pichonero desde hace dos años. “Esta es la iniciación para convertirse en carguero, pero no se puede fallar un solo año”, añade Parada.

El ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Aurelio Iragorri, ha sido carguero desde hace 32 años. Le faltan tres años para recibir la Alcayata de Oro, máxima condecoración a los cargueros por su servicio.

Las procesiones recorren dos kilómetros y, por decreto, las casas de las 32 cuadras por las que transitan tienen que ser pintadas de blanco. “Los propietarios de las casas son los responsables de pintarlas bajo la pena de multa”, señala el agente Burbano.

Cuando el fuego consume la parafina aparecen unos personajes ágiles: los moqueros. Son niños que no superan los 8 años de edad y que retiran los residuos de las velas antes de que caigan al suelo o sobre los cargueros.

A la par, como una barrera humana, a ambos lados de la calle van los alumbrantes con sus velas guiando el camino.

En medio de ese ritual transcurre la Semana Santa en la Ciudad Blanca, que desde su fundación, en 1537, alberga ocho templos patrimoniales y hoy cuenta con 32 iglesias que guardan la tradición católica de su gente.

ANDRÉS MONTENEGRO VERGARA
Escuela EL TIEMPO