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Los bajos fondos: los ricos también lloran / Sin telones

La puesta en escena es delirante y por momentos surrealista, como sus protagonistas.

25 de marzo 2016 , 07:46 p.m.

Es muy curioso que el Teatro Nacional de Finlandia, uno de los países con mejor calidad de vida del mundo, celebre sus 60 años justo con una obra como Los bajos fondos, del ruso Máximo Gorki, en la que los pobres y despojados sin ningún tipo de esperanza son los protagonistas.

Pues resulta que la crisis económica mundial no solo está golpeando a los países pobres, también se está sintiendo en una considerable disminución del gasto social en aquellos que durante mucho tiempo han sido ejemplo de Estado de bienestar, con lo cual el número de personas que hacen cola en los bancos de alimentos cada vez es más notorio en ciudades como Helsinki, aunque la mayoría de la población continúe gozando de excelentes estándares de vida.

(Aquí: 'Dead Dog in a Suitcase', el musical del esperpento)

Los bajos fondos, dirigida por Janne Reinikainen, aunque procede de un texto de 1901, se siente como hecha para la realidad del 2016.

Ya no es importante que los personajes originarios procediesen de Nizhni Novgorod, la ciudad proletaria en donde nació Gorki. No es una obra nostálgica. Es una obra que habla de los pobres de hoy, que cada vez son más.

(También: 'Paris de nuit', cabaret y circo gourmet / Sin telones)

La escenografía es muy diciente. Una casa de dos plantas. En la primera están los pobres hacinados, durmiendo de cualquier manera, entre la basura. En la segunda, los acomodados dueños del inquilinato que sacan provecho de los pobres de varias maneras. Una prosperidad falsa sobre una base de basura.

La puesta en escena es delirante y por momentos surrealista, como sus protagonistas: una pareja gay conformada por un joven drogadicto y un señor mayor que usa peluquín, una prostituta que se descuelga del techo por una seda acrobática o un apuesto ladrón que enamora a la esposa del dueño de la casa y a su hermana, que canta con una voz angelical durante varios momentos de la pieza. Y al final una pregunta escrita en un telón que descuelga como en una manifestación: ¿qué es el ser humano?

ALBERTO SANABRIA
Crítico de teatro
sintelones@hotmail.com