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Nueva mirada al feminicidio de 'Otelo'

El grupo chileno Viajeinmóvil presenta su versión de la tragedia de Shakespeare para marionetas.

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25 de marzo 2016 , 07:46 p.m.

Desde el lugar privilegiado que ocupan en el escenario, los dos protagonistas de la versión de ‘Otelo’ de la compañía chilena Viajeinmóvil suelen fijarse en la reacción de las parejas que están en la platea. Al principio están muy juntas, cercanas, pero a medida que se van desvelando los pormenores de esta tragedia de Shakespeare, las parejas se van separando, buscando su propio espacio, en una reacción que demuestra la incapacidad de enfrentar el impacto que genera la cruel situación que expone el escritor inglés y que se puede palpar casi a diario en la sociedad.

‘Otelo’ se centra en el moro de Venecia de destacada carrera militar que se casa con la bella Desdémona. Su lugarteniente, Yago, decide vengarse porque su jefe lo ignoró para un deseado ascenso, y se encarga de envenenar su relación. Así comienza una trama de intrigas en la que ‘Otelo’ va cayendo en la trampa de los celos que le tiende Yago, y finalmente termina estrangulando a su fiel esposa.

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En su versión, que se está presentando en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, Viajeinmóvil utilizó un enfoque poco convencional a la hora de montar este tipo de tragedias. Con la dirección de Jaime Lorca, Teresita Iacobelli y Christian Ortegaen, el grupo decidió utilizar el lenguaje de las marionetas y centrarse en cuatro personajes principales del relato.

La idea es “incomodar y dar un dulcecito”. “Incomodar y hacer reír, las dos cosas –cuenta Lorca–. No se puede llegar solo a incomodar porque la gente no lo acepta. Es por eso que en las tragedias de Shakespeare hay siempre humor, porque nadie puede soportar dos horas de tragedia, es muy duro. Además, los mejores chistes se cuentan en lo velorios, porque hay que hacer la otra parte”.

Shakespeare escribió esta obra hace más de 400 años, y la historia suele interpretarse como el arquetipo de los celos. Incluso existe una patología que en psiquiatría se conoce como el ‘síndrome de ‘Otelo’’, un delirio en el que la persona no puede dejar de pensar en que su pareja le es infiel.

Sin embargo, a la adaptación del Teatro Viajeinmóvil le preocupa otra cosa. Para Lorca, quien también es actor en ‘Otelo’, esta historia habla básicamente de una cosa: el feminicidio. Cuenta que empezaron a preguntarse sobre el tema porque vieron una nota de la prensa amarilla de Chile que los hizo cuestionarse sobre la violencia contra la mujer. A partir de ahí, hicieron una investigación sobre la violencia de género y se dieron cuenta de que todo eso ya estaba dicho: Shakespeare ya había hablado de eso, mucho antes de que se hicieran estudios sobre los celos o este tipo de abusos.

Jaime Lorza (a la izquierda) no solo dirige sino que también protagoniza la obra, que el año pasado se presentó en Manizales. Foto: Archivo particular

Para Lorca, el feminicidio es un problema latente en todos los países latinoamericanos, y muchas veces se justifica mostrándolo como un crimen que un hombre cometió porque “amaba tanto a una mujer que tenía que matarla”.

“Lo que son los misterios de la condición humana –dice Lorca–. El personaje está poseído por poseer, porque la máxima muestra de posesión que puede tener una persona sobre otra es matarla. Hay un texto en ‘Otelo’ que dice: ‘Sed dueños de estas criaturas, pero no de sus sentimientos’, porque podés ser dueño de tu mujer de alguna forma: podés amarrarla, prohibirle cosas, tenerla amenazada física y psicológicamente, pero no podés controlar lo que siente”.

En Viajeinmóvil querían hacer una obra contundente y sencilla, que se pudiera presentar y entender en cualquier parte. Y eso fue lo que lograron: han presentado ‘Otelo’ en teatros de varios países, pero también lo han hecho en cárceles, y siempre ha generado la misma reacción, asegura Lorca. Según él, el motivo es que “la violencia contra la mujer no es propiedad de ninguna clase social”.

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Su intención es que duela un poco, “como duelen las inyecciones. Porque la catarsis es dolorosa. En las tragedias se logra la emoción a través del espanto. El espanto de ver hasta dónde puede llegar la bestia que tenemos adentro. El espanto de ver cómo alguien puede matar a la persona que más quiere, o de arrancarse los ojos”.

Esta, además, es una versión en la que en escena hay dos actores, pero cuatro personajes: Jaime Lorca interpreta a Yago y maneja a la marioneta que da vida a ‘Otelo’; mientras que Nicole Espinoza encarna a Emilia, esposa de Yago, y también a la muñeca que representa a Desdémona.

Para Lorca, las marionetas pueden hacer cosas que no hacen los actores y permiten al espectador presenciar actos violentos, como la muerte por estrangulamiento de Desdémona en manos de ‘Otelo’, sin que se distraiga. “Esa escena con actores se vería ridícula, el espectador sabe que ahí no hay un personaje sufriendo, sino un actor actuando. En cambio, representada por marionetas, el espectador puede enfrentarse a ella con morbo, y sin el pudor moral de ‘no puedo ver esto porque es malo’ ”.

Otra de las razones por las que Lorca se ha interesado en el teatro de marionetas y de animación de objetos es porque este obliga a un compromiso del espectador. “El muñeco nunca podrá moverse como un humano, entonces es función del espectador completar eso que hace y que le pasa a la marioneta, y así se vuelve también creador de la obra. Es como ver una ballena en el mar: tú ves una cabeza y ves una cola, nunca la ves completa, pero sabes que lo que hay ahí es una ballena”.

Esta idea de exigir al espectador, de volverlo una parte activa de la obra, se corresponde con la visión que siempre ha tenido Lorca del teatro, desde que fundó con otros dos artistas La Troppa (con Juan Carlos Zagal y Laura Pizarro), una de las compañías más representativas del teatro chileno, disuelta en el 2005.

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Para él, en el teatro no hay que buscar diversión ni entretenimiento. “En el teatro hay que buscar emoción, sorpresa y educación, y que se vean las pasiones humanas, los defectos y las virtudes de las que hablaba Pedro Calderón de la Barca cuando decía que el teatro tiene que ser espejo”.

Y por eso define su teatro como educativo, “hablando de educación con mayúscula. Lo que le puede enseñar el arte a la sociedad es bien simple: mirar las cosas como son, y no edulcoradas”.

Lo que quiere es eso: “Enfrentar a la gente a sí misma, a su vida. Todo el mundo sabe cómo son los celos y cómo es la vanidad, cómo es la ambición, cómo es la codicia, cómo es la avaricia, cómo es estar loco de amor. Todas esas cosas la gente las sabe porque las ha vivido, las ha visto o las ha sufrido por parte de otros”, dice el director.

Funciones

Sábado, 3:30 y 8:30 p. m. Domingo, 6:30 p. m. Teatro Nacional Fanny Mikey. Calle 71 n.° 10-25. Boletas: 85.000 pesos. Informes en el sitio web: es.festivaldeteatro.com.co.

MARÍA CAMILA BERNAL
Escuela de Periodismo Multimedia